Por Ana Belén Rossi, psicopedagoga especializada en TDAH
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La historia que me enseñó a mirar distinto
Hace unos años, en una escuela de Córdoba capital, conocí a Thiago. Siete años, mirada inquieta, piernas que no paraban. La maestra de primer grado me dijo, en voz baja, como si fuera un secreto: “No para, no escucha, no copia del pizarrón. Creo que tiene algo”.
Lo observé una mañana entera. Thiago se paraba, se sentaba, miraba la ventana, tocaba el lápiz, lo mordía, lo dejaba. La maestra le decía “sentate”, “prestá atención”, “dejá eso”. Cada cinco minutos. Y él, cada vez más tenso, más inquieto, más “desobediente”.
Le pedí permiso a la seño para probar algo. Agarré una hoja A4, la doblé en cuatro partes iguales, y dibujé un sol en el primer cuadrado. “Mirá, Thiago: cuando termines el primer renglón, pintás el sol. Después el segundo renglón, y pintás la nube. Y así”. Le puse la hoja al lado del cuaderno. Él me miró, desconfiado. “¿Y después?”, preguntó. “Después, cuando termines los cuatro cuadraditos, tenés cinco minutos para dibujar lo que quieras atrás de la hoja”.
Thiago hizo los cuatro renglones en quince minutos. Sin que nadie le dijera nada. La maestra me dijo, después: “Pero si puede, ¿entonces es vago cuando no quiere?”. Y ahí entendí, una vez más, lo que la seño Marta me enseñó con sus fichas de alumnos “difíciles”: el que no encaja en el molde, capaz que el molde está mal.
Thiago no era vago. Thiago necesitaba que alguien le partiera la tarea en pedacitos que su cerebro pudiera abarcar. Necesitaba una meta visible, un premio inmediato, un “¿y después?” que no fuera un castigo.
Esa hoja doblada en cuatro no era un diagnóstico. Era una estrategia. Y a veces, una estrategia simple aplicada gana a un diagnóstico perfecto guardado en un cajón.
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La noticia que nos llega desde España
El Periódico informó que España aprobó el sulfato de dexanfetamina para tratar el TDAH en niños y adolescentes. Es la primera novedad farmacológica en más de una década para el TDAH infantil en ese país. La fuente es clara: El Periódico, 10 de febrero de 2026 (https://www.elperiodico.com/es/sanidad/20260210/llega-espana-nuevo-farmaco-tratamiento-tdah-ninos-adolescentes-126655348).
¿Qué implica esto para Argentina? Argentina sigue de cerca las aprobaciones de la EMA (Agencia Europea de Medicamentos), que suelen influir en las evaluaciones de ANMAT. La llegada de un nuevo tratamiento podría ampliar las opciones disponibles en el país, donde el acceso a medicamentos para TDAH es limitado.
Pero acá quiero hacer una pausa. Porque cuando hablamos de TDAH, tendemos a saltar directo a la medicación como si fuera la única respuesta. Y no lo es. La medicación puede ser una herramienta valiosa, sí. Pero no es la única, y no siempre es la primera.
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La pregunta que todos se hacen
“¿Le tengo que dar remedio a mi hijo?”
Esa pregunta me la hacen todas las semanas. Madres y padres angustiados, que ya probaron de todo: retos, castigos, promesas, cuadernos con notas en rojo. Y llegan a mi consultorio con los ojos cansados y la voz quebrada.
Mi respuesta siempre es la misma: “Bajemos un cambio y vamos por partes”.
Lo primero: el TDAH lo diagnostica un profesional. Neurólogo, psiquiatra o psicólogo con formación específica. No la maestra, no la vecina, no el tío que “era igual de chico”. Si tenés sospechas, el primer paso es la consulta médica. Esto no se reemplaza con nada.
Lo segundo: si hay diagnóstico, la medicación es una opción que se evalúa con el médico. No es obligatoria. No es para todos. No es “la salida fácil”. Y no es algo que decida una nota de periódico ni una columna de opinión como esta.
Lo tercero, y esto no viene en los folletos: la medicación sola no alcanza. El chico con TDAH necesita un entorno que lo entienda. Una escuela que adapte las consignas. Una familia que sepa que “no quiere” no es lo mismo que “no puede”. Una mochila de estrategias que lo ayuden a organizarse, a regularse, a no sentirse un fracaso.
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Guía práctica: 5 pasos para acompañar a un chico con TDAH (en casa y en la escuela)
1. Partí la tarea en pedacitos
El cerebro con TDAH no procesa bien las instrucciones largas. “Hacé la tarea” es una orden gigante, difusa, imposible. En cambio, “abrí el cuaderno, escribí la fecha, copiá el primer punto” es concreto. Usá un cronómetro visual. O una hoja doblada en cuatro, como Thiago. Una cosa a la vez, que alcanza.
2. El entorno es tu aliado (o tu enemigo)
Antes de pedirle al chico que cambie, mirá qué podemos cambiar del entorno. ¿El escritorio está frente a la ventana? ¿Hay ruido de televisión? ¿El cuaderno tiene demasiados estímulos? A veces, correr el escritorio de lugar o poner auriculares con música instrumental cambia todo.
3. Las instrucciones visuales funcionan mejor que las orales
No le digas “ordená tu mochila”. Mostrale una foto de cómo tiene que quedar. Hacé un tablerito con dibujos: mochila, cuadernos, cartuchera, botella de agua. Que él pueda ir tachando lo que ya hizo. El TDAH no es un problema de “no querer hacer”, es un problema de “no saber por dónde empezar”.
4. El refuerzo inmediato no es un premio, es una necesidad
El cerebro con TDAH tiene dificultades para conectar una acción con su recompensa futura. “Si estudiás hoy, aprobás el mes que viene” no funciona. “Si terminás este ejercicio, tenés cinco minutos de dibujo” sí funciona. No es soborno. Es andamiaje.
5. Hablá con la escuela
Pedí una reunión con la maestra o el profesor. No para quejarte, sino para construir juntos. Preguntá: “¿Qué estrategias están usando? ¿Cómo podemos ayudar desde casa? ¿Hay adaptaciones posibles?”. Muchas veces, sentar al chico adelante, darle más tiempo en los exámenes o reducir la cantidad de ejercicios por hoja marca una diferencia enorme.
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Preguntas de la gente
¿El sulfato de dexanfetamina es mejor que el metilfenidato?
No soy médica, así que no puedo comparar fármacos. Lo que sí sé es que cada organismo reacciona distinto. Lo que funciona para un chico puede no funcionar para otro. La elección del tratamiento la hace el médico, evaluando el perfil de cada paciente. No existe el “mejor” fármaco en abstracto.
¿Cuándo va a estar disponible en Argentina?
No hay fecha confirmada. ANMAT evalúa las aprobaciones de agencias internacionales como la EMA, pero los tiempos son variables. Pueden ser meses o años. Lo importante es que esta noticia abre el debate y puede presionar para que el proceso sea más ágil. Mientras tanto, las opciones actuales siguen siendo válidas.
Mi hijo no tiene diagnóstico pero la maestra dice que “no para”. ¿Le pido el estudio?
Primero, hablá con el pediatra. Contale lo que observás en casa y lo que dice la escuela. El pediatra puede orientarte sobre si corresponde una consulta con un neurólogo o psicólogo. No te apures a etiquetar. A veces, un chico inquieto solo necesita más movimiento, menos horas de pantalla o una rutina más clara.
¿La medicación cambia la personalidad del chico?
La medicación para el TDAH no cambia la personalidad. Lo que hace es ayudar al cerebro a regular la atención y el control de impulsos. Si un chico está más tranquilo con medicación, no es que esté “dopado”: es que su cerebro puede funcionar sin el ruido de fondo constante. Dicho esto, si notás cambios que te preocupan (apatía, tristeza, falta de apetito), hablalo con el médico. Puede ser que la dosis o el fármaco no sean los adecuados.
¿Hay algo que pueda hacer en casa sin medicación?
Sí, mucho. Rutinas predecibles, horarios fijos para comer y dormir, pantallas limitadas (sobre todo antes de dormir), actividad física todos los días, y consignas claras y cortas. También sirve mucho reducir el desorden visual: menos juguetes a la vista, menos estímulos. El entorno ordenado ayuda al cerebro desordenado.
¿El TDAH se cura?
No se “cura” en el sentido de que desaparece. Pero se aprende a vivir con él. Muchos adultos con TDAH desarrollan estrategias que les permiten funcionar bien. El tratamiento (sea farmacológico, terapéutico o ambos) ayuda a que el chico no arrastre fracasos escolares ni baja autoestima. El objetivo no es “curar”, es que el chico pueda desarrollar todo su potencial.
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Una herramienta para hoy
Esta semana, probá esto: agarrá una hoja y dibujá un semáforo. Verde, amarillo, rojo. Pegalo en la pared del cuarto o en la heladera. Cuando el chico esté tranquilo y concentrado, señalá el verde. Cuando empiece a distraerse, señalá el amarillo. Cuando ya no pueda más, señalá el rojo y decile: “Pará. Hacemos otra cosa y después volvemos”.
No es magia. Es darle al cerebro una señal visual clara de dónde está parado. El TDAH no es falta de voluntad. Es falta de herramientas. Y las herramientas se pueden aprender.
Este contenido es informativo y no reemplaza la consulta médica. Ante cualquier duda o síntoma, consultá a tu médico o profesional de la salud. El TDAH lo diagnostica y trata un profesional (neurólogo, psiquiatra o psicólogo). No sugerimos diagnósticos ni indicamos dosis o tratamientos.
