La escena que me cambió la mirada
Me pasó en el consultorio, hace unos años. Llega una mamá desbordada con su nene de siete años, Mateo (nombre ficticio, obvio). Me cuenta, con esa mezcla de angustia y bronca que conozco bien: “Ana, no entiendo nada. Se pasa tres horas armando un set de Legos del tamaño de una mesa ratona, se concentra como un ingeniero. Pero a la mañana, para atarse los cordones, es un drama. Se distrae, se frustra, llora. ¿Es vago? ¿Me está tomando el pelo?”.
Mateo estaba sentado en mi oficina, mirando con atención un tablerito visual que había armado con fibrones de colores (mi vicio, no lo puedo evitar). En ese momento, mientras la mamá hablaba, él había logrado armar una figura compleja con los bloques que tengo para esperar. Concentradísimo. Ni registraba la conversación.
Le pedí a la mamá que lo mirara. “Mirá, no es vago. Es que su cerebro funciona distinto. Eso que ves ahora se llama hiperfoco. Y es tan real como la dificultad para atarse los cordones. Son dos caras de la misma moneda”.
Esa consulta me quedó grabada. Porque la mamá necesitaba que alguien le explicara que no estaba haciendo algo mal, que su hijo no era un caso perdido, y que la clave no era retarlo más fuerte sino entender cómo funciona ese cerebro maravilloso y complejo.
La pregunta que todos se hacen
¿Por qué un nene con TDAH puede sostener la atención en algo que le apasiona por horas pero no puede ni dos minutos con una tarea que le aburre?
Bajemos un cambio y vamos por partes. El TDAH no es un déficit de atención, como se creía antes. Es un problema de regulación de la atención. El cerebro de un chico con TDAH no tiene un interruptor de atención que funcione con “más o menos”. Tiene un sistema que funciona con “todo o nada”. O está completamente enganchado a algo que le genera interés, novedad o desafío (hiperfoco), o está completamente desconectado de algo que le resulta monótono, repetitivo o sin sentido para él.
Los cordones son una tarea procedural, aburrida, que no le genera ningún estímulo. Los Legos son un desafío visual, espacial, creativo, con recompensa inmediata. No es que no pueda concentrarse. Es que su cerebro elige dónde poner la energía, y no siempre elige lo que nosotros necesitamos.
Y acá va una advertencia honesta que no viene en los folletos: el hiperfoco no es algo que haya que celebrar sin más. También puede ser un problema. Hay chicos que se pierden horas en la pantalla, que no registran que tienen hambre o que necesitan ir al baño, que se enojan si los sacás de esa burbuja. Entonces, el trabajo no es “lograr que se concentre” sino “enseñarle a regular esa atención”. Y eso, ojo, no se logra de un día para el otro.
Cinco pasos para entender y acompañar el hiperfoco
1. Reconocelo como lo que es: una fortaleza mal entendida
El hiperfoco no es un síntoma más a eliminar. Es la capacidad de concentración profunda que, bien canalizada, puede ser un superpoder. El problema no es que se concentre en los Legos. El problema es que no puede cambiar de actividad cuando hace falta. Entonces, en vez de pelear contra el hiperfoco, aprendamos a usarlo como herramienta.
2. Usá el interés como puente, no como premio
¿Tu hijo ama los dinosaurios? Usalos para practicar la escritura: que te dicte datos sobre el T-Rex mientras vos escribís, y después él copia una oración. ¿Le encantan los autos? Contá ruedas para practicar matemática. La idea es meter el contenido aburrido dentro del paquete interesante. No es “primero la tarea y después los Legos”. Es “¿cómo hacemos la tarea CON los Legos?”.
3. Avisale con tiempo antes de cortar la actividad
A los chicos con TDAH les cuesta muchísimo el cambio de actividad. No es que no te escuchen: es que están literalmente en otra. Si le sacás los Legos de golpe, el cerebro no hizo la transición y se produce el estallido. Probá con avisos progresivos: “Quedan quince minutos”, “quedan cinco”, “cuando termines esta pieza, guardamos”. Usá un timer visual si hace falta. El tiempo abstracto no existe para ellos: hay que hacerlo visible.
4. Dividí las tareas aburridas en pasos ridículamente pequeños
Atarse los cordones no es “atarse los cordones”. Es: 1) agarrar los dos cordones, 2) cruzar uno sobre el otro, 3) pasar el de abajo por el agujero, 4) apretar. Cada paso es una unidad. Si le das todo el proceso junto, se pierde. Si le das un paso a la vez, puede lograrlo. Una cosa a la vez, que alcanza.
5. Cambiá el entorno antes de pedirle que cambie a él
¿Y si el problema no es el chico? Si la mesa está llena de juguetes, si el televisor está prendido, si el hermanito está corriendo al lado, su cerebro no tiene ninguna chance. Antes de retarlo por no concentrarse, fijate qué podés modificar del entorno. A veces, la solución es tan simple como un espacio despejado y sin estímulos competitivos.
Preguntas de la gente
¿El hiperfoco significa que mi hijo no tiene TDAH?
No, al revés. El hiperfoco es una característica muy común en el TDAH. La atención no es que falte: es que no se regula. Cuando algo le interesa, se engancha de más. Cuando no, no se engancha nada. Es parte del cuadro, no lo niega.
¿Cómo hago para que salga del hiperfoco sin que se enoje?
La clave es la anticipación. Avisale con tiempo, usá un timer visual, y sobre todo: no lo saques de golpe. Su cerebro necesita unos minutos para hacer la transición. Si sabés que a las 18 tiene que bañarse, avisale a las 17:45, después a las 17:55, y recién a las 18 cortás. Y preparate: los primeros días va a haber resistencia. Es normal.
¿Es bueno dejar que se concentre horas en lo que le gusta?
Depende. El hiperfoco en sí no es malo: es una capacidad valiosa. Pero si se pierde horas y no come, no va al baño o descuida otras cosas, hay que poner límites. La idea no es apagar el hiperfoco sino enseñarle a convivir con él: a comer antes, a poner una alarma, a hacer pausas. Es un aprendizaje, no una prohibición.
¿El hiperfoco es lo mismo que obsesionarse?
No exactamente. La obsesión tiene un componente de ansiedad y pensamiento repetitivo. El hiperfoco es una concentración placentera, donde el tiempo se distorsiona y el chico está disfrutando. Eso sí: si el hiperfoco se vuelve tan rígido que no puede salir nunca, o si se enoja de forma desmedida al interrumpirlo, conviene consultarlo con un profesional.
¿Puedo usar el hiperfoco para que haga la tarea escolar?
Se puede intentar, pero con paciencia. La idea es encontrar el tema que le apasiona y meter el contenido escolar ahí adentro. Si le gustan los dinosaurios, que lea sobre dinosaurios, que cuente dinosaurios, que escriba sobre dinosaurios. No va a aprender todo con dinosaurios, pero vas construyendo el hábito de que la escuela también puede ser interesante. Después, de a poco, se amplía.
Una herramienta para hoy
Te dejo una técnica concreta, que podés aplicar esta misma semana. Se llama “la agenda visual de dos carriles”. Agarrá una hoja, dividila en dos columnas. En una, dibujá o pegá una imagen de la actividad que a tu hijo le encanta (Legos, dibujo, autitos). En la otra, la tarea que le cuesta (cordones, dientes, tarea). La regla es simple: primero el carril difícil, después el carril fácil. Pero ojo, con un límite de tiempo claro: “Diez minutos de cordones, y después veinte de Legos”. Usá un timer. Cuando el timer suene, se cambia. Sin negociación, pero sin retos. El carril difícil se hace porque después viene el fácil. Y el fácil se disfruta porque ya cumplió con el difícil.
No va a funcionar el primer día. Probablemente tampoco la primera semana. Pero andá probando, ajustando los tiempos, viendo qué funciona. Porque no hay chico vago: hay chico aburrido, angustiado o mal acompañado. Y vos, que estás leyendo esto, ya estás dando el primer paso para acompañarlo mejor.
¿Y si el problema no es el chico? A veces, el problema es que le estamos pidiendo que se ate los cordones con la misma energía con la que él arma Legos. Y eso, simplemente, no va a pasar. Pero con las estrategias correctas, puede aprender a hacer ambas cosas. Una a la vez. A su ritmo. Con tu ayuda.
Este contenido es informativo y no reemplaza la consulta médica. El TDAH lo diagnostica y trata un profesional de la salud (neurólogo, psiquiatra o psicólogo). Ante cualquier duda o síntoma, consultá a tu médico.
