¿Terapia Ocupacional o TCC? ¿Cuál elijo para mi hijo?
Mirá, no hay una respuesta única porque cada pibe es un mundo. Pero te cuento lo que aprendí en el barro: la Terapia Ocupacional (TO) trabaja el ‘acá y ahora’ sensorial: cómo se sienta, cómo regula su cuerpo, cómo tolera el ruido. La Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) apunta a los pensamientos y conductas: ‘¿qué pensás cuando te enojas?’, ‘¿cómo frenás antes de pegar?’.
¿A qué edad conviene arrancar con cada una?
En chicos chiquitos (3 a 7 años) la TO suele ser la puerta de entrada: necesitan aprender a calmar el cuerpo antes de hablar de emociones. En adolescentes y adultos, la TCC tiene más peso porque ya pueden reflexionar. Pero ojo: no son excluyentes. Muchos pibes necesitan ambas en distintas etapas.
¿La obra social cubre estas terapias?
Depende del plan y la prepaga. En general, las obras sociales nacionales (como PAMI o IOMA) cubren hasta 4 sesiones mensuales de TO si hay diagnóstico. La TCC suele estar cubierta como sesión de psicología. Pero te recomiendo que llames y preguntes con el código de diagnóstico (F90.0 para TDAH). No te quedes con lo que te dicen por teléfono: pedilo por escrito.
Mi hijo tiene 6 años y no para quieto. ¿Primero TO o TCC?
Por experiencia propia: arrancá por TO. Si el cuerpo no está regulado, no hay charla que funcione. Mi hijo a los 6 años no podía estar cinco minutos sentado. La TO le enseñó a su sistema nervioso a ‘frenar’. Después, con más años, la TCC le dio herramientas para entender su enojo. Pero cada caso es único: consultá con un neurólogo infantil o un psiquiatra especializado.
¿Estas terapias reemplazan la medicación?
No, para nada. La medicación (si el médico la indica) ayuda a que el cerebro funcione más ordenado. Las terapias enseñan herramientas. No son una cosa o la otra: pueden complementarse. Nunca dejes la medicación por tu cuenta ni la combines sin supervisión médica.
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**No estás solo**
Respirá, papá, mamá: esto se transita. No estás roto, y tu hijo tampoco. Hoy alcanza con lo que pudiste.
Guardá los dibujos de tu hijo en la heladera. Tomate un mate en el patio. Y si esta noche no pudiste con todo, mañana hay otra oportunidad. El diagnóstico no rompe al chico; a veces lo explica. Y vos, leyendo esto, ya estás haciendo más de lo que creés.
*Martín Ledesma, desde Mar del Plata, papá de un pibe con TDAH que me enseñó a abrazar distinto.*
