¿Qué hago cuando mi hijo empieza a revolear cosas?
Primero, respirá. No es fácil, lo sé. Cuando mi hijo entra en ese estado, lo primero que aprendí es que no hay pelea que ganar. No le hablés fuerte, no le exijas que se calme. Bajá el volumen de tu voz, ponete a su altura física y decile algo como ‘estoy acá, no estás solo’. Si revolea, alejá objetos peligrosos sin hacer escándalo. No es rendirse, es contener.
¿Debo sujetarlo si intenta pegar?
Solo si hay riesgo de que se lastime o lastime a otro. Sujetar no es inmovilizar con bronca. Es un abrazo firme desde atrás, sin apretar, diciéndole ‘te tengo, no te voy a soltar’. Si podés, sentate en el piso con él en tu regazo. El contacto físico seguro lo ayuda a volver. Pero ojo: si vos estás explotando de furia, no lo toques. Primero regulá vos.
¿Y si estoy solo y no doy más?
Ahí está el truco más difícil: soltar la culpa. Si estás solo, priorizá la seguridad. Si tu hijo está en un lugar sin riesgo, a veces lo mejor es salir dos metros, cerrar la puerta y contar hasta diez. No es abandono, es supervivencia. Después volvés. Yo aprendí del Turco, un papá veterano que me mandaba audios a las tres de la mañana: ‘Vos ocupate, no te culpes’. Eso me salvó.
¿Cómo hablo con él después del episodio?
Cuando ya pasó la tormenta, no le hagas juicio. No le digas ‘lo que hiciste está mal’. En ese momento él ya lo sabe y se siente peor que vos. Mejor decile ‘¿querés que dibujemos lo que pasó?’ o ‘¿necesitás un abrazo?’. El diálogo llega después, cuando los dos están tranquilos. Y si no llega, no importa. Hoy alcanza con lo que pudiste.
¿Esto significa que mi hijo es violento?
No. El enojo explosivo en el TDAH no es violencia premeditada. Es una descarga del sistema nervioso que no encuentra otra salida. No estás criando un ‘chico problema’; estás criando a un pibe que necesita herramientas que todavía no tiene. Y vos tampoco las tenías hasta ahora. No estás roto, y tu hijo tampoco.
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**No estás solo**
Cada vez que agarro un mate en el patio y veo los dibujos de mi hijo en la heladera, me acuerdo de las noches en que pensé que no iba a poder. El aumento de diagnósticos de TDAH y de medicación en chicos, del que habla Tiempo Argentino, no es una moda: es una señal de que muchas familias están pidiendo ayuda a gritos. Pero la ayuda no es solo un fármaco. Es entender que el pibe se abraza, no se corrige todo el tiempo. Es saber que la culpa del papá y de la mamá también necesita lugar. Y que pedir ayuda no es fallar. Así que respirá, papá, mamá: esto se transita. Y si hoy solo pudiste contenerlo sin explotar vos, alcanza.
