Por Ana Belén Rossi, psicopedagoga especializada en TDAH — Córdoba
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Una escena que se repite
Me pasó hace unos años, en una escuela de barrio acá en Córdoba. Me llega una nena de siete, segunda grado. La maestra me dice: “no para, no copia del pizarrón, se pierde, se levanta, molesta”. La mamá, del otro lado, me dice otra cosa: “en casa es igual, no termina la tarea, se frustra, llora”. Dos relatos, un mismo pibe. Y una etiqueta que ya venía puesta: “vaga”.
Yo abrí mi cartuchera —la de siempre, la que tengo llena de fibrones de colores— y armé un tablero visual con tres pasos para la mañana: sacar la cartuchera, copiar el título, esperar la consigna. Nada más. Tres cuadraditos con dibujos. A la semana, la nena copiaba el pizarrón. No porque hubiera cambiado ella. Porque cambiamos lo que había alrededor.
Eso es lo que aprendí de la seño Marta, mi maestra de tercero, que ya no está. Ella guardaba fichas de alumnos “difíciles” y en los márgenes anotaba cosas como “brillante, pero se pierde”. Su frase me acompaña siempre: “El que no encaja en el molde, capaz que el molde está mal.”
Te cuento esto porque hay una noticia que me parece importante y quiero aterrizarla para vos.
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Qué pasó, concretamente
Según informó Redacción Médica (podés leer la nota completa acá: https://www.redaccionmedica.com/secciones/psiquiatria/el-nice-incluye-el-tdah-como-factor-asociado-al-autismo-1057), el Instituto Nacional de Excelencia para la Salud y la Atención del Reino Unido (NICE) actualizó su guía para la detección, remisión y diagnóstico de los trastornos del espectro autista en menores de 19 años. Entre los cambios, incorpora al TDAH como factor asociado al autismo.
Eso es lo verificable. Dos datos, ni uno más: el NICE actualizó su guía para detección, remisión y diagnóstico de trastornos del espectro autista en menores de 19 años, e incluye al TDAH como factor asociado al autismo.
Ahora, ¿por qué esto importa en Argentina? Porque los pediatras y neurólogos de acá suelen tomar como referencia los consensos internacionales. Cuando el NICE mueve una pieza, muchas veces esa pieza termina moviendo algo en el consultorio de un neuropediatra de Córdoba, de Rosario o de La Plata. No es automático, pero es una señal.
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La pregunta que todos se hacen
“¿Y esto cambia algo en mi casa?”
Mi respuesta honesta: puede cambiar el punto de partida de una consulta. Y eso, a veces, es todo.
Durante mucho tiempo, autismo y TDAH se pensaron como cosas separadas. Como si un chico pudiera tener una y no la otra, como si fueran cajones que no se tocan. La realidad clínica muestra otra cosa: hay pibes que tienen las dos, y cuando solo se mira una, la otra queda en el aire. Y lo que queda en el aire, en general, se convierte en “se porta mal”, “no se esfuerza”, “es vago”.
Acá va la advertencia que no viene en los folletos: una guía actualizada no diagnostica a nadie. El NICE no conoce a tu hijo. Lo que hace una guía es ordenar la mirada del profesional para que no se le escape nada. Es un mapa, no un territorio. Si un pediatra lee esto y empieza a preguntar por ambas cosas en la misma consulta, ganamos. Si alguien lo lee y sale a etiquetar por su cuenta, perdemos.
Y hay otra cosa que quiero decir, aunque me la discutan: el diagnóstico temprano autismo leve —esa franja que muchas veces se escapa porque el chico “habla bien”, “anda bien en la escuela”— es justamente donde más se demora la consulta. No porque los padres no vean, sino porque el entorno no lo marca como problema hasta que aparece el conflicto. Ahí es donde el TDAH asociado suele ser la punta del ovillo.
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Guía práctica: 9 pasos para no esperar a que “ya se le pase”
Bajemos un cambio y vamos por partes. Esto no es un protocolo clínico, es lo que yo miro en el aula y lo que les sugiero a las familias cuando me consultan.
1. Dejá de esperar el “ya se le va a pasar”
Ese es el error más caro. La espera no es neutra: mientras esperás, el pibe acumula fracasos, retos y comparaciones. Y el costo emocional de eso es altísimo. Si algo te preocupa hace más de seis meses y se repite en dos contextos (casa y escuela), eso ya es motivo de consulta. No hace falta tener certeza. Hace falta tener pregunta.
2. Anotá lo que ves, no lo que interpretás
“Es vago” no es un dato. “Tarda 40 minutos en empezar la tarea y se levanta tres veces” sí lo es. Armá una hoja con tres columnas: qué pasó, cuándo, qué había alrededor. En dos semanas vas a tener un material que ningún profesional puede ignorar. Yo uso fibrones de colores para separar contextos: verde casa, azul escuela, naranja actividades.
3. Mirá la atención y la interacción social por separado
En el aula, un chico con TDAH se distrae, se mueve, interrumpe. Un chico con autismo leve puede quedarse quieto pero no captar el chiste, no seguir el ritmo del grupo, no entender el “entre líneas”. Cuando las dos cosas aparecen juntas, muchas veces una tapa a la otra. Si solo mirás la conducta, te perdés el resto.
4. Llevá el registro al pediatra, no la conclusión
No vayas diciendo “tiene autismo” ni “tiene TDAH”. Andá con la hoja. Decí: “esto es lo que veo, esto es lo que me preocupa, necesito orientación”. El diagnóstico lo hace un profesional formado —neurólogo, psiquiatra infantil o psicólogo—, no vos, no yo, no la maestra. Pero tu registro es la materia prima.
5. Preguntá explícitamente por la comorbilidad
Si ya hay un diagnóstico de autismo, preguntá por TDAH. Si ya hay un diagnóstico de TDAH, preguntá por rasgos del espectro autista. No des por sentado que el profesional lo va a mirar solo. La actualización del NICE va justo en esa dirección: que se miren juntas.
6. Adaptá el entorno antes de pedirle al chico que cambie
Esto es lo que más me importa. Antes de decirle “concentrate”, preguntate: ¿el aula tiene demasiado estímulo visual? ¿La consigna es larga y oral? ¿Hay 30 chicos y un solo adulto? Un tablero visual con tres pasos, un lugar con menos ruido, una consigna escrita además de dicha. Cambios chicos, resultados grandes.
7. Cuidado con el “leve”
“Leve” no significa “no importa”. Significa que el chico puede sostener muchas cosas, pero a un costo que no se ve. Es el pibe que llega a casa y explota después de aguantar todo el día. Si solo mirás el boletín, te lo perdés.
8. Coordiná casa y escuela con el mismo lenguaje
Si en casa se usa un tablero visual, en la escuela también. Si en la escuela hay una señal para pedir ayuda, en casa también. La coherencia no es un lujo: es lo que hace que una estrategia funcione. Una estrategia simple aplicada gana a un diagnóstico perfecto guardado en un cajón.
9. Pedí acompañamiento para vos también
Esto no lo dice ninguna guía y debería. Una familia que consulta, que registra, que sostiene, también necesita apoyo. No estás solo en esto, y pedir ayuda no es debilidad.
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Preguntas de la gente
¿Esto significa que todos los chicos con autismo tienen TDAH?
No. El NICE incorpora al TDAH como factor asociado, no como condición obligatoria. Significa que hay que mirarlo, no que esté siempre presente. La evaluación la hace un profesional.
¿A qué edad conviene consultar si noto algo?
Cuando la preocupación persiste y se repite en más de un contexto. No hay una edad mágica. Cuanto antes se consulte, antes se puede acompañar. Esperar “a que madure” suele costar más caro.
¿Un pediatra puede diagnosticar autismo o TDAH?
El pediatra es la puerta de entrada y puede orientar, pero el diagnóstico lo hace un profesional formado en esto: neurólogo infantil, psiquiatra infantil o psicólogo especializado. Lo importante es que la consulta no se cierre en “ya va a mejorar”.
¿Qué hago si la escuela me dice que mi hijo “es vago”?
Primero, respirá. Segundo, pedí ejemplos concretos: qué hace, cuándo, en qué materias. Tercero, llevá esos ejemplos a un profesional. “Vago” no es un diagnóstico, es una interpretación. Y muchas veces es una interpretación equivocada.
¿Sirve un tablero visual si mi hijo tiene TDAH y no autismo?
Sí. Los apoyos visuales ayudan a cualquier chico que se pierde en la secuencia, que se olvida de los pasos o que necesita anticipar. No es exclusivo del espectro autista. Es una herramienta de organización, y sirve.
¿Esta actualización del NICE cambia algo en Argentina?
Puede influir en la formación y en la práctica de los profesionales que siguen consensos internacionales. No es una norma local ni reemplaza lo que indica tu obra social o prepaga. Es una referencia, y como tal, orienta.
¿Qué pasa si espero a que “ya se le pase”?
En algunos casos, algunas conductas se acomodan con la maduración. En otros, no. El problema de esperar sin consultar es que el chico acumula experiencias de fracaso y de reto. Eso deja marcas que después cuesta más reparar que una consulta a tiempo.
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Una herramienta para hoy
Te dejo una sola cosa, concreta, para esta semana. Agarrá una hoja y un fibrón —de los que tengo mil, elegí el color que más te guste— y armá un tablero de tres pasos para el momento más difícil del día: la mañana, la tarea, la hora de dormir. Tres cuadraditos, con dibujo o palabra, en el orden en que van. Pegalo a la altura del chico. No expliques de más. Solo mostralo y hacelo con él las primeras veces.
Tres pasos. Nada más. Una cosa a la vez, que alcanza.
Y si en dos semanas seguís preocupada, guardá ese tablero y lleválo a la consulta. Porque una estrategia simple aplicada gana a un diagnóstico perfecto guardado en un cajón. Pero un diagnóstico a tiempo, acompañado de estrategias, cambia la vida de un pibe. Y de su familia.
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Este contenido es informativo y no reemplaza la consulta médica. No se indican dosis ni tratamientos. Ante cualquier duda o síntoma, consultá a tu médico o profesional de la salud. El TDAH y el autismo los diagnostica y trata un profesional (neurólogo, psiquiatra o psicólogo).
Fuente consultada: Redacción Médica — El NICE incluye el TDAH como factor asociado al autismo
