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Tics nerviosos o stimming: Cuándo dejarlos fluir tranquilo y cuándo es momento de consultar al especialista.

17/08/2026 · 13 min de lectura

Tics nerviosos o stimming: Cuándo dejarlos fluir tranquilo y cuándo es momento de consultar al especialista.

Una noticia que me llegó al corazón (y a la cocina, donde tomo mates)

Mirá, te voy a ser honesto: cuando leí la noticia de Europa Press sobre La Rioja actualizando su Protocolo de Coordinación del TDAH entre Salud, Educación y Servicios Sociales, me agarró justo en un momento de esos. Estaba en el patio, con el mate amargo, mirando los dibujos que mi hijo había pegado en la heladera con imanes de colores. Uno era un dinosaurio con alas. Otro, una nave espacial que parecía un colectivo.

Y pensé: ¿cuántas veces me senté en reuniones de escuela sintiendo que hablaba otro idioma? ¿Cuántas veces salí del pediatra con más dudas que respuestas? ¿Cuántas veces sentí que yo, mi mujer y la maestra tirábamos cada uno para nuestro lado, como en ese juego de la cuerda que odiaba en la primaria?

La noticia es simple y concreta: la consejera de Salud y Políticas Sociales de La Rioja, María Martín, presentó el 5 de mayo la actualización del Protocolo de Coordinación del TDAH, después de una reunión de trabajo con los sectores implicados. Salud, Educación y Servicios Sociales, sentados en la misma mesa. Parece poco, pero no es poco. Es enorme.

Te cuento por qué, desde mi trinchera de papá marplatense que aprendió a los tropezones.

El clic que me cambió la forma de mirar a mi hijo

Mi hijo tiene TDAH. El diagnóstico llegó tarde, como llega casi siempre, después de años de escuchar que era “un nene inquieto”, “que no presta atención”, “que podría dar más si se esforzara”. Esa frase, “podría dar más”, me persiguió durante mucho tiempo. Me la repetía yo mismo, en la ducha, mientras me preguntaba qué estaba haciendo mal.

El clic no vino de un médico ni de un libro. Vino del Turco, un papá veterano que conocí en un grupo de padres a las tres de la mañana, cuando yo estaba hundido y mandaba audios de WhatsApp con la voz quebrada. El Turco me contestó con una paciencia que no merecía y me tiró el primer salvavidas: “Vos ocupate, no te culpes.”.

Esa frase me acompañó desde entonces. La repito cuando mi hijo se tira al piso del supermercado porque el ruido de las luces lo desborda. La repito cuando la maestra me llama para decirme que “hoy no se pudo sentar ni cinco minutos”. La repito cuando yo mismo me siento un fracaso como padre.

Porque eso es lo que nadie te cuenta del TDAH: la culpa. La culpa del papá, de la mamá, de los abuelos que opinan sin saber. La culpa que te carcome cuando pensás que si hubieras hecho las cosas distintas, tu hijo no tendría que sufrir. Y la verdad, la que aprendí con los años, es que el diagnóstico no rompe al chico. A veces, lo explica.

La pregunta que todos se hacen: ¿cuándo dejar que los tics y el stimming fluyan?

Ahora vamos a lo que me preguntan todos los días en el grupo de padres, en la puerta de la escuela, en el consultorio del neurólogo, en los comentarios del blog. La pregunta que me hicieron mil veces y que yo también me hice cuando mi hijo empezó con sus manitos que no paraban.

¿Cuándo dejamos que el pibe se mueva, se retuerza, se balancee, aletee, salte, se toque el pelo, se muerda las uñas, haga esos movimientos repetitivos que a veces nos ponen nerviosos? ¿Y cuándo es momento de preocuparnos y consultar?

Primero, una distinción que me costó entender y que ahora repito como un mantra: no es lo mismo un tic que un stimming. No son sinónimos, aunque a veces se mezclan y confunden.

Los tics son movimientos o sonidos repentinos, rápidos, repetitivos, involuntarios. Aparecen y desaparecen. Pueden ser simples, como parpadear, o complejos, como saltar o repetir palabras. Son como un estornudo del cuerpo: viene, hace ruido, y se va. A veces el chico los siente venir, a veces no.

El stimming (de self-stimulatory behavior, comportamiento autoestimulante) es otra cosa. Es una conducta repetitiva que la persona hace para regularse. Le sirve para calmarse, para concentrarse, para expresar una emoción que no puede poner en palabras, para filtrar el exceso de estímulos del mundo. Un nene que se balancea mientras hace la tarea, que aletea cuando está contento, que se mece cuando está abrumado: eso es stimming. No es un “capricho”. Es una herramienta.

Mi hijo, por ejemplo, tiene una rutina que me rompe el corazón y me llena de ternura a la vez: cuando está muy concentrado dibujando, mueve la pierna derecha como si estuviera pedaleando una bicicleta invisible. Al principio le decía que parara. Después entendí que esa pierna era su ancla. Cuando la mueve, su cabeza está en paz.

La guía práctica: 8 claves para transitar los tics y el stimming sin volverte loco

Te voy a dar mi guía, la que fui armando con el Turco, con los neurólogos, con las psicopedagogas, con las maestras que se animaron a escuchar, y sobre todo con mi hijo, que es mi mejor maestro. No es un manual. Es una caja de herramientas que fui llenando con prueba y error.

1. Observá antes de actuar

Antes de corregir, mirá. ¿Cuándo aparece el movimiento? ¿En qué contexto? ¿Qué estaba pasando justo antes? ¿Está contento, nervioso, abrumado, aburrido, concentrado? Llevá un registro mental, o mejor, un cuaderno. Anotá las situaciones. Ese registro es oro puro para el médico y para vos.

2. Preguntate: ¿le hace daño a él o a los demás?

Esta es la pregunta que me hago siempre. Si el movimiento no lastima a mi hijo ni a otros, si no interfiere con su aprendizaje ni con su vida social de forma significativa, lo dejo fluir. Si le está lastimando las manos, si se golpea la cabeza, si se muerde hasta sangrar, ahí sí, intervenimos. Pero ojo: intervenir no es retar. Es buscar alternativas.

3. No lo corrijas todo el tiempo

Te lo digo con el corazón en la mano: al pibe se lo abraza, no se lo corrige todo el tiempo. Si cada movimiento que hace es motivo de reto, va a terminar escondiéndose para hacerlo, o peor, va a sentir que está mal ser quien es. Elegí tus batallas. No todas merecen una guerra.

4. Ofrecé alternativas, no prohibiciones

Si tu hijo se muerde las uñas hasta lastimarse, no le digas “no te muerdas”. Dale algo para morder: un mordedor, un chicle sin azúcar, una fruta crocante. Si se balancea en la silla y se cae, ofrecele una silla con apoyapiés o una pelota de estabilidad. La idea no es frenar la necesidad de moverse, sino canalizarla hacia algo seguro.

5. Creá un rincón de regulación en casa

Esto me lo enseñó una psicopedagoga que entendía el tema. Armamos en un rincón del living una alfombra, unos almohadones, una manta pesada, auriculares con cancelación de ruido, y algunos objetos sensoriales: una pelota antiestrés, un cubo con texturas, un tubo de burbujas. Cuando mi hijo se siente desbordado, va solo a ese rincón. No es un castigo. Es un refugio.

6. Hablá con la escuela

La escuela puede ser el mejor aliado o el peor enemigo. Depende de la apertura de los docentes y de cómo vos plantees la conversación. No vayas a pelear. Andá a explicar. Llevá el diagnóstico, llevá tus observaciones, llevá propuestas concretas. Y si la escuela no te escucha, buscá otra. Sí, sé que no siempre es fácil, pero el derecho de tu hijo a aprender en un ambiente que lo contenga no es negociable.

7. Consultá al especialista cuando haya señales de alerta

¿Cuándo es momento de consultar? Te doy las señales que yo aprendí a reconocer:

  • Si los tics o los movimientos interfieren significativamente con su vida diaria: no puede comer, no puede dormir, no puede ir a la escuela.
  • Si se lastima a sí mismo o a otros.
  • Si los movimientos son nuevos, aparecen de golpe, o cambian de forma abrupta.
  • Si van acompañados de otros síntomas: cambios en el sueño, en el apetito, en el ánimo, en el rendimiento escolar.
  • Si tu instinto de padre o madre te dice que algo no cierra. Ese instinto existe. Escuchalo.

El TDAH lo diagnostica y trata un profesional. Yo comparto experiencia, no indicaciones médicas. Pero te digo una cosa: consultar no es fallar. Es ocuparte. Es lo que nos enseñó el Turco.

8. Cuidate vos también

Esto es lo que nadie te dice y lo que más necesitás escuchar: si vos estás agotado, no podés contener a nadie. Los papás y las mamás de pibes con TDAH tenemos una tasa de burnout que no se cuenta en los folletos. Necesitás dormir, necesitás un rato para vos, necesitás alguien que te escuche sin juzgarte. Pedir ayuda no es fallar como padre. Es todo lo contrario.

Lo que La Rioja hizo y lo que podemos aprender acá

Volvamos a la noticia. La Rioja, una comunidad autónoma española, actualizó su Protocolo de Coordinación del TDAH. ¿Qué significa eso en concreto? Que Salud, Educación y Servicios Sociales se sientan en la misma mesa y acuerdan cómo trabajar juntos. Que el pediatra sabe qué hace la maestra, que la maestra sabe qué hace el trabajador social, que el trabajador social sabe qué hace la familia.

Parece obvio, pero no lo es. En Argentina, y te hablo de mi experiencia, cada sector trabaja en su isla. El neurólogo te da el diagnóstico, la escuela te pide informes, el psicólogo trabaja por su lado, y la familia queda en el medio, tratando de conectar puntos que no conectan.

Este modelo de coordinación intersectorial puede servir de ejemplo para provincias argentinas que buscan integrar salud y educación en el abordaje del TDAH. No estoy diciendo que sea la solución mágica. Estoy diciendo que es un punto de partida. Un mapa para no andar a ciegas.

Y ojo, no quiero idealizar. La Rioja es una comunidad pequeña, con una población de alrededor de 320.000 personas. Es más fácil coordinar en un territorio chico que en la provincia de Buenos Aires, que tiene más de 17 millones de habitantes. Pero justamente por eso, el ejemplo sirve: si ellos pueden, nosotros podemos adaptar la idea a nuestra escala.

Preguntas que me hacen siempre en el grupo de padres

¿Mi hijo hace stimming porque algo le pasa?

El stimming es una forma de regulación. No siempre indica malestar. A veces es alegría, a veces es concentración, a veces es una manera de filtrar el ruido del mundo. La clave es observar el contexto. Si el stimming aparece cuando está contento o concentrado, no hay nada que preocuparse. Si aparece cuando está angustiado o abrumado, es una señal de que necesita ayuda para regularse.

¿Los tics son peligrosos?

La mayoría de los tics no son peligrosos. Son movimientos involuntarios que van y vienen. Pueden aumentar en momentos de estrés, ansiedad o excitación. Lo que sí hay que vigilar es si los tics le causan dolor, si interfieren con su vida diaria o si van acompañados de otros síntomas. En esos casos, consultá al especialista.

¿Puedo frenar el stimming de mi hijo?

Podés, pero no deberías. El stimming es una herramienta de regulación. Si lo frenás de golpe, le estás quitando su mecanismo natural para calmarse o concentrarse. En lugar de frenarlo, ofrecé alternativas seguras y acompañá su necesidad de movimiento.

¿El TDAH y el autismo son lo mismo?

No, son diagnósticos distintos, aunque pueden presentarse juntos. El TDAH se caracteriza por dificultades en la atención, la hiperactividad y la impulsividad. El autismo (TEA) se caracteriza por dificultades en la comunicación social y patrones de comportamiento repetitivos y restringidos. El stimming es más común en el autismo, pero también aparece en el TDAH. La evaluación profesional es clave para diferenciarlos.

¿Mi hijo va a dejar de hacer estos movimientos cuando crezca?

Depende. Algunos tics desaparecen con la edad. Otros persisten. El stimming puede cambiar de forma, pero muchas personas lo mantienen toda la vida como una herramienta de regulación. Lo importante no es que desaparezca, sino que tu hijo aprenda a convivir con su cuerpo y sus necesidades sin vergüenza.

¿Qué hago si la escuela me dice que mi hijo “es un problema”?

Primero, respirá. Segundo, recordá que tu hijo no es un problema. Es un nene con una condición que necesita acompañamiento. Tercero, pedí una reunión con la escuela y llevá toda la información que tengas: diagnóstico, informes, observaciones. Cuarto, si la escuela no está dispuesta a escuchar, buscá apoyo en la dirección, en la supervisión escolar, en un abogado si hace falta. No estás solo en esta pelea.

No estás solo

Termino como siempre termino, con el mate frío y el corazón abierto. Si estás leyendo esto a las tres de la mañana, con el teléfono en la mano y los ojos cansados, quiero que sepas una cosa: no estás solo. Hay un montón de papás y mamás que están donde estás vos, con las mismas dudas, las mismas culpas, el mismo amor enorme y desordenado.

Mi hijo sigue moviendo la pierna cuando dibuja. Sigue saltando cuando está contento. Sigue teniendo días malos, días regulares y días buenos. Y yo sigo aprendiendo, sigo equivocándome, sigo guardando sus dibujos en la heladera y sigo repitiendo lo que me enseñó el Turco: “Vos ocupate, no te culpes.”.

Hoy alcanza con lo que pudiste. Mañana será otro día, con otros desafíos y otras victorias chiquitas que nadie ve pero que valen oro. No estás roto, y tu hijo tampoco. Respirá, papá, mamá: esto se transita. Y no hace falta transitarlo solo.

Nota: Este contenido es informativo y no reemplaza la consulta médica. No indiques dosis ni tratamientos. Ante cualquier duda o síntoma, consultá a tu médico o profesional de la salud. El TDAH lo diagnostica y trata un profesional; acá compartimos experiencia, no indicaciones médicas.

Fuente consultada: Europa Press – https://www.europapress.es/la-rioja/noticia-salud-educacion-servicios-sociales-refuerzan-coordinacion-salud-mental-impulso-protocolo-tdah-20260505132230.html

Martín Ledesma
Escrito por Martín Ledesma

Papá de un hijo con TDAH. Cuento la trinchera emocional de la familia, desde el amor y sin careta. Voz editorial de TDAH Familias, con asistencia de IA. Contenido informativo, no reemplaza la consulta profesional.

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