Me pasó la semana pasada, en una escuela de barrio Jardín, acá en Córdoba. Una mamá me mostraba la receta de su hijo, de nueve años, y el papelito del laboratorio: ‘sin stock’. El nene, que venía haciendo un esfuerzo bárbaro para sostener la atención, se quedó sin su medicación. Y la angustia de ella no era solo por el faltante, sino por el miedo a que todo lo avanzado se cayera. Le dije: ‘Bajemos un cambio y vamos por partes’. Y armamos un plan B que no dependía de la farmacia.
La noticia que publicó ABC España sobre el desabastecimiento de fármacos para TDAH hasta comienzos de 2025 me golpeó de lleno. No es un problema lejano. Las familias argentinas dependemos de importaciones y de laboratorios que, de un día para el otro, te cambian las reglas de juego. El dato verificable es ese: las familias españolas denuncian el faltante desde hace más de un año y advierten que se extendería hasta los primeros meses del año que viene. Acá, la pregunta que todos tenemos en la cabeza es: ¿y si nos pasa?
La pregunta que te da miedo hacerle al neurólogo es simple: ‘¿Y si no consigo el medicamento, qué hago?’. Y la respuesta honesta, la que no viene en los folletos, es que el fármaco es una herramienta potente, pero no la única. No te voy a decir que un tablerito visual reemplaza a la medicación, porque sería mentirte. Pero sí te digo que un entorno organizado puede sostener al chico en los momentos de faltante. El error es pensar que sin la pastilla no hay nada que hacer. Eso no es cierto.
Acá van tres pasos directos para esta semana, por si te toca de cerca:
- Hablá con el neurólogo antes de que se termine el frasco. Preguntale si hay alternativas de laboratorio o de presentación. No te quedes con la primera negativa de la farmacia.
- Armá una ‘ruta visual’ de la tarde. Con fibrones de colores, en una cartulina, dibujá la secuencia: merienda, tarea, recreo, baño. El chico con TDAH vive en el presente; un papel en la pared le devuelve el mapa.
- Reducí el ruido de fondo. Si la tele está prendida mientras hace la tarea, apagala. Parece obvio, pero no lo es. El entorno es el primer medicamento.
Una opinión que capaz algunos discuten: el desabastecimiento nos obliga a repensar la dependencia exclusiva del fármaco. No estoy en contra de la medicación, ojo. Estoy en contra de que el sistema de salud te deje en banda sin un plan B. Y el plan B se construye en casa, con estrategias simples, aunque el diagnóstico sea complejo.
¿Mi hijo se va a volver ‘adicto’ a la medicación?
No. La medicación para TDAH no genera adicción cuando es indicada y supervisada por un neurólogo o psiquiatra. Lo que sí puede generar es dependencia emocional si no se trabajan otras estrategias. Por eso es clave combinar el fármaco con hábitos y organización.
¿Le va a cambiar la personalidad?
No le cambia la personalidad, le cambia la atención. Si ves a tu hijo ‘apagado’ o muy distinto, hablalo con el médico. Puede ser que la dosis no sea la adecuada o que ese fármaco no sea el indicado para él. Hay varias opciones.
¿Se puede tratar sin medicación?
En casos leves, a veces sí, con terapia cognitivo-conductual y ajustes en el aula y en casa. Pero en casos moderados o severos, la medicación suele ser necesaria. No te automediques ni decidas sola. El diagnóstico y el tratamiento los hace un profesional.
¿Le va a frenar el crecimiento?
Algunos estudios sugieren que puede haber una leve demora en el crecimiento en los primeros años de tratamiento, pero no es regla. El médico controla talla y peso. No es un motivo para suspender sin consultar, porque el costo de no tratar puede ser mayor.
¿Se toma para siempre?
No necesariamente. Muchos chicos y adolescentes aprenden a compensar y pueden dejar la medicación en la adultez, siempre con seguimiento profesional. Es un proceso, no una sentencia.
¿Si empiezo con la medicación, después no puedo parar?
Se puede parar, pero no de golpe. La suspensión debe ser gradual y supervisada por el médico. Nunca cortes por tu cuenta, porque el ‘rebote’ puede ser feo. Y si hay un faltante como el de la noticia, avisá al médico para que te oriente.
Una herramienta para hoy
Fijate esto: agarrá un papel y escribí con tu hijo las tres cosas que más le cuestan en el día. Elegí UNA sola. Solo una. Y armá un tablerito visual con esa única meta. Si es ‘hacer la mochila’, dibujá los pasos: cuaderno, cartuchera, botella. Pegalo en la puerta. Una cosa a la vez, que alcanza. El que no encaja en el molde, capaz que el molde está mal. Y el molde, a veces, se ajusta con un fibrón de color.
