Mi historia: la noche que entendí que no estaba solo
Tengo un hijo con TDAH. No lo digo como quien presenta un trofeo, sino como quien confiesa una batalla que todavía está en curso. Me acuerdo de una noche, de esas que no se olvidan, cuando mi hijo de siete años no podía quedarse quieto ni para respirar. Había hecho la tarea tres veces, se había parado a buscar agua otras cinco, y yo, con los ojos secos de tanto mirar el reloj, sentía que algo andaba mal en mí. No en él. En mí, que no podía contenerlo, que no encontraba la vuelta, que miraba los manuales de crianza y me sentía un fracaso.
Esa noche, después de que finalmente se durmió, me quedé en el patio tomando mates largos, con la heladera llena de dibujos que él me había hecho y que yo no tenía corazón para tirar. Ahí fue cuando me escribió el Turco, un papá veterano que conocí en un grupo de padres. Me mandó unos audios de WhatsApp a las tres de la mañana, con la voz ronca de quien también había llorado en silencio. Me dijo algo que me quedó grabado: ‘Vos ocupate, no te culpes.’ No me dijo que todo iba a estar bien. Me dijo que me ocupara, que la culpa no me iba a ayudar a criar mejor.
Esa noche entendí que el TDAH no era un castigo ni una sentencia. Era una explicación. Y que mi trabajo no era corregirlo todo el tiempo, sino abrazarlo y buscar ayuda sin vergüenza. Desde entonces, me volví un divulgador de estas cosas, no porque tenga un título ni una cátedra, sino porque aprendí en la trinchera emocional de mi propia casa. Y porque sé que hay miles de familias que están donde yo estuve: agotadas, confundidas, y con miedo de preguntar.
La noticia que nos interpela
Hace unos días, el portal ConSalud publicó una nota que me hizo ruido. El titular es claro: ‘Aumento de diagnósticos de TDAH en niños: expertos alertan sobre la medicalización’. La fuente es ConSalud, un medio especializado en salud, y la nota está fechada para el 30 de julio. Según lo que reportan, psicólogos advierten que el aumento de diagnósticos de TDAH en niños podría estar ligado a una medicalización de comportamientos infantiles relacionados con el entorno educativo y emocional.
O sea: cada vez más pibes reciben el diagnóstico, pero los expertos se preguntan si estamos patologizando lo que en realidad es una respuesta al entorno. Si un nene no se queda quieto en el aula, ¿es TDAH o es que el aula no está pensada para que un nene se mueva? Si una nena no presta atención, ¿es un trastorno o es que está procesando algo que le pasa en casa? Son preguntas incómodas, pero necesarias.
Acá, en Argentina, el debate resuena fuerte. Las familias y los docentes conviven con esa duda todos los días: ¿esto es TDAH o es una respuesta al entorno escolar? ¿Le damos un diagnóstico o le damos otra cosa? No hay respuestas fáciles, y cualquiera que te diga lo contrario te está vendiendo humo.
La pregunta que todos se hacen
¿Mi hijo tiene TDAH o es que no lo estamos educando bien? Esa es la pregunta que me hicieron mil veces, y que yo mismo me hice otras tantas. La respuesta honesta es: no lo sé. Y el que te diga que lo sabe con certeza, sin haberte visto criar, te está mintiendo.
Lo que sí sé es que el diagnóstico no rompe al chico. A veces lo explica. Cuando a mi hijo le dieron el diagnóstico, sentí un alivio enorme, pero también una culpa terrible. ¿Cómo no me di cuenta antes? ¿Cuántas veces lo reté por algo que no podía controlar? Esa culpa también necesita lugar. Nadie habla de la culpa del papá y de la mamá. Nadie dice que está bien equivocarse criando, siempre y cuando después te ocupes.
Pero también es cierto que hay una alerta legítima en la comunidad profesional. Si cada nene inquieto o distraído recibe una etiqueta y una pastilla, estamos tapando con un diagnóstico lo que en realidad es un problema del sistema educativo, de la dinámica familiar o de la salud emocional. No digo que el TDAH no exista. Existe, y es real. Pero no todos los comportamientos infantiles que molestan en el aula son TDAH. Y ahí está el límite fino que los expertos marcan.
La guía práctica: qué hacer cuando sospechás que tu hijo tiene TDAH
No soy médico, y esto no reemplaza una consulta profesional. Pero te puedo contar lo que a mí me sirvió, y lo que vi que les sirvió a otros padres en el grupo del Turco. Acá va, paso a paso, sin vueltas.
1. Observá sin juzgar
Antes de buscar un diagnóstico, mirá a tu hijo. No al comportamiento que te molesta, sino a él. ¿Cuándo está más tranquilo? ¿Qué lo apasiona? ¿En qué momentos se concentra sin esfuerzo? Anotá todo. Ese registro te va a servir para hablar con el profesional y para entender que tu hijo no es un problema: es una persona con un funcionamiento distinto.
2. Hablá con la escuela, pero con cuidado
Los docentes pueden ser aliados o verdugos. Depende. Si el maestro te dice que tu hijo ‘no para de moverse’ o ‘no presta atención’, no lo tomes como una acusación. Tomalo como un dato. Pero también preguntá cómo es el aula, cuántos chicos hay, qué metodología usan. A veces el problema no es el nene, sino el entorno. Y eso también hay que decirlo, sin miedo.
3. Consultá con un profesional especializado
No con cualquiera. Buscá un neurólogo infantil o un psicólogo con experiencia en TDAH. El diagnóstico no se hace con un test online ni con una lista de síntomas que leíste en internet. Se hace con entrevistas, observación y evaluación integral. Si el profesional te receta algo a la primera consulta, sin haberte escuchado bien, buscá una segunda opinión. Eso no es desconfianza: es responsabilidad.
4. No te cases con la etiqueta
El diagnóstico es una herramienta, no una identidad. Tu hijo no es ‘el TDAH’. Es un nene que tiene TDAH, entre otras mil cosas. Si te quedás solo con la etiqueta, vas a ver solo eso. Y te vas a perder al pibe que dibuja, que juega, que te abraza. Eso también es parte del cuadro.
5. Cuidá tu vínculo con tu hijo
Esto es lo más importante. Más que la medicación, más que la terapia, más que las técnicas de estudio. El vínculo. Si tu hijo siente que lo mirás con amor y no con reproche, va a poder atravesar cualquier cosa. Yo aprendí que al pibe se lo abraza, no se lo corrige todo el tiempo. Y que el abrazo no es un premio: es un derecho.
6. Buscá una red de padres
No estás solo. Hay grupos de padres, presenciales y virtuales, donde se comparte sin careta. Ahí conocí al Turco, y ahí encontré gente que me entendía sin que yo tuviera que explicar nada. Buscá tu red. No importa si es un grupo formal o tres amigos que están en la misma. Necesitás gente que te diga ‘yo también’ cuando contás que tu hijo se tiró al piso en el supermercado.
7. Informate, pero con fuentes serias
Hay mucha basura dando vueltas. Buscá información en lugares confiables, como la Asociación Argentina de Psiquiatría Infantil o la Sociedad Argentina de Pediatría. Y leé con ojo crítico. Si algo te promete una cura milagrosa o te dice que el TDAH no existe, desconfiá. La verdad está en el medio, y casi siempre es más aburrida que los titulares.
8. Acompañá a tu hijo en la escuela
Si el diagnóstico es confirmado, hablá con la escuela. Hay adecuaciones que se pueden pedir, como más tiempo en los exámenes o un lugar en el aula con menos distracciones. No es un privilegio: es un derecho. Pero ojo, hacelo con tacto. No vayas a pelear, andá a dialogar. Los docentes también necesitan herramientas, y si vos las tenés, compartilas.
9. Cuidate vos también
El padre y la madre también se agotan. No es egoísmo cuidarse: es necesidad. Si vos estás destruido, no podés sostener a nadie. Hacé espacio para tus cosas, pedí ayuda cuando la necesites, y no te sientas culpable por eso. ‘Hoy alcanza con lo que pudiste’, me digo a mí mismo cuando el día fue difícil. Y alcanza, de verdad.
10. No te compares con otras familias
Cada nene es un mundo, y cada familia también. Lo que le funcionó al hijo del Turco puede no funcionarle al tuyo. Y está bien. No estás en una carrera. Estás criando a un pibe, y eso se hace a paso lento, con errores y aciertos. Compararte con otros solo te va a generar más culpa, y la culpa no cría bien.
Preguntas de la gente
¿Cómo sé si mi hijo tiene TDAH o es solo inquietud normal?
No hay una respuesta única. La inquietud es normal en la infancia, pero el TDAH se caracteriza por una dificultad sostenida en la atención, la impulsividad y la hiperactividad que afecta la vida cotidiana en varios ámbitos (casa, escuela, amigos). Si la conducta es constante, intensa y genera problemas reales, vale la pena consultar con un profesional. Pero no te apures a etiquetar: un nene puede ser inquieto sin tener TDAH.
¿La medicación es la única opción?
No. La medicación es una herramienta más, no la única, y siempre debe ser indicada por un médico. Hay abordajes psicológicos, pedagógicos y familiares que también son importantes. La decisión de medicar o no es compleja y debe tomarse con información y acompañamiento profesional. Nunca decidas solo, y nunca dejes que te presionen.
¿El TDAH se cura?
No se cura en el sentido de que desaparece, pero se trata y se aprende a convivir con él. Muchos adultos con TDAH llevan vidas plenas y exitosas. Lo importante es el diagnóstico temprano y el acompañamiento adecuado. No es una condena, es una condición que se maneja.
¿Qué hago si la escuela me presiona para que medique a mi hijo?
Primero, respirá. La escuela no puede indicar medicación, y vos no tenés que aceptar una presión de ese tipo sin consultar con un profesional de salud. Pedí una reunión, llevá tus dudas y pedí que te expliquen qué observan ellos. Y consultá con un médico de confianza. La decisión es de la familia, con el equipo de salud, no de la escuela.
¿El TDAH es un invento de la industria farmacéutica?
No. El TDAH es un trastorno reconocido por la comunidad científica internacional, con criterios diagnósticos claros. Otra cosa es que exista un sobrediagnóstico y una medicalización excesiva de comportamientos que no son patológicos. Eso es un debate válido y necesario. Pero negar la existencia del TDAH no ayuda a los chicos que sí lo tienen.
No estás solo
Si llegaste hasta acá, probablemente es porque algo de esto te toca. Tal vez sos papá, mamá, docente, o simplemente alguien que quiere entender. Sea lo que sea, quiero que sepas algo: no estás solo. Tu hijo no está roto, y vos tampoco. El camino es difícil, pero se transita. Y se transita mejor cuando te rodeás de gente que te abraza, no que te juzga.
Yo guardo los dibujos de mi hijo en la heladera, y cada vez que los miro, me acuerdo de esa noche en el patio, de los mates largos y de los audios del Turco. ‘Vos ocupate, no te culpes.’ Eso hago. Eso hago todos los días, con errores y aciertos, con días buenos y días malos. Y vos también podés.
Respirá, papá, mamá: esto se transita. No estás roto, y tu hijo tampoco. Hoy alcanza con lo que pudiste. Y mañana, también.
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Este contenido es informativo y no reemplaza la consulta médica. No indiques dosis ni tratamientos. Ante cualquier duda o síntoma, consultá a tu médico o profesional de la salud. El TDAH lo diagnostica y trata un profesional; acá compartimos experiencia, no indicaciones médicas.
