Por Martín Ledesma — Mar del Plata
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El otro día, en la plaza de siempre, mientras mi hijo corría de un lado a otro sin un patrón claro —esa energía que a veces parece un motor sin freno—, una madre se me acercó. Su hijo, más chico, gateaba cerca del arenero. Ella me miró con esa mezcla de curiosidad y juicio que ya aprendí a reconocer. “¿Le diste paracetamol cuando estaba embarazada?”, me preguntó, casi en secreto. “Leí que puede causar autismo”.
No me sorprendió. Lo había escuchado antes, en grupos de WhatsApp, en el consultorio del pediatra, en la sala de espera del neurólogo. Esa teoría, que circula como un rumor de fondo, ya había llegado a mi casa. Mi mujer, que es más ansiosa que yo, había googleado una noche, con el celular en la mano y el bebé dormido en el pecho. “Martín, ¿y si tiene razón?”. Esa noche no dormimos bien.
Por eso, cuando vi la noticia de Infobae —que citaba a organismos internacionales y especialistas señalando que no existe relación causal entre el uso de paracetamol durante el embarazo y el autismo—, respiré hondo. No porque necesitara una excusa, sino porque necesitaba un ancla. Algo que me permitiera, cuando llegara la próxima pregunta en la plaza, responder sin culpa, sin desgastarme, sin tener que explicar mi vida entera.
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La pregunta que todos se hacen
¿Cómo responder a las críticas de otros padres sin perder la paciencia, sin sentir que te están juzgando, sin terminar el día con la garganta apretada?
Mirá, yo no soy médico. No tengo un título en neurociencia ni un posgrado en crianza. Soy un papá de Mar del Plata, hincha de fútbol, que toma mates largos en el patio mientras su hijo dibuja monstruos con seis ojos y los pega en la heladera. Mi hijo tiene TDAH, diagnóstico que llegó después de meses de preguntarme si yo estaba haciendo algo mal, si era muy blando, si no lo corregía lo suficiente.
Y una de las cosas que más me costó —que todavía me cuesta— es bancarme las preguntas de otros padres. Esas que vienen con un tono de “yo solo pregunto” pero que en el fondo llevan un “vos estás haciendo algo mal”.
La noticia del paracetamol me sirvió para confirmar algo que ya intuía: la culpa no es nuestra. No es de las madres que tomaron un antitérmico en el embarazo porque tenían 39 de fiebre y no sabían qué más hacer. No es de los padres que llegaron tarde al diagnóstico porque pensaban que era “una fase”. No es de las familias que hacen lo que pueden con la información que tienen.
Pero ojo: esto no es un manual para ganar discusiones. No se trata de callar bocas con datos. Se trata de proteger tu energía para lo que importa: tu hijo, tu pareja, vos mismo.
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La guía práctica: cómo responder sin desgastarte
Acá van algunos pasos que fui aprendiendo, a los golpes, en plazas, cumpleaños y reuniones de padres. No son verdades absolutas. Son lo que a mí me funcionó.
1. No entres en el ring
Cuando alguien te dice “escuché que el paracetamol causa autismo”, no te está pidiendo un debate científico. Te está compartiendo un miedo. Si vos saltás con “no, mirá, según Infobae los organismos internacionales dicen que no hay evidencia”, probablemente se ponga a la defensiva. En cambio, podés decir: “Sí, yo también escuché eso. Lo que leí es que los especialistas dicen que no hay relación causal. Pero entiendo la preocupación”.
No estás cediendo. Estás eligiendo no pelear.
2. Usá el dato, no como arma, sino como abrazo
La noticia de Infobae es clara: organismos internacionales y especialistas señalaron que no existe relación causal entre el uso de ese medicamento durante el embarazo y el autismo. Eso es un hecho verificable. Pero si lo tirás como un martillo, va a sonar a soberbia. Si lo decís con calma, como quien comparte algo que le sirvió, suena a compañero.
“Mirá, yo leí esto hace unos días, me sirvió para quedarme más tranquilo. Si querés, te paso el link.”
3. Aceptá que no tenés que convencer a nadie
Hay padres que van a seguir creyendo en la teoría del paracetamol, en las vacunas, en la leche sin lactosa, en lo que sea. No es tu trabajo desarmar sus creencias. Tu trabajo es cuidar a tu hijo y a vos mismo. Si el otro no quiere escuchar, soltá. No es personal.
4. Separá la crítica de la preocupación genuina
A veces, la pregunta viene de un lugar honesto. Una madre primeriza que tiene miedo. Un padre que leyó algo en un grupo de Facebook. Ahí, la respuesta puede ser más cálida: “Yo también tuve esa duda. Lo que encontré fue esto. Pero siempre está bueno consultar con el pediatra de confianza”.
Otras veces, la pregunta viene con un juicio escondido. Ahí, podés poner un límite amable: “Gracias por tu preocupación. Nosotros lo estamos manejando con los profesionales que nos acompañan”.
5. No expliques tu historia completa
No necesitás contar que tu hijo tiene TDAH, que el diagnóstico llegó tarde, que lloraste en el baño del hospital, que tu mujer googleó a las tres de la mañana. Eso es tuyo. No se lo debés a nadie. Guardalo para quienes lo merecen.
6. Usá el humor, si te sale
Una vez, en un cumpleaños, un padre me dijo: “¿Viste que el paracetamol…?”. Yo lo miré y le dije: “Mirá, si cada cosa que leí que causa autismo fuera cierta, mi hijo sería un genio mutante”. Se rió. A veces, el humor desactiva más que los datos.
7. Recordá que el que juzga, también tiene miedo
Detrás de cada crítica hay una inseguridad. El padre que te dice “yo nunca le daría eso” probablemente está tan perdido como vos. La diferencia es que él lo esconde con juicio, y vos lo estás aprendiendo a transitar con honestidad.
8. Tené una frase de cierre preparada
A mí me sirve tener una respuesta automática para cuando ya no quiero seguir hablando. Algo como: “Bueno, cada familia hace lo que puede. Nosotros estamos contentos con cómo vamos”. Y cambio de tema. “¿Viste que lindo el arenero nuevo?”.
9. No te lo lleves a la casa
Esto es clave. La pregunta incómoda en la plaza no tiene que convertirse en una discusión en la cena con tu pareja. Si te afectó, decilo. “Hoy una madre me preguntó lo del paracetamol y me movió un poco el piso”. Hablalo. No lo guardes.
10. Volvé a lo que importa
Tu hijo no está roto. Tu hijo no es un problema. Tu hijo es un pibe que necesita que vos estés entero. No perfecto, no con todas las respuestas, no con la última evidencia científica en la punta de la lengua. Entero. Presente. Abrazándolo cuando se cae, festejándole un dibujo, dejándole un mate enfriado en la mesa.
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Preguntas de la gente
¿Qué hago si otro padre me dice que mi hijo tiene TDAH porque “no lo disciplino bien”?
Respirá hondo. No entres en el debate. Podés decir: “Nosotros trabajamos con un equipo de profesionales que nos guían. Gracias por tu preocupación”. Y cambiá de tema. No le debés una explicación a nadie.
¿Y si la crítica viene de un familiar, como mi suegra o mi mamá?
Ahí es más difícil porque hay vínculo afectivo. A mí me sirvió poner un límite claro: “Mamá, esto lo estamos manejando con el neurólogo. Si querés, te paso su contacto para que le consultes tus dudas”. Generalmente, no llaman.
¿Cómo hago para no sentir culpa cuando me preguntan si tomé paracetamol en el embarazo?
La culpa es una sombra que nos persigue a todos los padres. Pero los datos son claros: no hay evidencia de esa relación. Repetilo como un mantra si hace falta. Y si la culpa vuelve, hablalo con tu pareja o con un profesional. No la cargues solo.
¿Puedo compartir la noticia de Infobae en el grupo de WhatsApp del jardín?
Si querés, pero hacelo con cuidado. En vez de mandar el link solo, acompañalo con un mensaje tipo: “Les comparto esto que leí, a mí me sirvió para estar más tranquilo. Cada quien hará lo que considere mejor para su familia”. Así no suena a que querés tener la razón.
¿Y si yo soy el que juzga a otros padres sin querer?
Nos pasa a todos. A mí me pasó antes de tener un diagnóstico. La clave es darse cuenta y pedir disculpas si hace falta. “Mirá, la verdad que lo que te dije el otro día fue sin pensar. No era mi lugar”. Eso también es crecer como padre.
¿Qué hago si mi hijo escucha los comentarios y se siente mal?
Ahí sí hay que intervenir. Hablá con él después, en casa. Decile: “Lo que dijo esa persona no es cierto. Vos sos un pibe genial, y nosotros te amamos como sos”. Que sepa que su trinchera está en casa, no en la opinión de los demás.
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No estás solo
Cada vez que me siento en el patio con un mate y veo los dibujos de mi hijo en la heladera —esos monstruos de seis ojos que él llama “mis amigos”—, me acuerdo de los audios que me mandaba el Turco a las tres de la mañana. Ese papá veterano que conocí en un grupo de padres, que me dijo: “Vos ocupate, no te culpes”.
Hoy te digo lo mismo.
Ocupate de tu hijo. Ocupate de vos. De tu pareja. De la familia que eligieron. Dejá que los rumores y las críticas se estrellen contra la puerta de tu casa. No tenés que convencer a nadie. No tenés que demostrar nada.
Hoy alcanza con lo que pudiste.
Y si un día, en la plaza, alguien te pregunta por el paracetamol, por el TDAH, por cualquier cosa que te haga sentir que estás haciendo todo mal, acordate de esto: no estás solo. Hay un montón de padres tomando mates en patios de todo el país, con dibujos en la heladera, que están en la misma.
Respirá, papá, mamá: esto se transita.
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Este contenido es informativo y no reemplaza la consulta médica. Ante cualquier duda sobre el desarrollo de tu hijo, consultá a un profesional de la salud. El TDAH lo diagnostica y trata un especialista; acá comparto experiencia, no indicaciones médicas.
