Funciones ejecutivas para padres cansados: por qué se olvida la campera (y la mochila) todos los días
Te cuento algo que me pasó el año pasado. Me llama una mamá de un nene de ocho, segundo grado, y me dice: “Ana, no puedo más. Todos los días lo mismo. Sale sin la mochila, se deja la campera en el aula, pierde la cartuchera. Ya no sé si es vago o me está tomando el pelo”. Yo la escuché. Y le dije algo que le cambió la cara: “¿Y si el problema no es el chico?”.
Porque eso es lo que veo casi todas las semanas en mi consultorio de Córdoba capital. Familias agotadas, pibes que ya cargan con la etiqueta de “distraído”, “desordenado”, “vago”, y una lista de retos que no funcionan. Y no funciona porque el reto apunta al síntoma, no a la causa. Lo que falla ahí no es la voluntad del nene. Son las funciones ejecutivas.
Las funciones ejecutivas son ese conjunto de habilidades del cerebro que nos permiten planificar, organizar, iniciar una tarea, sostenerla, guardar información en la memoria de trabajo y frenar impulsos. En los chicos con TDAH, esas funciones maduran más lento. No están rotas: van a otro ritmo. Y cuando un pibe de ocho tiene que acordarse solo de agarrar mochila, campera, cartuchera y vianda, le estás pidiendo que haga malabares con cuatro pelotas cuando todavía está aprendiendo a sostener una.
La pregunta que todos se hacen
“¿Por qué se olvida siempre lo mismo? ¿No se da cuenta? ¿No le importa?” Es la pregunta que me llega en cada taller de familias. Y la respuesta honesta es: no es que no le importe. Es que su cerebro todavía no tiene el “sistema de alarma” interno que le avisa “che, agarrá la campera”. Ese sistema, en muchos chicos, hay que construirlo desde afuera. Con apoyos visuales, rutinas, recordatorios. No con retos.
Acá viene la advertencia que no suele aparecer en los folletos: si venís poniendo retos y castigos por meses y no cambia nada, el problema no es la dosis de reto. Es el diseño del entorno. Y eso lo podés cambiar vos, hoy, sin esperar el turno con el neurólogo.
Ahora, quiero ser clara con algo que circula mucho. Hay un estudio internacional reciente que analizó datos de 102 ensayos clínicos aleatorizados con 22.702 participantes con TDAH, mediante un metanálisis en red, y detectó efectos negativos para el corazón de los medicamentos para TDAH. La fuente es El Confidencial (https://www.elconfidencial.com/bienestar/2025-04-07/efectos-negativos-medicamentos-tdah_4102083/). Esto no significa que haya que suspender tratamientos por cuenta propia. Significa que el seguimiento cardiovascular y los controles médicos importan, y que en Argentina, donde el metilfenidato y otros fármacos se prescriben bastante, las familias y los profesionales tenemos que tomarnos en serio ese acompañamiento. Cualquier decisión sobre medicación la toma el médico tratante, no la escuela ni la casa.
Cinco pasos para padres cansados (que sí funcionan)
1. Bajá la cantidad de pasos que le pedís de una sola vez
Una cosa a la vez, que alcanza. En vez de “preparate para salir”, que son diez microtareas juntas, empezá por una: “poné la mochila en la puerta”. Cuando eso esté aceitado, sumás la campera. Los chicos con TDAH se saturan con instrucciones encadenadas.
2. Armá un tablero visual, no una lista de palabras
Yo armo tableritos para todo, en serio. En casa podés pegar en la puerta una foto del nene con la mochila puesta, otra con la campera, otra con la cartuchera. Imágenes, no texto. El cerebro que va rápido procesa mejor lo visual. Y no le estás hablando encima: el tablero le habla solo.
3. Poné el recordatorio donde está el problema, no donde estás vos
Si el olvido pasa en el aula, el recordatorio va en el banco o en la puerta del aula. Si pasa en casa, va en la puerta de salida. Gritar desde la cocina “¡la campera!” no sirve: el pibe ya está en otro mundo. El apoyo tiene que estar en el lugar físico donde ocurre el olvido.
4. Anticipá con tiempo, no en el momento
Cinco minutos antes de salir, avisale: “en cinco minutos nos vamos, fijate el tablero”. Eso le da al cerebro tiempo de prepararse. Avisar en el momento justo es pedirle una reacción que su sistema ejecutivo todavía no tiene automatizada.
5. Celebrá el proceso, no solo el resultado
Si se acordó de la mochila pero se olvidó la campera, decile: “te acordaste de la mochila, buenísimo”. Lo que se refuerza, se repite. Si solo marcás lo que falta, el pibe aprende que nunca llega. Y ahí aparece la angustia, que es peor consejera que el olvido.
¿Esto significa que mi hijo tiene TDAH?
No. Los olvidos y la desorganización pueden aparecer por muchas razones: cansancio, ansiedad, sueño, cambios familiares. El TDAH lo diagnostica un profesional (neurólogo, psiquiatra o psicólogo). Lo que te comparto son estrategias de acompañamiento, no un diagnóstico.
¿Los retos y castigos no sirven para nada?
Sirven para otras cosas, pero no para construir funciones ejecutivas. Si el pibe no tiene la habilidad desarrollada, el reto no la crea. Primero se enseña, después se pide. Al revés, solo genera frustración en los dos.
¿A qué edad se pueden empezar a usar tableros visuales?
Desde muy chiquitos. Con imágenes para los más pequeños, con íconos o palabras simples para los más grandes. La clave no es la edad, es que el apoyo esté donde ocurre el olvido.
¿Y si en la escuela no colaboran?
Hablá con la seño o el equipo de orientación. Llevá el tablero armado, mostrales cómo funciona. Muchas veces no es falta de voluntad, es falta de herramienta. Y si te dicen “es un vago”, ahí tenés que poner el cuerpo. No hay chico vago.
¿Esto reemplaza la medicación o la terapia?
No. Las estrategias de entorno son un complemento, no un reemplazo. Si hay tratamiento indicado por un profesional, se sigue. Y si te preocupa lo cardiovascular, lo charlás con el médico tratante. No suspendas nada por tu cuenta.
Una herramienta para hoy
Esta semana, elegí un solo olvido. El más molesto. Y armá un tablero visual de tres imágenes con ese recorrido: por ejemplo, foto del nene con la mochila, con la campera, con la cartuchera. Pegalo en la puerta de salida. No le expliques demasiado. No le pidas que se acuerde. Solo mostrale el tablero cinco minutos antes de salir, todos los días, durante una semana. Fijate qué pasa. Si el problema no es el chico, capaz que el molde estaba mal. Y eso, como me enseñó la seño Marta, se arregla mirando distinto.
Este contenido es informativo y no reemplaza la consulta médica. No se indican dosis ni tratamientos. Ante cualquier duda o síntoma, consultá a tu médico o profesional de la salud.
