Por Ana Belén Rossi, psicopedagoga cordobesa
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La semana pasada, mientras armaba un tablerito visual para Lautaro —un pibe de 8 años que no para de moverse ni cuando duerme, según me dijo su mamá—, me acordé de la seño Marta. Ella tenía una carpeta violeta, gastada de tanto usarla, con fichas de alumnos que otras maestras llamaban ‘problemáticos’. Yo era chica, pero recuerdo cómo los miraba: con una mezcla de curiosidad y ternura que no entendía del todo. “El que no encaja en el molde, capaz que el molde está mal”, me dijo una vez, señalando a un nene que había dibujado un cohete en el medio de un examen de matemática.
Hoy, cuando leo que España acaba de aprobar un nuevo fármaco para el TDAH infantil —el sulfato de dexanfetamina, el primero en más de una década—, pienso en Lautaro, en los pibes que pasaron por mi consultorio, y en todas las familias que llegan con la misma pregunta: “¿Y ahora qué hacemos?”.
Pero también pienso en otra cosa. En lo que no se dice cuando se habla de TDAH. En lo que la seño Marta veía en esos pibes que nadie más veía.
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La noticia que nos llega desde España
El Periódico publicó el 10 de febrero que España aprobó el sulfato de dexanfetamina para niños y adolescentes con TDAH. Es el primer fármaco nuevo en más de una década. La fuente es clara: “Tras más de una década sin novedades farmacológicas para tratar el TDAH en niños y adolescentes, España cuenta con un nuevo fármaco: el sulfato de dexanfetamina.”
¿Qué implica esto para Argentina? La ANMAT suele seguir las tendencias regulatorias europeas, así que es probable que en algún momento evalúe este medicamento. Las familias argentinas deberían estar atentas a las actualizaciones locales, pero sin apresurarse: acá los tiempos son otros, y lo que funciona en un país no siempre llega igual al nuestro.
Pero bajemos un cambio. Porque si algo aprendí en estos años es que un fármaco nuevo no es una varita mágica. Y que antes de pensar en pastillas, hay un montón de cosas que podemos hacer desde casa y desde la escuela.
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La pregunta que todos se hacen
¿El TDAH es solo un problema que hay que medicar?
Mirá, te voy a ser honesta: no. El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo que afecta la atención, la impulsividad y la regulación emocional. La medicación puede ser una herramienta útil —y para muchos chicos, necesaria—, pero no es la única ni siempre la primera.
Lo que me preocupa es cuando el diagnóstico se convierte en una sentencia. Cuando escucho “este chico es TDAH” como si eso explicara todo. Como si no hubiera una persona ahí, con sus luces y sus sombras.
Y acá viene lo que la seño Marta me enseñó: los chicos con TDAH y TEA tienen algo que los otros no tienen. No es que sean mejores ni peores. Son distintos. Y en esa diferencia hay un superpoder que pocos saben ver.
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Los lados positivos del TDAH y el autismo: lo que no viene en los manuales
Te voy a contar algo que no leo en los informes clínicos. Los chicos con TDAH suelen tener una empatía profunda que los desconcierta a ellos mismos. Captan emociones que otros no ven. Se angustian con la injusticia. Se conectan con el dolor ajeno de una manera que a veces los desborda.
También tienen un pensamiento lateral que es una joya. Mientras otros siguen la línea recta, ellos encuentran atajos, conexiones inesperadas, soluciones que a nadie se le ocurrieron. El problema es que en la escuela eso no se valora. Se valora el que se sienta derecho, el que levanta la mano, el que copia del pizarrón sin preguntar.
Y después está la resiliencia. No me refiero a esa palabra de moda que usan en los talleres de autoayuda. Hablo de la capacidad de levantarse todos los días sabiendo que el mundo no está hecho para ellos. Que van a escuchar “dejá de moverte”, “prestá atención”, “no interrumpas”. Y aún así, siguen. Eso es resiliencia de verdad.
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Cinco pasos para empezar hoy (sin esperar a que llegue un fármaco nuevo)
1. Cambiá el entorno antes de cambiar al chico
¿Y si el problema no es el chico? Antes de pedirle que se siente derecho, fijate si la silla es cómoda, si hay ruido, si la luz molesta. A veces una almohadilla en la silla o unos auriculares con música cambian todo.
2. Una cosa a la vez, que alcanza
No le pidas que ordene la mochila, haga la tarea y se lave los dientes al mismo tiempo. Elegí una sola cosa. Cuando la tenga incorporada, sumás la siguiente. Los chicos con TDAH se abruman con instrucciones múltiples.
3. Usá lo visual
Los tableritos visuales no son un lujo, son una necesidad. Un calendario con dibujos, una lista de pasos para lavarse los dientes, un semáforo de emociones. Lo que se ve, se entiende. Lo que se escucha, se pierde.
4. Buscá el momento de atención real
No todos los chicos rinden a la mañana. Algunos funcionan mejor después de merendar. Averiguá cuándo tu hijo está más lúcido y aprovechá ese momento para lo que requiere esfuerzo. El resto del día, dejalo ser.
5. Celebrá las conexiones inesperadas
Cuando tu hijo te diga algo que no viene al caso, no lo cortes. Escuchá. A veces ahí hay una idea brillante. El pensamiento lateral no es un error, es otra forma de llegar al mismo lugar.
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Preguntas de la gente
¿El nuevo fármaco español va a llegar a Argentina?
Probablemente, pero no mañana. La ANMAT evalúa cada medicamento con sus propios tiempos. Lo mejor es seguir las actualizaciones oficiales y consultar con el neurólogo o psiquiatra de confianza. No te apresures a pedirlo ni a esperarlo como solución única.
Mi hijo tiene TDAH y en la escuela dicen que es vago. ¿Qué hago?
No hay chico vago; hay chico aburrido, angustiado o mal acompañado. Pedí una reunión con la maestra y llevá ejemplos concretos de lo que tu hijo sí puede hacer cuando está motivado. A veces el problema no es el pibe, es la propuesta del aula.
¿Cómo sé si mi hijo necesita medicación o solo estrategias?
Eso lo define un profesional después de una evaluación completa. No te guíes por lo que le funciona al hijo de la vecina. Cada chico es un mundo. Lo que sí podés hacer es implementar estrategias de entorno mientras esperás la consulta.
Mi hija con TEA también tiene TDAH. ¿Los superpoderes que mencionás aplican igual?
Sí, pero con matices. Los chicos con TEA suelen tener una capacidad de concentración profunda en temas que les interesan (hiperfoco), una honestidad brutal y una memoria de detalles que asombra. El desafío es encontrar el canal para que eso se exprese sin forzarlos a ser como los demás.
¿Qué hago si en la escuela no quieren adaptar las actividades?
Primero, hablá con el docente desde el lugar de la colaboración, no del reclamo. Llevá propuestas concretas: “¿Y si en lugar de escribir todo, puede dibujar algunas respuestas?”. Si no funciona, pedí una entrevista con el equipo de orientación escolar. Tenés derecho a pedir adaptaciones.
¿El sulfato de dexanfetamina es mejor que el metilfenidato?
No soy médica y no puedo comparar fármacos. Cada medicamento tiene su perfil y lo que funciona para un chico puede no funcionar para otro. Lo importante es que haya más opciones disponibles, porque eso permite personalizar el tratamiento. Consultá siempre con un profesional.
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Una herramienta para hoy
Esta semana, probá esto: elegí un momento del día en que tu hijo esté tranquilo —puede ser después de comer o antes de dormir— y preguntale: “¿Qué fue lo mejor que te pasó hoy?”. No corrijas, no interrumpas, no digas “eso no es importante”. Escuchá de verdad. Después, fijate si en esa respuesta hay algo que te sorprenda. A veces el superpoder está escondido en una frase que parece una pavada.
Y si no funciona, probá con otra pregunta. O con silencio. O con un dibujo. Lo importante no es la técnica, es la mirada.
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Este contenido es informativo y no reemplaza la consulta médica. No indiques dosis ni tratamientos. Ante cualquier duda o síntoma, consultá a tu médico o profesional de la salud. El TDAH lo diagnostica y trata un profesional (neurólogo, psiquiatra o psicólogo).
