Por Martín Ledesma, para Infobae
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El lunes a la mañana, mientras preparaba el mate y revisaba el teléfono, me topé con la noticia. La leí dos veces. Después tres. Dejé el mate enfriándose en la mesada y me quedé mirando la heladera, donde todavía está pegado el dibujo que hizo mi hijo la semana pasada: un sol con anteojos y una nube que llora. Él tiene TDAH, y ese dibujo es exactamente lo que siento cada vez que leo algo sobre cambios en la cobertura de salud.
La medida que anunció el gobierno, a través de la Superintendencia de Servicios de Salud, habilita a prepagas y obras sociales a restringir la cobertura de medicamentos de alto costo en planes cerrados. También establece que solo los profesionales incluidos en las cartillas de prestadores podrán emitir recetas y órdenes. La noticia la publicó Infobae el 28 de octubre, y desde entonces no puedo sacármela de la cabeza.
No vengo a asustar a nadie. Vengo a contar lo que esto significa para familias como la mía, para esos padres que, como yo, se levantan a las seis de la mañana a preparar la mochila, la merienda, la medicación, y a recordarle al hijo que se ponga los zapatos. Otra vez. Y otra vez.
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La obsesión con los ultraprocesados: por qué los cerebros con TDAH buscan constantemente la comida chatarra
Antes de seguir con la noticia, quiero hablar de algo que vivimos en casa y que quizás a vos también te pasa. Mi hijo, cuando viene del colegio, va directo a la alacena. No es que tenga hambre siempre. Es que busca. Abre la puerta, mira, cierra, vuelve a abrir. A veces agarra una galletita, a veces un paquete de papas fritas. Otras veces, si no encuentra nada que le dispare el cerebro, se queda parado ahí, como si no supiera bien qué vino a buscar.
Durante mucho tiempo pensé que era un capricho. Que no quería comer bien. Que era culpa mía por haberle dado algo procesado una vez, y que eso había creado un monstruo. Me acuerdo de una tarde, después de una discusión porque no quería probar la ensalada de frutas que le había preparado, que me senté en el patio y le mandé un audio al Turco. Sí, al Turco, ese papá veterano que conocí en el grupo de padres y que me salvó más de una noche.
—Martín —me dijo en su voz ronca de las tres de la mañana—, vos ocupate, no te culpes. El pibe no está buscando joderte. Está buscando dopamina.
Ahí entendí todo. O al menos empecé a entender.
El cerebro con TDAH funciona distinto. No es que sea perezoso o desobediente. Es que tiene un déficit en la producción y regulación de dopamina, ese neurotransmisor que nos da la sensación de recompensa, de placer, de “esto está bien, seguí haciéndolo”. Cuando el cerebro no produce suficiente dopamina de forma natural, busca atajos. Y los ultraprocesados —esos alimentos llenos de azúcar, grasas saturadas, sodio y aditivos— son el atajo más rápido que existe.
No es que mi hijo elija la galletita porque sea malo o porque yo haya fallado como padre. La elige porque su cerebro le pide a gritos una dosis de algo que no está produciendo solo. Es como si tuviera sed y el agua no le alcanzara, pero encontrara una gaseosa que le da esa explosión instantánea. El problema es que esa explosión dura poco, y después viene el bajón. Y la necesidad de más.
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La pregunta que todos se hacen
¿Esto significa que los chicos con TDAH no pueden comer nada rico? ¿Que tenemos que vivir persiguiéndolos con brócoli y lentejas?
No. Tranquilos. No se trata de prohibir, porque la prohibición en estos casos suele generar más ansiedad y más búsqueda. Se trata de entender por qué pasa y de encontrar estrategias que funcionen sin convertir la comida en una guerra.
Lo que nadie te dice en los folletos que te dan cuando diagnostican a tu hijo es que la alimentación va a ser un campo de batalla. Que vas a negociar, vas a ceder, vas a enojarte, vas a sentir culpa. Y que todo eso es parte del proceso. No estás haciendo nada mal.
Lo que sí importa es tener información. Saber que el cerebro con TDAH es más vulnerable a los ultraprocesados no para castigarnos, sino para entender que no es una cuestión de voluntad. No es que tu hijo “no quiera” comer sano. Es que su cerebro está programado para buscar lo que le da una recompensa inmediata. Y los ultraprocesados son, literalmente, la recompensa más rápida que existe.
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Ocho pasos para navegar esto sin volverse loco
1. Entendé que no es una guerra, es una negociación
Cuando entendés que el cerebro de tu hijo busca dopamina, dejás de pelearte con él. No digo que no pongas límites. Digo que los pongas desde el amor, no desde el enojo. “Mirá, hoy comemos esto, y después si querés podemos tener algo rico”. No es rendirse. Es estrategia.
2. No tengas la tentación en casa
Esto es obvio pero cuesta. Si en la alacena hay galletitas, papas fritas, gaseosas, tu hijo va a ir a buscarlas. No porque sea malo, sino porque están ahí. Si no están, la pelea se reduce. No es garantía, pero ayuda. Y ojo: no digo que nunca compres nada. Digo que si sabés que es un detonante, lo evités.
3. Ofrecé alternativas que den esa misma sensación
Acá hay que ser creativos. Frutas con un poco de chocolate, palitos de zanahoria con hummus, yogur natural con miel y granola. No es lo mismo que una golosina, pero puede funcionar como puente. Mi hijo descubrió que le gustan las manzanas verdes cortadas en rodajas finitas, como si fueran papas fritas. No siempre las quiere, pero a veces sí.
4. No uses la comida como premio o castigo
Esto es difícil porque lo hacemos sin pensar. “Si terminás la tarea, te doy una galletita”. El problema es que eso refuerza la idea de que la galletita es especial, que es la recompensa, que es lo que realmente querés. Mejor buscar otras formas de celebrar: un paseo, elegir una película, tiempo extra de juego.
5. Hablá con el médico, no con internet
Cada chico es distinto. Lo que a uno le funciona, a otro no. No te guíes por lo que leíste en un foro o por lo que le funcionó al hijo de la amiga de tu prima. Consultá con el profesional que trata a tu hijo. Él o ella conoce el caso, la medicación si la hay, las necesidades específicas.
6. Aceptá que algunos días van a ser un desastre
Y está bien. Hay días en los que tu hijo va a comer tres galletitas y una mandarina y eso va a ser todo lo que puedas lograr. No pasa nada. Respirá, papá, mamá: esto se transita. Mañana será otro día. Hoy alcanza con lo que pudiste.
7. Buscá apoyo, no te aísles
El Turco me dijo una vez: “El TDAH no se cura en casa, se transita en tribu”. No tengas miedo de hablar con otros padres, de preguntar, de compartir lo que te funciona. A veces la mejor idea te la da alguien que está en la misma. Y a veces lo único que necesitás es que alguien te diga “a mí también me pasa”.
8. No te olvides de vos
Cuidar a un hijo con TDAH es agotador. Y si vos estás fundido, no podés sostener a nadie. Tomate un tiempo, aunque sean diez minutos con el mate en el patio. Pedí ayuda si la necesitás. No es fallar como padre. Es ser humano.
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Preguntas de la gente
¿Los ultraprocesados empeoran los síntomas del TDAH?
No hay una relación directa de causa y efecto, pero sí se sabe que una alimentación alta en azúcares refinados y aditivos puede generar picos de energía seguidos de bajones, lo que en un cerebro con TDAH puede intensificar la impulsividad y la dificultad para concentrarse. No es que una galletita vaya a desencadenar una crisis, pero el patrón de consumo sí puede influir en el día a día.
¿Mi hijo va a dejar de comer ultraprocesados algún día?
No necesariamente, y no es el objetivo. El objetivo es que aprenda a regularse, a entender qué le pasa cuando come ciertas cosas, a encontrar otras fuentes de placer y recompensa. Con el tiempo, muchos chicos van desarrollando más conciencia. Pero no te obsesiones con la perfección. Lo que importa es el equilibrio, no la prohibición.
¿La medicación para el TDAH afecta el apetito?
Sí, muchos medicamentos para el TDAH pueden reducir el apetito, sobre todo durante el día. Eso hace que cuando el efecto pasa, el chico tenga más hambre y busque comida rápida y calórica. Es importante hablarlo con el médico para ajustar horarios de comidas y medicación, y no caer en la trampa de dejar que coma cualquier cosa cuando finalmente tiene hambre.
¿Qué hago si mi hijo solo quiere comer porquerías?
Primero, respirá. No estás solo en esto. Segundo, ofrecé opciones, no impongas. Tercero, buscá ayuda profesional si sentís que se te fue de las manos. Un nutricionista especializado en neurodesarrollo puede ser un gran aliado. Y cuarto, recordá que esto es una carrera de fondo, no un sprint. Los hábitos se construyen de a poco.
¿Los edulcorantes y colorantes artificiales afectan al TDAH?
Algunos estudios sugieren que ciertos colorantes artificiales y conservantes pueden aumentar la hiperactividad en algunos niños, pero no hay una regla general. Cada chico reacciona distinto. Si notás que después de consumir ciertos productos tu hijo está más inquieto o irritable, probá eliminarlos por unos días y fijate si hay cambios. Pero siempre consultá con el médico antes de hacer cambios drásticos en la alimentación.
¿El azúcar causa TDAH?
No. El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo con base genética y neurológica. El azúcar no lo causa. Lo que sí puede hacer es empeorar los síntomas en algunos chicos, sobre todo si hay un consumo muy alto y constante. Pero no es la causa, es un factor que puede influir en la intensidad de los síntomas.
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No estás solo
Cuando leí la noticia sobre los nuevos lineamientos para planes de salud, sentí ese nudo en el estómago que conozco bien. El que aparece cuando pensás en el futuro, en los costos, en si vas a poder sostener los tratamientos. No tengo respuestas mágicas. Lo que sí tengo es la certeza de que no estás solo en esto.
Hay una familia entera de padres y madres que se levantan cada día a hacer lo que pueden con lo que tienen. Que negocian, que se equivocan, que aprenden. Que guardan los dibujos en la heladera y toman mates en el patio mientras piensan en cómo hacerlo mejor.
No estás roto, y tu hijo tampoco.
Hoy alcanza con lo que pudiste.
Y si un día no pudiste, mañana hay otra oportunidad.
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Martín Ledesma es marplatense, papá de un hijo con TDAH y divulgador sobre crianza y neurodivergencia. Este contenido es informativo y no reemplaza la consulta médica. Ante cualquier duda o síntoma, consultá a tu médico o profesional de la salud. El TDAH lo diagnostica y trata un profesional; acá compartimos experiencia, no indicaciones médicas.
Fuente consultada: Infobae – https://www.infobae.com/salud/2024/10/28/establecieron-nuevos-lineamientos-para-los-planes-de-salud-en-las-obras-sociales-asi-seran-las-cartillas-de-prestadores/
