Una noticia que trae alivio (y que merece que la leamos con calma)
Me acuerdo de una mamá que vino a mi consultorio en Córdoba, hace un par de años, con los ojos llenos de lágrimas y el celular en la mano. Me mostró una cadena de WhatsApp que había recibido: decía que tomar paracetamol durante el embarazo “causaba autismo y TDAH”. Ella había tenido migrañas terribles en el segundo trimestre y había tomado ese analgésico, recetado por su obstetra, durante tres días. Desde entonces, vivía con una culpa que le pesaba como una losa.
“Seño Ana”, me dijo, “¿le hice algo malo a mi hijo?”
Ese momento me quedó grabado. Porque ahí no había un problema de conducta, ni de aprendizaje, ni de atención. Había una mamá asustada, tomando decisiones médicas basadas en un mensaje reenviado veinte veces. Y eso, créanme, es más común de lo que parece.
Por eso, cuando vi esta noticia, supe que tenía que escribirla. No para opinar sobre medicina —que no es mi campo— sino para ponerla en contexto, traducirla a la vida cotidiana y, sobre todo, para que ninguna mamá argentina vuelva a sentir esa culpa innecesaria.
¿Qué dice exactamente la noticia?
La fuente es clara: dos grandes revisiones de evidencia concluyeron que no hay pruebas claras de que el uso de acetaminofén (paracetamol) durante el embarazo aumente el riesgo de autismo o TDAH en los niños. La información fue publicada por HealthDay News vía Infobae, con fecha del 12 de noviembre de 2025.
El artículo completo está disponible en: https://www.infobae.com/salud/2025/11/13/no-hay-un-vinculo-claro-entre-el-acetaminofen-y-el-autismo-o-el-tdah-segun-las-principales-revisiones/
Ojo con un detalle importante: la noticia dice “no hay un vínculo claro”. No dice “es imposible que exista”. Esa diferencia es clave y la vamos a desmenuzar.
Pero antes, quiero contarles por qué esta noticia me toca tan de cerca.
Mi experiencia con el miedo y los diagnósticos
Trabajo hace más de quince años como psicopedagoga, especializada en TDAH. En mi consultorio de Córdoba capital, atiendo chicos y chicas de todas las edades, y también a sus familias. Si hay algo que aprendí en todo este tiempo es que el miedo mal informado es tan dañino como la falta de información.
Me pasó con un nene, vamos a llamarlo Mateo, que llegó a mi consulta con siete años y un diagnóstico de “probable TDAH” hecho por un pediatra apurado. La mamá estaba destruida. No por el diagnóstico en sí, sino porque alguien le había dicho que el TDAH de su hijo era “su culpa”, porque había tomado paracetamol en el embarazo para un dolor de muelas.
Mateo era un pibe brillante. Dibujaba naves espaciales con un nivel de detalle asombroso. Pero en el aula, se paraba cinco veces por hora, perdía la carpeta, y la seño lo retaba delante de todos. ¿El resultado? Mateo empezó a decir que era “tonto” y que “no servía para nada”.
Cuando la mamá me contó lo del paracetamol, le pregunté: “¿Y quién te dijo que eso tenía relación?”. Me mostró el mismo mensaje de WhatsApp que le había llegado a la otra mamá. Un mensaje que citaba un estudio, pero sin contexto, sin matices, sin la letra chica.
Bajamos un cambio y fuimos por partes. Primero, trabajamos con la escuela: le pedimos a la seño que sentara a Mateo adelante, que le diera instrucciones de a una por vez, que usara un tablerito visual con la rutina de la mañana. En casa, la mamá armó un rincón de estudio sin estímulos, con un timer visual para los tiempos de tarea.
¿Adivinaron qué pasó? Mateo seguía siendo Mateo. Pero ahora, en lugar de ser “el nene que se para”, era “el nene que necesita moverse para pensar”. La única que cambió fue la mirada de los adultos. Y eso, créanme, lo cambia todo.
¿Y si el problema no es el chico? Esa pregunta me la enseñó la seño Marta, mi maestra de tercer grado, que ya no está con nosotros pero que me dejó una carpeta llena de fichas de alumnos “difíciles” que ella veía brillantes. “El que no encaja en el molde, capaz que el molde está mal”, repetía. Cuando dudo, releo esas fichas y me pregunto qué habría visto ella.
La pregunta que todas las mamás se hacen
¿Puedo tomar paracetamol en el embarazo sin miedo?
La respuesta corta, según esta noticia, es: sí, no hay evidencia clara de que cause autismo o TDAH. Pero la respuesta honesta, la que no viene en los folletos, es más matizada.
Primero, hablemos de qué son estas “revisiones de evidencia”. No son un estudio cualquiera. Son análisis que juntan decenas de investigaciones previas, las evalúan con criterios estrictos y sacan conclusiones generales. Cuando dos revisiones grandes coinciden en que no hay un vínculo claro, eso pesa mucho.
Segundo, hablemos de la palabra “claro”. La ciencia rara vez dice “no existe ninguna posibilidad”. Dice “no encontramos pruebas suficientes para afirmar que existe una relación”. Esa diferencia es enorme. Porque significa que, con la evidencia actual, el paracetamol sigue siendo considerado un analgésico seguro para embarazadas cuando se usa según indicación médica.
Y tercero, hablemos del contexto argentino. En nuestro país, el paracetamol es uno de los analgésicos más recetados durante el embarazo. Se usa para fiebre, dolores de cabeza, molestias musculares. Que una futura mamá deje de tomarlo por miedo a un vínculo que la ciencia no confirma, puede llevarla a sufrir dolores innecesarios, fiebre alta o a automedicarse con algo peor.
Mi opinión, y acá me van a poder discutir: el miedo a los medicamentos durante el embarazo se ha vuelto una epidemia paralela. Y no digo que haya que tomar pastillas como si fueran caramelos. Digo que hay que tomar decisiones informadas, con el obstetra, no con cadenas de WhatsApp.
Lo que esto significa para las escuelas argentinas
Ahora, cambiemos el foco. Porque esta noticia no es solo para embarazadas. Es para todos los que trabajamos con chicos.
Si el paracetamol no explica el TDAH, entonces ¿qué lo explica? La respuesta honesta es: no se sabe del todo. Hay componentes genéticos fuertes, hay factores ambientales que se están estudiando, hay muchísimo que todavía no entendemos. Pero lo que sí sabemos es que el TDAH existe, es real, y no es culpa de nadie.
Y acá viene lo que a mí me importa de verdad: si dejamos de buscar culpables, podemos empezar a buscar soluciones.
Porque un chico con TDAH no es un chico “vago”. No es un chico “mal criado”. No es un chico que “no quiere”. Es un chico cuyo cerebro procesa la atención, la impulsividad y la actividad de manera diferente. Y eso no se arregla con retos, ni con castigos, ni con “ponete las pilas”.
Se arregla con estrategias. Con adaptaciones. Con paciencia. Con entender que el molde, a veces, está mal.
Guía práctica: qué hacer si te preocupa el TDAH de tu hijo
Si estás leyendo esto porque te preocupa la atención de tu hijo o hija, acá va mi guía práctica. No es un diagnóstico, no es un tratamiento. Es un punto de partida.
1. Observá sin etiquetar
Antes de pensar en TDAH, fijate en qué situaciones aparece la dificultad. ¿Es en todas las áreas o solo en algunas? ¿Le cuesta concentrarse en la tarea pero puede jugar al Minecraft durante dos horas seguidas? Eso no significa que no tenga TDAH, pero sí que hay que mirar con más detalle.
2. Descarten problemas de visión y audición
Suena básico, pero te sorprendería la cantidad de chicos que “no atienden” porque no ven el pizarrón o porque tienen una pérdida auditiva leve. Antes de cualquier otra cosa, chequeo oftalmológico y audiológico.
3. Hablen con la maestra
No para quejarse, sino para recopilar información. ¿Qué ve ella en el aula? ¿En qué momentos se distrae más? ¿Qué estrategias ya probó? La maestra es una fuente de información valiosísima.
4. Consulten con un profesional
Si la dificultad persiste y afecta el aprendizaje o la vida cotidiana, consulten con un neurólogo, psiquiatra o psicólogo especializado. El TDAH lo diagnostica un profesional. No lo diagnostica la maestra, ni la abuela, ni un test de internet.
5. Una cosa a la vez, que alcanza
Cuando llegan a mi consultorio, las familias vienen con una lista de diez problemas. Mi trabajo es ayudarlos a elegir UNO para empezar. ¿La tarea? ¿El comportamiento en la mesa? ¿La organización de la mochila? Un cambio por vez, bien hecho, vale más que diez cambios a medias.
6. Adaptá el entorno antes de exigirle al chico
¿El lugar donde hace la tarea tiene estímulos visuales? ¿Hay tele encendida cerca? ¿El celular está en la misma habitación? Antes de pedirle que “se concentre”, fijate qué podés cambiar del entorno.
7. Usá tableritos visuales
Yo armo tableritos visuales para todo: la rutina de la mañana, la secuencia de la tarea, los pasos para lavarse los dientes. Para un chico con TDAH, ver las instrucciones es mucho más efectivo que escucharlas.
8. Trabajá con la escuela, no contra ella
Si tu hijo tiene un diagnóstico, pedí una reunión con la seño y el equipo directivo. Lleven el informe del profesional, escuchen qué necesita la escuela y propongan adaptaciones concretas. Sentarlo adelante, darle tiempos extra, dividir las tareas en partes más chicas: son ajustes simples que no requieren grandes recursos.
9. Cuidá el sueño
Un chico con sueño acumulado rinde la mitad. Y muchos chicos con TDAH tienen dificultades para conciliar el sueño. Rutina fija, pantallas apagadas al menos una hora antes de dormir, ambiente tranquilo. A veces, mejorar el sueño mejora la atención más que cualquier otra intervención.
10. No te olvides de vos
Las mamás y los papás de chicos con TDAH suelen estar agotados. Se sienten juzgados por la escuela, por la familia, por el supermercado. Buscá apoyo, ya sea en otros padres, en un grupo de ayuda o en terapia individual. No podés cuidar a tu hijo si no te cuidás a vos.
Preguntas que me hacen siempre
¿El paracetamol en el embarazo puede causar TDAH?
Según las revisiones más importantes publicadas recientemente, no hay evidencia clara de que exista ese vínculo. La noticia de HealthDay News vía Infobae, del 12 de noviembre de 2025, confirma que dos grandes revisiones de evidencia no encontraron una relación clara entre el acetaminofén y el autismo o el TDAH. Si tenés dudas sobre cualquier medicamento durante el embarazo, consultá siempre con tu obstetra.
¿Cómo sé si mi hijo tiene TDAH o es solo inquietud normal?
La diferencia está en la intensidad, la frecuencia y el impacto. Un chico inquieto pero que puede concentrarse cuando algo le interesa, que respeta turnos y que no tiene problemas graves en la escuela, probablemente no tenga TDAH. Si la inquietud le impide aprender, hacer amigos o participar de actividades cotidianas, ahí sí conviene una consulta profesional.
¿Qué hago si la escuela me dice que mi hijo “es un vago”?
Primero, respirá. Después, pedí una reunión con la seño y preguntale qué observaciones concretas tiene: ¿en qué momentos se distrae? ¿Qué tareas evita? ¿Qué estrategias ya probó? Lleven esa información a un profesional. Y si la escuela sigue sin entender, buscá una que sí entienda. Hay lugares donde el “molde” ya se rompió.
¿Las adaptaciones en el aula no son una ventaja injusta para el chico con TDAH?
No. Las adaptaciones no le dan ventaja, le dan acceso. Es como ponerle anteojos a un chico miope: no lo hace más inteligente, lo deja ver el pizarrón. Sentar a un chico adelante, darle más tiempo para un examen o dividir las consignas no es “favorecerlo”, es nivelar la cancha.
¿El TDAH se cura?
No se cura, se acompaña. Con estrategias, con medicación cuando un profesional la indica, con apoyo psicopedagógico, con una escuela que entienda. Muchos adultos con TDAH aprenden a manejarlo muy bien y llevan vidas plenas. El objetivo no es “curar”, es que el chico se conozca, se acepte y desarrolle herramientas para su vida.
Una herramienta para hoy
Esta semana, hacé esto: elegí UNA tarea que tu hijo evite o le cueste muchísimo (puede ser la tarea de matemática, ordenar la mochila, o ponerse el pijama). Ahora, dividila en tres pasos bien chiquitos. Escribí cada paso en un papelito de color y pegá los tres en la pared, en orden.
Después, sentate con tu hijo y decile: “Vamos a hacer esto de a uno. Primero, el paso uno. Cuando termines, lo tachamos y pasamos al dos”.
No importa si los tres pasos son “abrir la mochila”, “sacar el cuaderno” y “leer la consigna”. Lo importante es que el chico experimente la sensación de completar una tarea, paso a paso, sin que nadie le grite.
Esa experiencia de logro, repetida muchas veces, es la base de todo. Porque un chico que siente que puede, intenta. Y un chico que intenta, aprende.
Y si en el camino te encontrás con una cadena de WhatsApp que te asusta, acordate de esto: bajemos un cambio y vamos por partes. La ciencia avanza, las noticias cambian, pero el amor bien informado, ese que busca entender antes de juzgar, ese no cambia nunca.
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Ana Belén Rossi, psicopedagoga cordobesa especializada en TDAH. Este contenido es informativo y no reemplaza la consulta médica. Ante cualquier duda, consultá a tu médico o profesional de la salud.
