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04/08/2026 · 9 min de lectura

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Me tocó acompañar a una familia el año pasado, con un nene de ocho años que no podía sostener la mirada ni diez minutos en clase. La maestra decía que era un distraído, que no prestaba atención. La madre, agotada, me confesó que en casa era una batalla para hacer la tarea. No era un chico vago, para nada. Era un chico que se ahogaba en un mar de estímulos y no tenía un salvavidas a mano. Lo primero que hicimos no fue un diagnóstico complejo, sino algo mucho más simple: le armamos un tablerito visual con su rutina de la tarde, con dibujitos y colores. Cada tarea, un casillero. Cada casillero completado, una estrellita. Parece una pavada, pero le cambió el día. A él, porque sabía qué venía después. Y a la madre, porque dejó de pelear con el “dale, apurate, hacé la tarea” y empezó a acompañar un proceso. De eso se trata, ¿no? De bajar un cambio y mirar el entorno antes de etiquetar al pibe.

Por eso, cuando leo noticias sobre avances en tratamientos para el TDAH, no puedo evitar pensar en esas familias. En las que esperan en un consultorio, con la receta en la mano, y escuchan que el medicamento que necesitan no está. Esa angustia es real, y se siente mucho en Argentina. Así que esta novedad que llegó desde Estados Unidos, aunque suene lejana, nos importa más de lo que parece.

La noticia: una luz de esperanza (con los pies sobre la tierra)

Resulta que la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (la FDA, por sus siglas en inglés) le dio un empujón a un nuevo fármaco para el TDAH. Según publicó el sitio Marcagraz.com, la FDA aceptó la solicitud de la centanafadina para el tratamiento del TDAH con revisión prioritaria. Esto significa que la agencia se puso un plazo más corto para analizar si el medicamento es seguro y efectivo. La decisión final está prevista para el 24 de julio de 2026. En criollo: en lugar de los 10 meses estándar que suele tomar este proceso, la FDA prometió responder en unos 6 meses. Ojo, que esto no es un “aprobado” automático. Es una aceleración del trámite, una forma de decir “esto es importante, vamos a mirarlo con lupa pero rápido”.

La fuente es clara: Marcagraz.com, en una nota publicada el 7 de marzo. Y el dato duro es ese: la FDA aceptó la solicitud con Priority Review y fijó la fecha límite para el 24 de julio de 2026.

¿Y esto qué tiene que ver con nosotros, en Argentina?

Acá es donde tengo que ser honesta con ustedes. Este avance es una noticia internacional, y no significa que mañana la centanafadina esté en las farmacias de Córdoba o de Buenos Aires. Para que llegue a nuestro país, tiene que pasar por la ANMAT, que es el organismo que regula los medicamentos acá. Y eso lleva su tiempo, no nos vamos a engañar.

Pero, ¿por qué me importa? Porque muchas familias argentinas están en una situación límite con el desabastecimiento de metilfenidato, que es uno de los fármacos más usados para el TDAH. Cuando un tratamiento conocido falta, se genera una angustia terrible. Los chicos quedan sin medicación, las familias hacen malabares, y los docentes, como yo, vemos cómo se desmorona una estrategia que venía funcionando. En ese contexto, saber que hay laboratorios investigando y que las agencias regulatorias están prestando atención a esta condición, es un respiro. No es la solución inmediata, pero es una señal de que el TDAH no está siendo ignorado.

Mi opinión, y acá puedo generar debate: está buenísimo que haya avances, pero no podemos quedarnos esperando una pastilla mágica. El TDAH se aborda con un equipo: neurólogo o psiquiatra, psicólogo, la familia y la escuela. La medicación, cuando está indicada, es una herramienta valiosísima. Pero no es la única. Y si nos sentamos a esperar que llegue un fármaco nuevo para resolver la vida, nos perdemos de hacer un montón de cosas concretas que sí podemos hacer hoy.

Mientras tanto, ¿qué hacemos? Cinco pasos concretos

Ya sé, ya sé. Ustedes vienen a buscar herramientas, no discursos. Así que vamos al grano. Si tenés un pibe con TDAH o con dificultades atencionales, y estás esperando una consulta o un tratamiento, fijate estas cinco estrategias que se pueden aplicar esta misma semana:

1. Armá un tablero visual de rutina

No necesitás nada sofisticado. Una cartulina, fibrones de colores (yo tengo la cartuchera llena, es un vicio) y cinta adhesiva. Dibujá la rutina de la mañana o de la tarde, paso a paso: levantarse, lavarse los dientes, desayunar, mochila, etc. Lo pegás en un lugar visible. El chico necesita ver qué viene después. Le da seguridad y reduce la ansiedad.

2. Dividí las tareas en partes chiquitas

Olvidate de “hacé la tarea”. Eso es un mundo enorme. Mejor: “abrí el cuaderno”, “leé el punto 1”, “escribí la primera oración”. Una cosa a la vez, que alcanza. Cada mini-tarea completada es una victoria. Y la victoria se celebra, con una estrellita, un tic, o un “¡bien ahí!”.

3. Ajustá el entorno, no al chico

Si se distrae con la ventana, corré el escritorio. Si la tele de fondo lo desconcentra, apagala. Si el lugar de estudio es un caos, ordenalo. La pregunta no es “¿por qué no se concentra?”, sino “¿qué le está costando concentrarse?”. Muchas veces, la respuesta está en el ambiente. ¿Y si el problema no es el chico?

4. Usá un temporizador visual

Un reloj de arena, un timer en el celular, una app. El tiempo es un concepto abstracto, difícil de entender. Mostrarle “trabajamos 10 minutos y después descansamos 5” le da un límite claro. Y lo importante: cumplilo. Si decís 10 minutos, son 10 minutos. Eso construye confianza.

5. Hablá con la escuela, pero no para quejarte

Andá a la reunión con una propuesta. “Mi hijo necesita sentarse adelante”, “le sirve que le repitan la consigna”, “podemos usar un cronómetro en el aula”. No vayas a pelear, andá a construir. La seño o el profe también quieren que el pibe aprenda. A veces, solo necesitan que alguien les acerque una idea.

Preguntas que me hacen siempre

¿Este nuevo fármaco va a estar disponible en Argentina?

No hay fecha ni información oficial al respecto. Para que un medicamento se venda en nuestro país, tiene que ser aprobado por la ANMAT, y eso es un proceso independiente del de la FDA. Es una posibilidad a futuro, pero no hay que hacerse ilusiones con que sea algo inmediato.

Mi hijo tiene TDAH y no toma medicación, ¿está mal?

Para nada. El tratamiento es multimodal. La medicación es una opción que se evalúa con el médico, pero no es la única. Las estrategias pedagógicas, el acompañamiento emocional y la modificación del entorno son pilares fundamentales. Cada caso es único, y la decisión la toma el profesional de la salud junto a la familia.

¿Cómo sé si mi hijo tiene TDAH o es solo que es muy activo?

Esa es una excelente pregunta, y la respuesta es: no lo sabés vos, ni yo, ni la maestra. El diagnóstico lo hace un profesional (neurólogo, psiquiatra o psicólogo) con una evaluación integral. No nos apuremos a etiquetar. Si hay un sufrimiento sostenido en la escuela o en casa, lo primero es consultar.

¿Qué hago si la escuela me dice que mi hijo es un vago?

Primero, respirá hondo. Esa frase dice más de la falta de formación de quien la dice que del chico. Segundo, pedí una reunión y llevá ejemplos concretos de lo que ves en casa: qué le cuesta, qué le interesa, cómo aprende mejor. Y tercero, si sentís que no hay escucha, buscá ayuda profesional. No estás solo en esto.

¿Las estrategias funcionan también para adultos con TDAH?

Sí, muchas de las ideas se adaptan. Los tableros visuales, las listas, dividir tareas grandes en chicas, usar alarmas… son herramientas que sirven para cualquier edad. La clave es la misma: entender cómo funciona tu cerebro y diseñar un entorno que te ayude a funcionar mejor.

Una herramienta para hoy

Si te llevás una sola cosa de esta nota, que sea esta: la técnica del “banco de energía”. Cuando el chico (o vos) esté por hacer una tarea que requiere esfuerzo, establecé un tiempo corto de trabajo, por ejemplo 15 minutos. Usá un timer. Cuando suene, parás sí o sí, aunque no hayas terminado. Te levantás, movés el cuerpo, tomás agua, mirás por la ventana. Después, volvés a sentarte y hacés otra tanda de 15 minutos. Es como cargar la batería del celular: no podés estar enchufado todo el día, necesitás pausas. Esto le enseña al cerebro que el esfuerzo tiene un final, y eso lo hace mucho más tolerable. Probala esta semana. Y contame cómo te fue.

Y si te quedaste con dudas, si sentís que necesitás acompañamiento para tu pibe o para tu alumno, buscá a un profesional. No te quedes con la angustia sola. El TDAH no es una sentencia, es una forma de funcionar. Y con las herramientas adecuadas, esos pibes brillan. Como decía la seño Marta, “el que no encaja en el molde, capaz que el molde está mal”. A veces, lo único que hay que hacer es cambiar el molde.

Ana Belén Rossi
Escrito por Ana Belén Rossi

Trabajo hace años acompañando a chicos con TDAH en la escuela y en casa. Comparto estrategias concretas para aplicar hoy. Voz editorial de TDAH Familias, con asistencia de IA. Contenido informativo, no reemplaza la consulta profesional.

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