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El drama de ir a dormir: 5 ajustes en la rutina nocturna que de verdad funcionan en chicos con TDAH.

09/08/2026 · 13 min de lectura

El drama de ir a dormir: 5 ajustes en la rutina nocturna que de verdad funcionan en chicos con TDAH.

Mi historia con Mateo y el molde que no entraba

Todavía me acuerdo del día que la mamá de Mateo llegó a mi consultorio con los ojos colorados de llorar. Mateo tenía siete años, una sonrisa que le ocupaba toda la cara y un diagnóstico de TDAH que pesaba más que su mochila llena de cuadernos. La escuela privada donde iba, una de esas de prestigio en Córdoba capital, le había pedido a la familia que “se lo llevaran un tiempito” porque “no podía estar quieto en clase”. No lo echaban, no, qué horror. Solo le sugerían “una escuelita más adecuada para sus necesidades”.

Yo escuché esa frase tantas veces que ya me sale un sarpullido cuando la oigo. “Una escuelita más adecuada” es el eufemismo perfecto para decir “su hijo nos molesta y no queremos adaptarnos”.

Mateo no era un nene violento ni agresivo. Era un pibe que necesitaba moverse, que terminaba las tareas en la mitad del tiempo que sus compañeros y después se aburría, y que cuando se aburría, empezaba a tocar todo, a hablar, a cantar bajito. Nada grave. Nada que una maestra con voluntad y algunas estrategias no pudiera manejar. Pero la escuela no estaba dispuesta a mover un dedo.

Trabajamos durante meses con la familia. Le armamos a Mateo un tablerito visual con su rutina de la mañana, con dibujitos que yo misma le pintaba con mis fibrones de colores. Le pusimos en el escritorio una pelotita antiestrés para que la apretara mientras hacía la tarea. Le enseñamos a la mamá a dividir las consignas en pasos chiquitos, uno a la vez, como me enseñó la seño Marta: “Una cosa a la vez, que alcanza”.

Y funcionó. Mateo empezó a llegar al colegio con otra cara. Pero el problema no era Mateo. El problema era un sistema que prefiere etiquetar antes que entender.

Por eso, cuando leí la noticia del fallo en Salta, sentí que algo se destrababa. Que alguien, desde un juzgado, había dicho lo que muchas familias vienen gritando hace años: la inclusión no es un favor, es un derecho.

La noticia: qué pasó exactamente

La justicia de Salta ordenó a un colegio privado admitir a un niño con TDAH. El fallo, que marca precedente en la provincia, obliga a la institución a recibir al alumno y pone sobre la mesa un tema que durante muchísimo tiempo se mantuvo en las sombras: la discriminación escolar encubierta.

Según publicó Cadena 3 en su sitio web (https://www.cadena3.com/noticia/novedades/la-justicia-de-salta-ordeno-a-un-colegio-privado-a-admitir-a-un-nino-con-tdah_403013), la decisión judicial destaca la necesidad de abordar la inclusión educativa en la provincia y refleja la preocupación de las familias afectadas por este tipo de situaciones.

No tengo acceso a los detalles completos del expediente, así que no voy a inventar nombres ni circunstancias que no conozco. Lo que sí puedo decirte, desde mi experiencia como psicopedagoga, es que este tipo de fallos son fundamentales porque establecen un precedente: los colegios privados no pueden hacer lo que quieran con los chicos que no se ajustan a su “molde”.

Y acá va mi opinión, la que algunos podrían discutir: la educación privada en Argentina se maneja con una lógica comercial que muchas veces choca con los derechos de los chicos. Un colegio privado cobra una cuota, sí, pero eso no lo exime de cumplir con la normativa de inclusión. No es un privilegio que el colegio “concede” a las familias. Es una obligación.

La pregunta que todos se hacen

¿Este fallo sirve para otras provincias?

La respuesta corta es sí. La respuesta larga es más compleja.

En Argentina, la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad tiene rango constitucional desde 2014. Eso significa que la educación inclusiva no es una opción ni una buena voluntad: es un derecho humano. Y cuando un derecho está en juego, cualquier familia puede recurrir a la justicia para hacerlo valer, sin importar en qué provincia viva.

Pero también te soy honesta: no todos los casos llegan a la justicia. La mayoría de las familias no tiene los recursos, el tiempo o la energía para iniciar un proceso judicial. Muchas veces, cuando una escuela le dice a una mamá “su hijo no es para este colegio”, esa mamá se va con la cola entre las piernas, convencida de que el problema es su hijo.

Y no, mirá, el problema no es el chico. El problema es un sistema que sigue pensando que todos los pibes aprenden de la misma manera, al mismo ritmo, sentados en la misma silla, mirando el mismo pizarrón.

El drama de ir a dormir: 5 ajustes en la rutina nocturna que de verdad funcionan en chicos con TDAH

Ahora, bajemos un cambio y vamos por partes. Porque si hay algo que las familias con chicos con TDAH conocen de sobra, es la batalla nocturna.

Ese momento en que el día tendría que terminar y empieza la guerra: “No tengo sueño”, “Un ratito más”, “Me da sed”, “Tengo miedo”, “¿Y mañana qué vamos a hacer?”. El chico con TDAH no está siendo “malo” ni “caprichoso”. Su cerebro no produce la melatonina al mismo ritmo que el de otros chicos, y la transición entre la actividad y el descanso le resulta muchísimo más difícil.

Te voy a dar cinco ajustes concretos, de esos que yo aplico con las familias que acompañó, y que tienen base en cómo funciona el cerebro de un pibe con TDAH.

1. La luz: el interruptor que nadie mira

El cerebro del chico con TDAH es especialmente sensible a la luz. La luz azul de las pantallas (tablet, tele, celu) le dice al cerebro “seguí despierto, seguí activo”. Por eso, dos horas antes de dormir, la consigna es clara: pantallas afuera.

Pero no te quedes solo con eso. Fijate la luz de la casa. Si a las nueve de la noche tenés las luces blancas y fuertes del living encendidas, el cerebro del pibe no va a entender que se acerca la hora de dormir. Cambiá a luces cálidas, tenues. En mi casa, con los chicos que acompaño, les sugiero a las familias poner una lamparita de luz amarilla en el cuarto del nene y usarla siempre en la rutina nocturna. El cerebro asocia esa luz con “modo descanso”.

2. La rutina visual: el tablerito que lo cambia todo

Los chicos con TDAH viven en el presente. El “después” no existe para ellos. Por eso, la rutina de la noche tiene que estar visualizada, con dibujitos o fotos, pegada en la pared del cuarto.

Los pasos, siempre los mismos, en el mismo orden: pijama, dientes, pis, cuento, luz apagada. Cada paso tiene su dibujito. El chico va marcando con una tapita o un imán lo que ya hizo. Parece una pavada, pero te juro que funciona. Le da estructura, le da previsibilidad, le saca la ansiedad de “¿y ahora qué viene?”.

Yo armé tableritos visuales para decenas de familias. Los hago con cartulina, velcro y mis fibrones de colores. No hace falta que sea una obra de arte. Tiene que ser claro y tiene que estar siempre en el mismo lugar.

3. El cuerpo: gastar la energía que sobra

Un chico con TDAH que estuvo todo el día sentado en el colegio, conteniéndose, tratando de “portarse bien”, llega a la noche con una mochila de energía acumulada que no sabe cómo soltar. Si lo mandás directo a la cama, esa energía va a explotar en forma de vueltas, preguntas, ruidos, cualquier cosa menos dormir.

La solución no es que haga ejercicio intenso antes de acostarse (eso lo activa más). Es una actividad física moderada, tipo 20 minutos de juego tranquilo: una caminata por la cuadra, estiramientos, yoga para chicos, o simplemente jugar a “estatuas” en el living. El objetivo es que el cuerpo se canse un poquito, pero sin que el cerebro se excite.

4. El sonido: el ruido blanco que calma

Muchos chicos con TDAH tienen dificultades para filtrar los sonidos del ambiente. El perro que ladra a lo lejos, el auto que pasa, el vecino que sube las escaleras: todo les llega con la misma intensidad. Por eso, el silencio absoluto puede ser tan molesto como el ruido.

Una máquina de ruido blanco, o una app que reproduzca sonidos de lluvia o de olas, puede hacer maravillas. Le da al cerebro un sonido constante y predecible que tapa los ruidos aleatorios. No es una solución mágica, pero ayuda muchísimo.

5. La conexión: cinco minutos de presencia total

Este es el ajuste que más cuesta y el que más resultados da. Antes de apagar la luz, cinco minutos de presencia total con el chico. Sin celu, sin tele, sin apuro. Sentate al borde de la cama, miralo a los ojos, preguntale cómo le fue en el día. Escuchalo de verdad.

Los chicos con TDAH reciben muchísimos mensajes negativos durante el día: “dejá de moverte”, “prestá atención”, “callate”, “¿por qué no podés ser como tu hermano?”. Esos cinco minutos de conexión genuina, donde no hay retos ni correcciones, donde solo hay presencia, le dicen al cerebro del chico: “acá estás seguro, acá te quieren, acá podés descansar”.

Preguntas de la gente

¿A qué hora tiene que acostarse un chico con TDAH?

No hay una hora universal, pero sí una recomendación: la constancia importa más que la hora exacta. Si tu hijo se duerme a las 21:30, que sea siempre a las 21:30, incluso los fines de semana. El cerebro con TDAH necesita rutinas predecibles para regularse. Si cambiás los horarios constantemente, el sistema de alerta del chico no se apaga nunca.

¿La melatonina sirve para los chicos con TDAH?

La melatonina es una hormona que regula el sueño, y en algunos casos los profesionales la indican para chicos con TDAH que tienen dificultades para conciliar el sueño. Pero ojo: no es un medicamento de venta libre ni algo que se decida por cuenta propia. Solo un médico (pediatra, neurólogo o psiquiatra infantil) puede indicarla, con la dosis adecuada para cada chico. No te automediques ni le des melatonina a tu hijo porque lo leíste en internet. Consultá siempre con un profesional.

Mi hijo se despierta varias veces en la noche, ¿qué hago?

Primero, descartá causas médicas con el pediatra (apnea, alergias, problemas respiratorios). Después, revisá la higiene del sueño: ¿hay ruidos que lo despiertan? ¿La habitación está a una temperatura adecuada? ¿Está usando pantallas antes de dormir? A veces, los despertares nocturnos están relacionados con la ansiedad: el chico se despierta, no sabe qué hora es, se asusta. Una lamparita de luz cálida que quede encendida toda la noche puede darle seguridad.

¿Es normal que mi hijo con TDAH necesite menos horas de sueño que otros chicos?

Algunos chicos con TDAH efectivamente duermen menos horas que el promedio, pero eso no significa que sea saludable. El sueño es fundamental para la regulación emocional y la atención. Si tu hijo duerme poco y está irritable, disperso o hiperactivo durante el día, el problema puede ser justamente la falta de sueño. Consultá con un profesional para evaluar si hay algún trastorno del sueño asociado.

¿La medicación para el TDAH afecta el sueño?

Algunos medicamentos estimulantes usados para tratar el TDAH pueden afectar el sueño, especialmente si se toman tarde en el día. Pero esto es muy variable: algunos chicos duermen mejor con medicación porque están más tranquilos durante el día. Cualquier duda sobre la medicación y sus efectos tiene que hablarse con el médico que la indicó. Nunca ajustes ni suspendas la medicación por tu cuenta.

Mi hija no quiere dormir sola, ¿es por el TDAH?

Los chicos con TDAH suelen tener más ansiedad a la hora de dormir, y eso puede manifestarse como miedo a la oscuridad, a los monstruos o a quedarse solos. Es importante no minimizar ese miedo (“no pasa nada, sos grande”) pero tampoco alimentarlo. Una estrategia que funciona: dejar una linterna a mano, un muñeco “protector” y hacer un ritual de despedida cortito y consistente. Si el problema persiste, consultá con un profesional.

Una herramienta para hoy

Te voy a dejar una técnica concreta, de esas que podés aplicar esta misma semana, sin comprar nada, sin esperar turno médico.

Se llama “la escalera del sueño”. En una cartulina, dibujá una escalera con cinco escalones. En cada escalón, escribí o dibujá un paso de la rutina nocturna: 1) pijama, 2) dientes, 3) pis, 4) cuento, 5) luz apagada. Pegala en la pared del cuarto, a la altura de los ojos del chico.

Cada vez que complete un paso, el chico pega una estrellita o una calcomanía en ese escalón. Cuando llega al último escalón, la luz se apaga y listo. No hay negociación posible: la escalera manda, no la mamá ni el papá.

¿Por qué funciona? Porque le saca el conflicto de la relación. No es “tu mamá te manda a dormir”, es “la escalera dice que toca dormir”. El chico con TDAH necesita reglas claras y externas, no porque sea “malo”, sino porque su cerebro funciona así.

Y si una noche la escalera no funciona, no pasa nada. Bajemos un cambio y vamos por partes. Mañana se intenta de nuevo. Porque de eso se trata, ¿no? De intentar, de ajustar, de acompañar. De entender que el molde no está mal porque el chico no entra: el molde está mal porque está mal hecho.

Como decía la seño Marta, que en paz descanse: “El que no encaja en el molde, capaz que el molde está mal”. Y a veces, lo único que hace falta es agarrar la cartulina, los fibrones de colores y animarse a dibujar un molde nuevo.

Este contenido es informativo y no reemplaza la consulta médica. El TDAH lo diagnostica y trata un profesional de la salud (neurólogo, psiquiatra o psicólogo). Ante cualquier duda o síntoma, consultá con tu médico.

Ana Belén Rossi
Escrito por Ana Belén Rossi

Trabajo hace años acompañando a chicos con TDAH en la escuela y en casa. Comparto estrategias concretas para aplicar hoy. Voz editorial de TDAH Familias, con asistencia de IA. Contenido informativo, no reemplaza la consulta profesional.

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