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Rutinas visuales que no terminan en la basura: Cómo armar pictogramas que tu hijo sí quiera usar.

12/08/2026 · 8 min de lectura

Rutinas visuales que no terminan en la basura: Cómo armar pictogramas que tu hijo sí quiera usar.

Mi historia con los tableritos que salvaron un martes cualquiera

Me pasó con Thiago, un pibe de trece años que llegaba a mi consultorio arrastrando la mochila como si pesara cincuenta kilos. La madre, desbordada, me decía: “Le hice un cuadro de rutinas con cartulinas de colores, lo pegué en la heladera, y a los tres días estaba en la basura”. Yo la escuchaba y me acordaba de la seño Marta, mi maestra de tercer grado, que guardaba una carpeta con fichas de alumnos “difíciles” que ella veía brillantes. “El que no encaja en el molde, capaz que el molde está mal”, decía. Y tenía razón.

Con Thiago no había problema de diagnóstico: TDAH, combinado, confirmado por neurólogo infantil. El problema era que todas las estrategias que le daban en la escuela y en casa venían de folletos genéricos, pensados para nenes de siete años con dibujitos de ositos. Thiago tenía trece, usaba hoodie negro y le gustaba el trap. ¿Qué iba a hacer él con un cartel de “lavarse los dientes” con un osito sonriente? Lo tiró a la basura. Y no lo culpo.

Lo que hicimos fue distinto. Le dimos una hoja A4, marcadores finos y le pedimos que dibujara ÉL sus propias rutinas. No las que yo quería, sino las que a él le servían. Salió un tablero con casilleros dibujados a mano, con códigos que solo él entendía: una Z para “zafar del celu”, una X para “hora de bañarse”. Lo pegamos en la puerta de su pieza, no en la heladera. Y funcionó. No porque el tablero fuera lindo, sino porque era suyo.

La pregunta que todos me hacen

¿Por qué los pictogramas y tableros visuales que armamos con tanto amor terminan en el cajón de las cosas olvidadas? Mirá, te voy a ser honesta: porque los armamos para nosotros, no para ellos. Le ponemos colores pastel, letra de imprenta prolija, dibujitos de internet. Y el pibe lo ve como un recordatorio de lo que no hace bien, no como una herramienta que le facilita la vida.

Una revisión de alcance publicada por la Universidad Pública de Navarra analizó estrategias pedagógicas para adolescentes con TDAH y su impacto en el proceso de enseñanza-aprendizaje y la motivación. El trabajo, disponible en el repositorio académico académica-e, revisa qué funciona y qué no en el aula. Y lo que aparece una y otra vez es que las estrategias visuales funcionan cuando el estudiante participa de su diseño y cuando se integran a la rutina diaria, no como un cartel decorativo sino como una herramienta viva.

Pero ojo, acá va la advertencia que no viene en los folletos: no existe la estrategia mágica. Lo que funciona con un pibe puede ser un fracaso con otro. Y eso no significa que estés haciendo algo mal. Significa que hay que probar, ajustar y volver a probar. Una cosa a la vez, que alcanza.

Guía práctica: Cómo armar pictogramas que tu hijo sí quiera usar

1. Empezá por el para qué, no por el cómo

Antes de comprar cartulinas o imprimir plantillas de Pinterest, sentate con tu hijo y preguntale: “¿Qué es lo que más te cuesta en el día?”. No le digas “vamos a armar un tablero de rutinas”. Eso suena a tarea escolar. Decile “quiero ayudarte con eso que te traba, ¿qué te parece si lo armamos juntos?”. Si el problema es la mañana, empezá por la mañana. No quieras resolver el día entero de una.

2. Que él sea el diseñador

Esto es innegociable. Si tu hijo tiene diez años o más, el tablero lo hace él. Vos ponés los materiales, él pone la creatividad. Puede usar fotos de él mismo haciendo las cosas, dibujos propios, stickers, o incluso capturas de pantalla de su juego favorito como fondo. Lo importante es que lo sienta suyo. Un pibe que participa del diseño, se apropia de la herramienta. Un pibe que recibe un cartel hecho por su mamá, lo ignora.

3. Menos es más: tres pasos, no diez

Mi error más común cuando arranqué con esto era querer cubrir todo. “Levantarse, lavarse los dientes, desayunar, vestirse, preparar la mochila, salir”. Eso es una lista de compras, no una rutina. Para un adolescente con TDAH, una secuencia de tres pasos es realista. “Levantarse, desayunar, salir”. Después, cuando eso se automatice, sumás un paso más. La sobrecarga visual es el enemigo número uno de los tableros.

4. El lugar importa (y mucho)

La heladera es el lugar más común y el menos efectivo. ¿Por qué? Porque está en el espacio común, donde todos lo ven. Y para un adolescente, que todos vean sus dificultades es humillante. Ponelo en un lugar privado: la puerta de su pieza, el espejo del baño, o incluso adentro del placard. Si usa mucho el celular, una foto del tablero como fondo de pantalla puede ser más efectiva que el tablero físico.

5. Revisión semanal: el tablero es un organismo vivo

Un tablero que no se actualiza, muere. Cada domingo a la noche, cinco minutos: “¿Qué funcionó esta semana? ¿Qué no? ¿Cambiamos algo?”. A veces el cambio es mínimo: mover un casillero, cambiar un dibujo, sumar un sticker de recompensa. Pero esa revisión le da al pibe la sensación de control sobre su propia rutina. Y eso, para un adolescente con TDAH, es oro puro.

Preguntas de la gente

¿A qué edad puedo empezar con pictogramas?

Desde los dos o tres años podés usar imágenes simples para anticipar rutinas. Pero para adolescentes, la clave es que el diseño sea acorde a su edad. Un pibe de catorce no va a usar dibujitos infantiles. Puede usar fotos, íconos minimalistas o incluso un tablero digital en el celular. La herramienta tiene que adaptarse a la edad, no al revés.

Mi hijo se niega a usar cualquier tipo de tablero, ¿qué hago?

Bajemos un cambio. Si se niega, no lo fuerces. Probá con una conversación honesta: “Veo que las mañanas son difíciles para los dos, ¿qué te parece si probamos algo distinto por una semana?”. A veces la resistencia viene de que siente que es otra cosa que “tiene que hacer” porque “está mal”. Sacale el peso de encima. Y si no funciona, no funciona. No es una sentencia, es una prueba.

¿Los pictogramas funcionan también para chicos con autismo?

Sí, de hecho son una herramienta clásica en autismo porque apoyan la anticipación y la comprensión de secuencias. Para TDAH, el beneficio principal es la externalización de la memoria: el pibe no tiene que acordarse de todo, solo tiene que mirar el tablero. Son poblaciones distintas con necesidades distintas, pero la herramienta visual puede servir para ambas, siempre que esté adaptada a cada persona.

¿Qué hago si el tablero funciona una semana y después lo abandona?

Es lo más común del mundo. No es un fracaso, es el ciclo natural. La novedad pasa, y el tablero deja de ser interesante. Ahí es donde entra la revisión semanal: cambiá el diseño, sumá un elemento nuevo, rotá las imágenes. A veces alcanza con cambiar el lugar físico del tablero para que vuelva a tener sentido.

¿Necesito comprar materiales especiales?

No. Una hoja, un marcador y cinta adhesiva alcanzan. Si querés algo más prolijo, podés usar una pizarra blanca chica o un corcho. Pero no te compliques: la herramienta más efectiva es la que se usa todos los días, no la más linda. Y si tu hijo prefiere el celular, hay aplicaciones de rutinas visuales que funcionan muy bien. Lo importante es el hábito, no el formato.

Una herramienta para hoy

Esta semana, probá esto: sentate con tu hijo y preguntale qué es lo que más le cuesta del día. Solo una cosa. Después, decile que van a armar juntos un “plan de ataque” para esa única cosa. Que él elija el formato: papel, pizarra, celular. Que él dibuje, escriba o diseñe. Tres pasos, no más. Y ponelo en un lugar que él elija, no el que vos elegirías.

Fijate qué pasa. Capaz funciona, capaz no. Pero una cosa te aseguro: si el pibe participó del diseño, las chances de que lo use son muchísimo más altas. Porque no le estás dando una herramienta para que “se comporte mejor”. Le estás dando una herramienta para que su día sea más fácil. Y eso, para un adolescente con TDAH, es un regalo enorme.

¿Y si el problema no es el chico? A veces, el problema es que seguimos usando estrategias pensadas para otros tiempos, otros chicos, otras realidades. Bajemos un cambio y vamos por partes. Una cosa a la vez, que alcanza.

Este contenido es informativo y no reemplaza la consulta médica. El TDAH lo diagnostica y trata un profesional de la salud (neurólogo, psiquiatra o psicólogo). Ante cualquier duda, consultá a tu médico.

Ana Belén Rossi
Escrito por Ana Belén Rossi

Trabajo hace años acompañando a chicos con TDAH en la escuela y en casa. Comparto estrategias concretas para aplicar hoy. Voz editorial de TDAH Familias, con asistencia de IA. Contenido informativo, no reemplaza la consulta profesional.

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