Te cuento algo que me pasó hace unos años. Vino a mi consultorio de Córdoba capital una mamá con su nene de siete, diagnosticado con TDAH, y me dijo una frase que me quedó grabada: “En el colegio me dicen que es vago, pero en casa no para quieto ni cuando llueve”. Ahí nomás entendí el nudo del problema. No era vagancia. Era un chico que necesitaba moverse y no encontraba dónde. La maestra le pedía que se quede sentado, la casa era chica, y el pibe terminaba saltando sobre el sillón hasta que alguien gritaba. Lo que hicimos fue simple: le armamos un circuito de descarga motora en el living, con almohadones y cinta de papel en el piso. En dos semanas, la mamá me contó que las tardes de lluvia dejaron de ser una batalla.
Esa experiencia me enseñó algo que repito siempre: antes de pedirle al chico que cambie, mirá qué podés cambiar del entorno. Y eso es exactamente lo que me vino a la cabeza cuando leí la noticia que publicó RTVE el 12 de julio, sobre una familia en Puebla de Obando, Badajoz, que denunció que el Colegio Público Jiménez Andrade ignora las necesidades educativas de sus dos hijos diagnosticados con TDAH. La fuente es RTVE y el enlace real es este: https://www.rtve.es/noticias/20260712/familia-dos-alumnos-diagnosticados-con-tdah-denuncia-colegio-ignora-necesidades-educativas-hijos/17130860.shtml
Mirá, lo que pasa en Badajoz pasa acá en Argentina todos los días. La brecha entre el diagnóstico y la adaptación real en el aula es enorme. Tenés el papel del neurólogo, tenés el informe, y sin embargo el pibe sigue sentado en el mismo banco, con la misma consigna, esperando que se adapte solo. Y no. El molde está mal, no el chico. Como decía mi maestra de tercer grado, la seño Marta: “El que no encaja en el molde, capaz que el molde está mal”. Guardo una carpeta suya con fichas de alumnos ‘difíciles’ que ella veía brillantes. Cuando dudo, la releo.
La pregunta que todos se hacen
¿Qué hago los días de lluvia cuando el nene no puede salir al patio y la casa parece un ring de boxeo? Esa es la consulta que más me llega. Y la respuesta no es “que se aguante” ni “que se siente a mirar una pantalla”. La respuesta es darle una salida motora organizada, con reglas claras y un principio y un fin.
Ahora, la advertencia honesta que no viene en los folletos: no todo juego de descarga sirve para todos los chicos. Hay pibes que se sobreestimulan con el movimiento y después les cuesta muchísimo bajar. Si tu hijo es de ese grupo, los juegos de descarga tienen que ser cortos, con un cierre tranquilo después. No es lo mismo un nene que necesita saltar veinte minutos que uno que con cinco ya se reguló. Esto lo vas a ver vos, en casa, no te lo va a decir ningún manual.
Cinco pasos para armar la descarga en el living
1. Delimitá el espacio antes de empezar
Con cinta de papel de pintor, marcá en el piso una zona. Puede ser un rectángulo de dos metros por uno. Ahí adentro se juega, afuera no. Eso le da al chico un mapa claro y te cuida los muebles. Los fibrones de colores de mi cartuchera también sirven para dibujar el circuito en un papel grande y que él lo siga.
2. Elegí juegos de ida y vuelta, no de caos
Almohadones en fila para saltar de uno al otro. Una pelota de media para patear contra la pared con puntería. Carreras de ida y vuelta entre dos puntos. Todos tienen algo en común: un inicio, un recorrido y un final. Eso ayuda a la autorregulación.
3. Poné un timer visible
Diez o quince minutos, y que el reloj lo vea. Cuando suena, se termina. Sin timer, el juego se estira, se desborda y termina en pelea. Con timer, el chico aprende que la descarga tiene un borde. Es una herramienta simple que aplica a casi todo.
4. Cerrá con algo de calma
Después del movimiento, dos o tres minutos de respiración con la mano en la panza, o un cuento corto, o música suave. No lo saltees. El cuerpo necesita bajar. Si no, el nene queda acelerado y la tarde se complica igual.
5. Anotá qué funcionó
En un cuaderno o en el celular, dos líneas: qué juego usaron y cómo terminó. En una semana vas a tener tu propio mapa. Lo que sirve para tu hijo no lo sabe nadie mejor que vos.
¿Y si rompe algo igual?
Va a pasar. Por eso el espacio delimitado y los objetos blandos. Si igual rompe, no es el fin del mundo: ajustá el juego, no lo canceles. La descarga motora es una necesidad, no un premio.
¿Sirve para nenes sin diagnóstico?
Sí. Cualquier chico que pasa muchas horas encerrado necesita moverse. La diferencia es que en el TDAH la necesidad es más intensa y más frecuente.
¿Cuánto tiempo por día?
Depende del chico. Como orientación, entre diez y veinte minutos dos veces al día en días de lluvia suele alcanzar para muchos pibes. Pero eso lo ajustás vos según lo que veas.
¿Puedo pedirle esto al colegio?
Sí, y conviene. La adaptación no es un favor, es un derecho. Si en Badajoz una familia tuvo que denunciar la inacción de la Inspección, acá también hay que reclamar. Con informe en mano, pedí por escrito las adaptaciones.
¿Y si no tengo espacio?
Un metro cuadrado alcanza. Saltos en el lugar, plancha, equilibrio en un pie. La descarga no necesita un gimnasio, necesita constancia.
¿Reemplaza al tratamiento?
No. Esto es una herramienta de casa, complementaria. El TDAH lo diagnostica y lo trata un profesional. Ante cualquier duda, consultá con tu médico.
Lo que me molesta de casos como el de Badajoz es que la familia tuvo que llegar a la denuncia para que alguien mire. Y lo que me duele es que, mientras tanto, dos pibes siguen sentados en un aula que no los ve. Una cosa a la vez, que alcanza. Pero empecemos por casa, hoy, con lo que tenemos.
Una herramienta para hoy
Esta semana, elegí un día de lluvia y armá con tu hijo un circuito de tres estaciones en el living: saltos sobre almohadones, patear una pelota de media contra la pared y volver corriendo a la marca. Poné el timer en doce minutos. Cuando suene, cierren con dos minutos de respiración con la mano en la panza. Anotá en un papelito cómo salió. Eso es todo. No necesitás más para empezar.
Este contenido es informativo y no reemplaza la consulta médica. No se indican dosis ni tratamientos. Ante cualquier duda o síntoma, consultá a tu médico o profesional de la salud. El TDAH lo diagnostica y trata un profesional (neurólogo, psiquiatra o psicólogo).
