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Cumpleaños infantiles: Guía de supervivencia para que tu hijo (y vos) no terminen colapsados por el ruido.

16/08/2026 · 8 min de lectura

Cumpleaños infantiles: Guía de supervivencia para que tu hijo (y vos) no terminen colapsados por el ruido.

Me acuerdo de Thiago, un nene de siete años que llegaba a mi consultorio con la etiqueta de ‘disperso’ y ‘movido’. La maestra decía que no paraba, que molestaba, que no rendía. La familia, agotada, ya no sabía qué hacer. Cuando lo empecé a ver, me di cuenta de que Thiago no era un chico ‘vago’; era un chico que se aburría, que se angustiaba y que nadie lo estaba acompañando como necesitaba. Le armamos un tablerito visual con su rutina de la tarde, con dibujitos de cada paso: mochila, merienda, tarea, juego libre. Le poníamos un fibrón de color para marcar lo que ya había hecho. La primera semana, la mamá me dijo que Thiago había terminado la tarea sin pelear. ¿La solución mágica? No. Fue una estrategia simple, aplicada con constancia, que le devolvió la calma a la casa. Eso es lo que yo defiendo: adaptar el entorno al chico, no al revés.

Y en esa línea, me llegó una noticia que me parece importante compartir, sobre todo para las familias que están arrancando este camino. Un estudio publicado en el Journal of Paediatrics and Child Health comparó los dos fármacos de referencia para el TDAH infantil: la dexanfetamina y el metilfenidato. La conclusión es clara: ambos mostraron la misma eficacia, pero con un impacto diferente en el peso corporal. O sea, los dos sirven para tratar los síntomas del TDAH, pero uno de los efectos secundarios que hay que vigilar, el peso, no se comporta igual en ambos.

Ahora, la pregunta que todos se hacen en el consultorio: ¿cuál es el mejor? Y acá va mi respuesta honesta, la que no viene en los folletos: no hay un ‘mejor’ universal. Hay un mejor para cada chico. Y eso se decide con el médico, con seguimiento, probando y ajustando. Lo que sí nos da este estudio es una herramienta más para la conversación. Si sabemos que el impacto en el peso es distinto, podemos preguntarle al pediatra o al neurólogo: ‘¿Cómo seguimos el peso de mi hijo con esta medicación?’. Esa pregunta, hecha a tiempo, puede evitar un montón de preocupaciones después.

Yo siempre digo: una cosa a la vez, que alcanza. Y acá la cosa es entender que la medicación es una pata de la mesa, no toda la mesa. La otra pata es la terapia, la otra es la escuela, y la otra es la casa. Si una falla, la mesa se tambalea. Por eso, cuando una familia me cuenta que arrancó con la medicación, yo les digo: ‘Bajemos un cambio y vamos por partes’. Primero, la información. Segundo, el acompañamiento profesional. Tercero, las estrategias cotidianas. Y recién ahí, a remar juntos.

¿Y si el problema no es el chico? A veces, el problema es que el aula no está pensada para un pibe que necesita moverse, o que la casa es un caos de estímulos. Antes de pedirle al chico que cambie, mirá qué podemos cambiar del entorno. Eso es lo que aprendí de la seño Marta, mi maestra de tercer grado, que guardaba fichas de los alumnos ‘difíciles’ y los veía brillantes. Ella decía: ‘El que no encaja en el molde, capaz que el molde está mal’. Y yo, cuando dudo, releo esas fichas y me pregunto qué habría visto ella.

Para las familias argentinas, esta información es clave. En un contexto donde el acceso a los medicamentos puede variar, conocer las diferencias entre opciones terapéuticas ayuda a tomar decisiones informadas junto al médico. No se trata de elegir una marca por encima de la otra, sino de saber qué preguntar y qué esperar. Y ojo, esto no es un permiso para automedicar ni para cambiar dosis por nuestra cuenta. El TDAH lo diagnostica y trata un profesional: neurólogo, psiquiatra o psicólogo. Nosotros, las familias y los docentes, somos parte del equipo, pero no los capitanes.

Ahora, ¿qué hacemos con esta información en el día a día? Acá van cinco pasos prácticos para llevar esta noticia a la mesa de la cocina, sin que se convierta en un dolor de cabeza:

1. Anotá las preguntas antes de la consulta

No vayas al médico con la cabeza llena de humo. Anotá en el celular o en un papel: ‘¿Cómo afecta esta medicación al apetito?’, ‘¿Cada cuánto controlamos el peso?’, ‘¿Qué hago si veo que baja mucho?’. Llevar las preguntas escritas te da seguridad y no te olvidás de nada.

2. Pesalo con la misma frecuencia que te indique el médico

Si el profesional te dice que lo pesen una vez al mes, hacelo. Si te dice que cada semana, hacelo. La constancia en el control es lo que permite ajustar a tiempo. No esperes a que sea un problema grande.

3. Observá los hábitos alimentarios, no solo el número

A veces el peso baja porque el chico come menos, pero otras veces come igual y el cuerpo reacciona distinto. Prestá atención a las comidas: ¿desayuna? ¿merienda? ¿Qué cantidad? Esa información es oro para el médico.

4. Hablá con la escuela

Si el chico está con medicación, la maestra tiene que saberlo (con la autorización correspondiente). No para etiquetarlo, sino para entender que puede tener variaciones en el apetito o en la energía. Una maestra informada es una aliada, no una juez.

5. No compares con el nene del vecino

Cada chico es un mundo. Lo que le funcionó a un compañerito puede no funcionarle a tu hijo. La medicación se ajusta de forma individual. Comparar solo genera ansiedad y confusión.

Y ahora, las preguntas que me hacen siempre las familias, con sus respuestas:

¿Mi hijo va a subir o bajar de peso con la medicación?

Depende del fármaco y del chico. El estudio que te mencioné muestra que el impacto en el peso es distinto entre la dexanfetamina y el metilfenidato. Pero no hay una regla fija. Lo importante es que el médico controle el peso periódicamente y ajuste el tratamiento si hace falta.

¿Si mi hijo come poco, tengo que darle más calorías?

No te vuelvas loca con eso. Ofrecé comidas nutritivas y frecuentes, en porciones chicas. A veces, cinco comidas livianas funcionan mejor que tres grandes. Y consultá siempre con el médico o un nutricionista si te preocupa la alimentación.

¿La medicación es para siempre?

No necesariamente. El tratamiento del TDAH se revisa periódicamente. Muchos chicos la toman durante un tiempo y luego, con el acompañamiento terapéutico y las estrategias adecuadas, pueden reducirla o dejarla. Es un proceso, no una sentencia.

¿Puedo darle la medicación solo los días de escuela?

Esa es una decisión que toma el médico, no nosotros. Nunca modifiques las dosis ni los horarios por tu cuenta. Si tenés dudas, consultá con el profesional que lo trata.

¿Qué hago si veo que mi hijo está muy bajoneado o irritable?

Anotalo y comunicáselo al médico. Los cambios de ánimo pueden ser un efecto secundario. No lo dejes pasar, pero tampoco te asustes: muchas veces se ajusta la dosis o el horario y mejora. La comunicación con el equipo médico es clave.

¿La escuela puede obligar a mi hijo a medicarse?

No. La medicación es una decisión médica y familiar. La escuela no puede exigirla. Lo que sí puede hacer es sugerir una evaluación profesional si observa dificultades. Pero la decisión final es de la familia, junto al médico.

Mirá, yo sé que esto es un camino largo y a veces frustrante. Hay días que parece que no avanzamos. Pero acordate de lo que te dije al principio: no hay chico vago; hay chico aburrido, angustiado o mal acompañado. Y nosotros, los adultos, somos los que podemos cambiar el entorno para que él pueda brillar.

Una herramienta para hoy

Esta semana, armá un ‘tablerito de la tarde’ con tu hijo. Necesitás una cartulina, fibrones de colores y cinta adhesiva. Dibujen juntos la rutina de después del cole: merienda, tarea, juego, baño, cena. Cada paso es una tarjeta. Cuando termine cada actividad, él mismo la tapa con un papelito de color. Es visual, es concreto y le da una sensación de logro que no te podés imaginar. No hace falta que sea perfecto. Hacelo simple. Y si un día no funciona, lo ajustamos. Una cosa a la vez, que alcanza.

Nota: Este contenido es informativo y no reemplaza la consulta médica. No indiques dosis ni tratamientos por tu cuenta. Ante cualquier duda o síntoma, consultá a tu médico o profesional de la salud. El TDAH lo diagnostica y trata un profesional (neurólogo, psiquiatra o psicólogo).

Ana Belén Rossi
Escrito por Ana Belén Rossi

Trabajo hace años acompañando a chicos con TDAH en la escuela y en casa. Comparto estrategias concretas para aplicar hoy. Voz editorial de TDAH Familias, con asistencia de IA. Contenido informativo, no reemplaza la consulta profesional.

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