🧠 Guías para familias con TDAH · Comunidad gratuita en Telegram  →  @tdahfamilias en Telegram
← Volver a las guías

Haciendo amigos: Cómo ayudarlo a leer las señales sociales sin forzarlo a ‘encajar’ a la fuerza.

18/09/2026 · 9 min de lectura

Haciendo amigos: Cómo ayudarlo a leer las señales sociales sin forzarlo a ‘encajar’ a la fuerza.

Todavía tengo la carpeta de la seño Marta. Adentro hay fichas escritas a mano, con esa letra inclinada que usaba ella, y en una dice: “El que no encaja en el molde, capaz que el molde está mal”. La guardo desde tercer grado y la releo cada vez que una familia me trae el mismo nudo: mi hijo no tiene amigos, no sabe acercarse, se queda solo en el recreo.

Me pasó hace poco con Tomás, un nene de ocho años que llegó a mi consultorio con la mochila llena de etiquetas que le habían puesto en la escuela. Que no mira a los ojos, que interrumpe, que se ríe cuando no corresponde. La mamá me dijo una frase que me quedó grabada: “Lo único que quiero es que tenga un amigo”. Y yo pensé en mi maestra, en sus fichas, en esa idea de mirar distinto antes de pedirle al chico que cambie.

Empezamos por algo chiquito. Nada de manuales ni de role playing complicado. Le propuse a Tomás que, durante una semana, se fijara en una sola cosa: cómo se acercan los chicos cuando quieren jugar con otro. No qué dicen. Cómo se paran, a qué distancia, si esperan un turno. Una cosa a la vez, que alcanza. A la semana siguiente me contó que había visto que “primero se quedan cerca y esperan que el otro los mire”. Eso, solo eso, le abrió una puerta. No se convirtió en el alma de la fiesta. Pero dejó de irrumpir en el medio del juego como un tren sin frenos.

Lo que aprendí con Tomás, y con muchos pibes como él, es que las habilidades sociales no se enseñan como una materia. Se destraban cuando bajamos la exigencia de “caer bien” y subimos la de “entender qué pasa alrededor”.

La pregunta que todas las familias me hacen

“¿Se puede enseñar a hacer amigos?” La respuesta corta es sí. La respuesta honesta es: no de la manera en que la mayoría lo imagina.

Cuando hablamos de habilidades sociales autismo leve —y aclaro que el diagnóstico lo hace un profesional, yo trabajo sobre las estrategias—, no estamos hablando de convertir a un chico en otra persona. Estamos hablando de darle herramientas para leer un código que, para él, no viene de fábrica. Los demás lo aprenden sin darse cuenta, mirando, imitando, equivocándose. Él necesita que alguien se lo muestre. Como cuando aprendés a manejar: nadie nace sabiendo dónde está el embrague.

Ahora, la advertencia que no viene en los folletos: forzar el “encajar” hace más daño que el aislamiento. He visto chicos que aprendieron a sonreír cuando no tienen ganas, a aguantar un abrazo que les molesta, a decir “sí” cuando quieren decir “no”. Eso no es tener habilidades sociales. Eso es actuar. Y actuar cansa. Cansa tanto que muchos terminan con la batería en cero a las tres de la tarde, sin saber por qué.

Mi trabajo no es que el chico se parezca al resto. Es que pueda estar con otros sin traicionarse. La diferencia es enorme, aunque a simple vista parezca lo mismo.

La guía para acompañarlo, paso a paso

1. Empezá por mirar el entorno, no al chico

Antes de pedirle que cambie, fijate qué podemos cambiar nosotros. ¿El recreo es un caos de gritos y empujones? Capaz que él necesita un espacio más tranquilo para encontrarse con alguien. ¿El aula tiene grupos armados de años? Capaz que la maestra puede armar una actividad en parejas que rote. ¿Y si el problema no es el chico?

2. Elegí una sola señal para trabajar por vez

No sirve decirle “tenés que ser más sociable”. Es demasiado. Elegí una: cómo iniciar una conversación, cómo esperar el turno, cómo saber si el otro quiere seguir jugando. Una por semana. Con fibrones de colores armamos un tablerito visual con esa señal dibujada. Parece simple y funciona.

3. Enseñale a leer el cuerpo, no solo las palabras

Muchos chicos con dificultades sociales escuchan lo que se dice pero no ven lo que el cuerpo dice. Los brazos cruzados, el pie que se mueve, la mirada que se va. Practiquen en casa mirando videos sin sonido: “¿Qué te parece que siente esta persona?”. Es un juego, no una lección.

4. Dale guiones, no reglas

“Cuando quieras jugar, acercate, esperá que te mire y preguntá si podés jugar”. Eso es un guion. Las reglas abstractas (“sé respetuoso”) no le dicen nada. Los guiones sí. Escribilos, dibujalos, pegalos en la cartuchera si hace falta.

5. Buscá intereses compartidos, no multitudes

Un amigo con el mismo interés vale más que diez compañeros con los que no conecta. Si le apasionan los dinosaurios, buscá el taller de dinosaurios. Los vínculos se arman sobre algo en común, no sobre la obligación de caer bien.

6. Enseñale a decir “no” y a pedir ayuda

Esto casi nunca se enseña y es clave. Un chico que sabe poner límites está más protegido que uno que aprende a complacer. Practiquen frases: “Ahora no quiero”, “Eso no me gusta”, “¿Me ayudás?”. Son habilidades sociales tanto como decir “hola”.

7. No lo mandes a “socializar” sin red

Si lo dejás en una fiesta llena de gente esperando que se arregle solo, lo más probable es que la pase mal. Armá un plan: a qué hora llega, con quién va, cuánto tiempo se queda, cómo avisa si necesita irse. La red no lo hace dependiente. Lo hace valiente.

8. Trabajá con la escuela, no contra ella

Pedí una reunión. Contá qué está funcionando en casa y qué necesita en el aula. Muchas veces el chico no está solo por su dificultad, sino porque nadie armó el puente. La seño Marta lo sabía: hay que mirar distinto.

9. Celebra los intentos, no solo los logros

Si se acercó a preguntar y le dijeron que no, igual lo hizo bien. El intento es el aprendizaje. Si solo festejamos cuando sale perfecto, le enseñamos que equivocarse no vale. Y equivocarse es como se aprende.

10. Cuidá su batería social

Algunos chicos necesitan más tiempo solo para recargar. No es que no quieran a los demás. Es que su energía social se agota antes. Respetá ese ritmo. Un rato de silencio no es un problema: es parte del plan.

¿Es lo mismo habilidades sociales que ser extrovertido?

No. Podés tener buenas habilidades sociales y ser tranquilo, de pocos amigos. Lo que importa es poder relacionarte cuando vos querés, no la cantidad de gente que tenés alrededor.

¿A qué edad se pueden empezar a trabajar estas cosas?

Desde chiquitos, adaptando la herramienta a la edad. Con un nene de cuatro años usás juego y dibujos. Con un adolescente, conversación y ejemplos de la vida real. Nunca es tarde ni demasiado temprano.

¿Tengo que decirle que tiene autismo o TDAH?

Eso lo decide cada familia con su profesional. Lo que sí recomiendo es hablarle con honestidad, sin etiquetas que suenen a sentencia. Poner una etiqueta no es lo mismo que entender a un pibe. La información bien dada ayuda; la etiqueta mal puesta, hunde.

¿Y si en la escuela lo tratan de raro?

Ahí hay trabajo con el grupo y con los docentes, no solo con el chico. Si el aula no está preparada para la diversidad, el problema es del aula. Pedí intervención, contá lo que pasa, no lo dejes solo con eso.

¿Sirve obligarlo a ir a cumpleaños o actividades?

Obligar no sirve. Ofrecer opciones con red de apoyo, sí. Un rato corto, con alguien conocido, con salida clara. La exposición sin contención genera más rechazo que otra cosa.

¿Cuándo conviene consultar a un profesional?

Cuando el chico sufre por no poder relacionarse, cuando se aísla, cuando vuelve del colegio angustiado. No esperes a que “se le pase”. El acompañamiento a tiempo cambia el recorrido.

Una herramienta para hoy

Te dejo una sola, para esta semana. Se llama el mapa de las señales y se hace en diez minutos.

Sentate con tu hijo o tu alumno y dibujen juntos tres caritas: una contenta, una aburrida y una enojada. Al lado de cada una, escriban una señal del cuerpo que la delate. La contenta: mira, se acerca, sonríe. La aburrida: mira para otro lado, bosteza. La enojada: frunce el ceño, se cruza de brazos.

Después, durante la semana, cuando vean a alguien, jueguen a adivinar cuál de las tres caritas tiene puesta esa persona. Sin corregir, sin evaluar. Solo mirar y nombrar.

Eso es todo. No es magia. Es empezar por leer el mundo antes de pedirle que lo conquiste. Como me enseñó la seño Marta, a veces el molde está mal, no el chico. Y cuando dejamos de exigirle que encaje, recién ahí empieza a encontrar su lugar.

—

Este contenido es informativo y no reemplaza la consulta médica. El TDAH y las condiciones del neurodesarrollo las diagnostica y trata un profesional (neurólogo, psiquiatra o psicólogo). Ante cualquier duda, consultá con tu médico o profesional de la salud.

Fuente consultada: Euronews Salud — La medicación para el TDAH en la infancia reduce el riesgo de psicosis, según un estudio (25 de marzo de 2026). Estudio liderado por la Universidad de Edimburgo y publicado en JAMA Psychiatry.

Ana Belén Rossi
Escrito por Ana Belén Rossi

Trabajo hace años acompañando a chicos con TDAH en la escuela y en casa. Comparto estrategias concretas para aplicar hoy. Voz editorial de TDAH Familias, con asistencia de IA. Contenido informativo, no reemplaza la consulta profesional.

Red de Comunidades

Explorá toda nuestra comunidad

Contenido gratuito sobre salud, hogar, tecnología y más

⚽PredictorIA 🧠TDAH Familias 👶Bebés Familias 🐾MascotasIA 🎗️Hemofilia 🕯️Velas de Lucro ☀️Energía Solar 🌱AquaRaíz 🖨️PuntoMaker 🎙️Setup Creadores