Por Ana Belén Rossi, psicopedagoga especializada en TDAH
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Me acuerdo de Tomás. Ocho años, mirada inquieta, mochila siempre abierta. La seño decía que “no se quedaba quieto ni para respirar”. La mamá llegó a mi consultorio con los hombros caídos: “Ya no sé si es que no quiere o no puede”. Le pedí que me contara cómo era el momento de la tarea. “Un infierno”, me dijo. “Le digo ‘sentate’, se sienta. Le digo ‘abrí el cuaderno’, lo abre. Pero a los dos minutos está mirando la ventana, mordiendo el lápiz, preguntándome si falta mucho”.
Bajamos un cambio y fuimos por partes. Le sugerí que pusiera un timer de cocina con forma de tomate —quince minutos de tarea, cinco de descanso— y que le dijera una sola instrucción por vez, no tres juntas. La primera semana, Tomás terminó dos ejercicios. La tercera, cinco. La mamá me escribió un mensaje de voz: “No sabés lo que es escucharlo decir ‘mami, lo logré'”. No, no era vago. Era un pibe que necesitaba que el entorno se adaptara a él, no al revés.
Esa historia me vuelve a la cabeza cada vez que leo una noticia como la de esta semana. Porque cuando un tratamiento se interrumpe, no es solo un problema de stock: es una familia que vuelve a preguntarse “¿y ahora qué hacemos?”.
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La noticia: España se queda sin atomoxetina
La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps) emitió una alerta por problemas de disponibilidad de Atomoxetina Tarbis 40 mg, un fármaco indicado para el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Según informó Redacción Médica el 7 de diciembre, el desabastecimiento se extendería durante al menos un mes.
¿Y a nosotros qué nos importa? Mucho. Argentina importa una parte importante de principios activos desde España. Cuando allá falta un medicamento, acá suele sentirse el eco. La atomoxetina no es un estimulante como el metilfenidato (Ritalin, Concerta), sino un inhibidor selectivo de la recaptación de noradrenalina. Se usa cuando los psicoestimulantes no funcionan, generan efectos adversos o están contraindicados. No es menor: para muchos pacientes, es la opción que les permite funcionar.
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La pregunta que todos se hacen: ¿va a faltar en Argentina?
No tengo una bola de cristal, pero sí experiencia leyendo estas señales. Cuando un organismo como la Aemps emite una alerta, las farmacéuticas suelen reasignar stock. Eso puede significar que los lotes que iban a llegar a Latinoamérica se desvíen a cubrir la demanda europea. No es una certeza, pero es un riesgo real.
Lo que sí sé es que los pacientes argentinos que toman atomoxetina deberían hablar con su médico antes de que falte, no cuando ya no consigan la medicación. Pregunten si hay alternativas, si pueden ajustar dosis, si conviene hacer un cambio programado. Lo peor que puede pasar es que un chico o un adulto deje el tratamiento de golpe porque no encontró el fármaco en la farmacia.
Y acá va mi advertencia honesta, la que no viene en los folletos: no improvisen. La atomoxetina no se suspende de un día para el otro sin supervisión. Puede generar efectos de rebote, ansiedad, irritabilidad. Si ven que se acerca el desabastecimiento, actúen con tiempo. Una cosa a la vez, que alcanza.
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¿Y si el problema no es el chico?
Cuando leo estas noticias, siempre pienso en lo mismo. El TDAH se trata con medicación cuando es necesario, sí. Pero también se trata con estrategias. Y ahí es donde entramos los que estamos del lado de la escuela y la casa.
Si mañana no hubiera más atomoxetina en Argentina —ojalá que no—, igual tendríamos herramientas. No son un reemplazo, son un complemento. Y a veces, lo que falta no es el fármaco, sino el acompañamiento.
Cinco estrategias concretas para aplicar esta semana:
- Instrucciones de a una. No digas “andá a la pieza, lavate los dientes, ponete el pijama y elegí un cuento”. Decí una cosa por vez. Esperá a que la haga. Después la siguiente. Parece lento, pero es más rápido que repetir veinte veces.
- El timer visual. Usá un reloj de arena, un temporizador de cocina o una app que muestre el tiempo pasando. Los chicos con TDAH no tienen noción del “ya voy”. Necesitan verlo.
- El espacio sin ruido. Para la tarea, nada de tele de fondo, nada de hermanos jugando al lado. Un escritorio despejado, solo lo necesario. El entorno es el primer organizador de la atención.
- La pausa activa. Cada veinte minutos, que se pare, que salte, que tome agua. No es pérdida de tiempo. Es recargar la batería atencional.
- El refuerzo inmediato. No le digas “si terminás todo, el fin de semana te compro algo”. Decile “cuando termines este ejercicio, tenés diez minutos de lo que quieras”. El premio tiene que ser ahora, no en tres días.
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Preguntas que me hacen siempre
¿La atomoxetina es lo mismo que el Ritalin?
No. El metilfenidato (Ritalin, Concerta) es un estimulante. La atomoxetina es un inhibidor de la recaptación de noradrenalina. Se usan para cosas distintas y tienen perfiles de efectos adversos diferentes. No los mezcles ni los cambies sin indicación médica.
Mi hijo toma atomoxetina y no encuentro en ninguna farmacia. ¿Qué hago?
Primero, llamá a tu médico. No suspendas la medicación por tu cuenta. Preguntá si hay presentaciones alternativas del mismo principio activo, o si es momento de evaluar un cambio. También podés consultar en farmacias de otras zonas o pedirle a tu obra social que gestione el stock.
¿El TDAH se cura solo con medicación?
No. La medicación es una herramienta, no la solución única. El abordaje integral incluye estrategias pedagógicas, apoyo psicológico, ajustes en el entorno escolar y familiar. Un chico medicado pero sin acompañamiento sigue en riesgo de fracaso escolar y baja autoestima.
¿A los adultos también les puede faltar la atomoxetina?
Sí. El TDAH no desaparece en la adultez. Muchos adultos lo toman y también se verían afectados por un desabastecimiento. La misma recomendación: hablen con su psiquiatra antes de que falte.
¿Hay alternativas naturales a la atomoxetina?
No hay suplementos ni hierbas que reemplacen un fármaco recetado para el TDAH. Lo que sí podés hacer es trabajar en paralelo con hábitos de sueño, alimentación equilibrada, actividad física y organización del entorno. Eso ayuda, pero no reemplaza el tratamiento indicado por un profesional.
¿Cómo sé si mi hijo realmente tiene TDAH o es solo inquieto?
Eso lo determina un profesional de la salud (neurólogo, psiquiatra o psicólogo especializado) después de una evaluación completa. No te guíes solo por lo que leés en internet ni por lo que dice la seño. Si tenés dudas, consultá. Pero no etiquetes sin diagnóstico.
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Una herramienta para hoy
Esta semana, probá la regla del “antes de pedir, prepará”. Antes de decirle a tu hijo o alumno “hacé la tarea”, asegurate de que el escritorio esté despejado, el lápiz afilado, el cuaderno abierto en la página correcta y el timer listo. No le pidas que organice lo que vos podés organizar. El entorno preparado es la mitad del camino hecho.
Y si la noticia del desabastecimiento te preocupa, hacé una cosa: llamá a tu médico esta semana. No esperes a que falte. Una llamada a tiempo puede ahorrarte un mes de angustia.
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Este contenido es informativo y no reemplaza la consulta médica. No indiques dosis ni tratamientos por tu cuenta. Ante cualquier duda o síntoma, consultá a tu médico o profesional de la salud. El TDAH lo diagnostica y trata un neurólogo, psiquiatra o psicólogo especializado.
