Por Ana Belén Rossi, psicopedagoga
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Me acuerdo de Tomás como si fuera ayer. Ocho años, diagnóstico de TDAH, y la madre llegó al consultorio con los ojos hinchados de llorar. “No puedo más”, me dijo. “El viaje a la costa fue un infierno. A los veinte minutos ya estaba gritando, pateando el asiento de adelante, mi marido me miraba como si yo tuviera la culpa… Llegamos y le prometí que no íbamos a volver a subirnos a un auto nunca más”.
Yo la escuché, y lo primero que pensé fue: ¿y si el problema no es el chico? ¿Y si el problema es que nadie le explicó al pibe qué iba a pasar, ni le dio herramientas para bancarse tres horas de viaje?
Porque mirá, conozco a Tomás. No es un chico vago, ni malcriado, ni “difícil porque quiere”. Es un pibe que cuando se aburre, se angustia. Y cuando se angustia, explota. Y cuando explota, todos lo miran como si el problema fuera él.
Bajemos un cambio y vamos por partes.
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La pregunta que todos se hacen
¿Cómo hago para que mi hijo con TDAH o autismo no sufra (y no nos haga sufrir) durante un viaje en auto o avión?
Te respondo sin vueltas: no existe la fórmula mágica. Pero existe algo mejor: la preparación. Y acá viene la advertencia que no viene en los folletos: lo que funciona para un pibe, puede no funcionar para otro. No hay receta única. Hay ensayo, error, y mucha observación.
Lo que sí sé, después de años de acompañar familias, es que el 90% de las crisis en viajes se pueden evitar si hacés tres cosas: anticipás, regulás el entorno, y llevás las herramientas justas.
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5 pasos para armar tu kit de supervivencia sensorial y entretenimiento
1. Anticipación visual: el tablerito que lo cambia todo
Antes de subir al auto o al avión, sentate con tu hijo y mostrale qué va a pasar. No le digas “nos vamos de viaje” y listo. Hacé un tablero visual con dibujos o fotos: salir de casa, subir al auto, el camino, parar a comer, llegar al destino. Poné tiempos aproximados (no exactos, porque si llegás antes o después, se desregula).
Una cosa a la vez, que alcanza. Si el pibe sabe lo que viene, su cerebro no tiene que estar en alerta constante. Y eso baja la ansiedad.
2. Kit sensorial: los objetos que regulan
Acá va mi lista de cabecera, la que armo con las familias en el consultorio:
- Auriculares con cancelación de sonido: para el avión, clave. El ruido del motor, los anuncios, los llantos de otros chicos… todo eso puede ser una sobrecarga sensorial enorme.
- Manta pesada o chaleco con peso: si viajan en auto, una mantita de unos 2-3 kilos sobre las piernas del chico puede ayudar a regular el sistema nervioso. No es magia, es presión profunda.
- Objetos para morder: mordedores de silicona, chicles sin azúcar (si la edad lo permite), o un pañuelo de tela para morder. La boca es una zona sensorial muy potente.
- Pelotas antiestrés o masajeadores: algo que las manos puedan apretar, estirar, girar.
Dato orientativo: un kit básico con auriculares, manta pesada y mordedores puede costarte entre $15.000 y $40.000 ARS, dependiendo de las marcas. Pero podés armarlo con cosas que ya tenés en casa: una frazada común, un trapito de tela, una pelota de goma.
3. Entretenimiento que no sobreestimula
Acá hay un error común: llevar tablets con juegos llenos de colores, sonidos, luces. Para un chico con TDAH o autismo, eso puede ser una bomba. En lugar de calmarlo, lo acelera.
Lo que funciona mejor:
- Audiolibros o podcasts infantiles: historias narradas, sin pantalla. El cerebro se enfoca en la voz y la imaginación.
- Libros de actividades silenciosas: laberintos, buscar diferencias, unir puntos. Nada de plastilina ni pegamento.
- Juegos de palabras: “Veo veo”, “palabras encadenadas”, “adivinanzas”. Sin materiales, sin ruido, sin pantalla.
- Tablet con contenido regulado: si usás pantalla, que sea con auriculares, brillo bajo, y contenido tranquilo (documentales de naturaleza, música instrumental, cuentos narrados).
4. Paradas estratégicas (para viajes en auto)
Si el viaje es de más de dos horas, pará. No importa si llegás media hora más tarde. Pará cada 60-90 minutos, bajate, caminá cinco minutos, que el pibe corra un poco, respire aire fresco, tome agua.
No le pidas que “se aguante”. Su cuerpo no está hecho para estar quieto. Su cerebro necesita movimiento para regularse.
5. El plan B: qué hacer si la crisis llega
Por más que prepares todo, puede pasar. Y está bien. No fracasaste. La crisis no es tu culpa ni la del chico.
Si empieza:
- Bajá el volumen de todo: música, conversaciones, luces.
- Hablale en voz baja, frases cortas: “Estoy acá”, “Respirá conmigo”, “Vamos a parar un ratito”.
- Ofrecé presión: un abrazo firme, apretarle los hombros, ponerle la manta pesada.
- No le pidas que se calme: no puede. Su cerebro está en modo supervivencia. Acompañalo hasta que pase.
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Preguntas de la gente
¿A partir de qué edad puedo empezar a preparar el viaje con anticipación visual?
Desde que el chico entiende imágenes, alrededor de los 2-3 años. Cuanto antes empieces, más natural va a ser para él. No importa si parece que no entiende: el cerebro registra.
Mi hijo solo se calma con la tablet. ¿Se la saco o se la dejo?
No se la saques de golpe. Usala como herramienta, no como enemiga. Poné contenido tranquilo, usá auriculares, y establecé un límite de tiempo claro antes de empezar: ‘Vamos a ver un capítulo de Pepa Pig, y después la guardamos’. Una cosa a la vez.
¿Y si el viaje es en avión y el chico no tolera los auriculares?
Probá con tapones de espuma para los oídos (los de farmacia, que son suaves) o con auriculares de vincha que no presionan. También podés ponerle música suave en un parlante chico, a volumen bajo, cerca de él.
¿Los medicamentos para el TDAH ayudan durante el viaje?
Eso lo tiene que evaluar el médico que lo trata. No te automediques ni cambies dosis por un viaje. Consultá con el neurólogo o psiquiatra antes de salir. El TDAH lo diagnostica y trata un profesional; no sugieras diagnósticos ni tratamientos por tu cuenta.
Mi hijo tiene autismo y no habla. ¿Cómo sé lo que necesita durante el viaje?
Observá sus señales. Si se tapa los oídos, necesita silencio. Si se mece, necesita presión. Si se tira al piso, necesita una pausa. Llevá un cuaderno con pictogramas de necesidades básicas: agua, baño, hambre, frío, calor, cansancio. Mostrale las opciones y que señale.
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Una herramienta para hoy
La técnica del ‘termómetro de viaje’: antes de salir, dibujá un termómetro del 1 al 5. El 1 es ‘estoy bien’, el 5 es ‘estoy al borde del estallido’. Cada 20 minutos, preguntale a tu hijo (con palabras o con señas) en qué número está. Si llega al 3, parás, respirás, hacés un juego de manos, y volvés a empezar. No esperes al 5. Ahí ya es tarde.
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Este contenido es informativo y no reemplaza la consulta médica. No indiques dosis ni tratamientos. Ante cualquier duda o síntoma, la persona debe consultar a su médico o profesional de la salud. El TDAH lo diagnostica y trata un profesional (neurólogo, psiquiatra o psicólogo).
Fuente consultada: Primer Consenso Argentino sobre el manejo del TDAH en adultos, publicado en Revista Vertex (2024). Disponible en: https://revistavertex.com.ar/ojs/index.php/vertex/article/view/725
