Cuando el problema no es el chico, sino el molde
Me acuerdo de Thiago, un pibe de segundo grado que no podía estar sentado más de cinco minutos. La seño me decía: “No para, no escucha, no aprende”. Resulta que Thiago necesitaba moverse para pensar. Le pusimos un elástico en las patas de la silla para que moviera los pies sin levantarse, y su cuaderno pasó de estar vacío a tener diez renglones por día. No era vago. Era un pibe que necesitaba otra forma de estar.
Por eso cuando vi que la Universidad de Flores publicó un trabajo sobre estrategias inclusivas para estudiantes con TDAH en una escuela primaria de gestión estatal de la Provincia de Buenos Aires, me puse contenta. No porque descubramos la pólvora, sino porque necesitamos evidencia local, de nuestras aulas, con nuestros pibes y nuestros recursos. El estudio está en el repositorio institucional de la Universidad de Flores (https://repositorio.uflo.edu.ar/entities/trabajofinalintegrador/7f9c0542-46e8-4bf8-a5e5-e524d72a43f3) y aporta datos concretos sobre qué funciona acá, no en Finlandia ni en Corea.
¿Y ahora qué hago con esto?
La pregunta que me hacen todos los días en los colegios de Córdoba es: “¿Pero qué hago el lunes a la mañana?”. Y la respuesta honesta es: empezá por lo simple. No necesitás un diagnóstico formal para hacer tu clase más amigable para todos. Necesitás observar, probar y ajustar.
Lo que este tipo de trabajos confirma es lo que vemos en la práctica: las estrategias inclusivas no son magia ni requieren tecnología cara. Son sentido común aplicado con constancia. Ojo, también te digo lo que no viene en los folletos: no hay receta única. Lo que funciona con uno puede no funcionar con otro, y eso está bien.
Tres pasos para arrancar esta semana
1. Ajustá el entorno antes que al chico. ¿El pibe está cerca de la ventana? ¿El ruido del pasillo lo distrae? Movelo de lugar y fijate qué pasa. Es gratis y tarda dos minutos.
2. Instrucciones cortas y visuales. Una cosa a la vez, que alcanza. Si le das tres consignas juntas, se pierde. Escribile los pasos en un papelito o usá pictogramas.
3. Buscá el momento de atención. Todos tenemos horarios en los que rendimos mejor. Aprendé cuál es el de cada pibe y aprovechalo para lo más importante.
Preguntas que me hacen siempre
¿Mi hijo es vago o tiene TDAH?
Mirá, no hay chico vago; hay chico aburrido, angustiado o mal acompañado. Si te preocupa, consultá con un profesional. El TDAH lo diagnostica un neurólogo, psiquiatra o psicólogo. No te quedes con la etiqueta de “vago” puesta por la escuela.
¿Le doy premios si termina la tarea?
Los refuerzos positivos funcionan, pero ojo con volver todo un sistema de premios y castigos. Empezá con elogios específicos: “Qué bien que terminaste las tres primeras filas”. Eso ya es mucho.
¿La medicación es la única solución?
No. La medicación puede ayudar, pero las estrategias pedagógicas y los hábitos en casa son igual de importantes. El tratamiento es integral y lo define el médico. No te autoconvengas de que la pastilla arregla todo.
¿Cómo hago si la escuela no colabora?
Llevá propuestas, no quejas. Deciles: “Probemos sentarlo adelante y darle instrucciones cortas, ¿les parece?”. Muchas veces los docentes no saben por dónde arrancar y agradecen que les acerques ideas concretas.
¿Le doy la tarea más corta que al resto?
No necesariamente más corta, sino dividida en partes. En vez de veinte ejercicios, cuatro bloques de cinco con un descanso entre medio. La misma cantidad de trabajo, presentada distinto.
Una herramienta para hoy
Armá un tablerito visual con la rutina de la mañana: levantarse, desayunar, lavarse los dientes, vestirse, mochila. Pegalo en la heladera con imanes o en la pared de su cuarto. Cada paso que completa, lo tacha o mueve un imán. Es simple, pero ordena el mundo para un pibe que se pierde en las instrucciones orales. Probá esta semana y contame.
Este contenido es informativo y no reemplaza la consulta médica. Ante cualquier duda o síntoma, consultá a un profesional de la salud. El TDAH lo diagnostica y trata un médico especialista.
