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Un nuevo estudio identificó tres perfiles cerebrales en el TDAH: qué implica para el tratamiento de cada paciente

29/07/2026 · 10 min de lectura

Un nuevo estudio identificó tres perfiles cerebrales en el TDAH: qué implica para el tratamiento de cada paciente

Por Ana Belén Rossi, psicopedagoga cordobesa especializada en TDAH

La historia que me trajo hasta acá

Hace unos meses, la mamá de Mateo —un pibe de 9 años, de barrio General Paz, acá en Córdoba— llegó al consultorio con la carpeta escolar bajo el brazo y los ojos hinchados de llorar. “Ya no sé qué hacer”, me dijo. “La maestra dice que es un vago, que si quisiera podría, que se distrae mirando la ventana, que molesta a los compañeros… y en casa es una guerra para hacer la tarea.”

Le pedí que me contara un día común. Me describió a Mateo desayunando: se levantaba tres veces, dejaba la taza a medio tomar, se ponía a jugar con el perro, volvía, se olvidaba de agarrar la mochila. En el aula, la maestra le retaba cada quince minutos. En la casa, la madre terminaba haciendo los deberes con él a las diez de la noche, agotada.

Le mostré una estrategia simple: un tablerito visual con tres pasos para la mañana. Nada más. “Despertate, desayuná, mochila lista.” Lo armamos juntas con fibrones de colores —que yo siempre tengo en la cartuchera— y lo pegamos en la heladera.

A la semana, la mamá me llamó. “No lo puedo creer. Se vistió solo. Me dijo ‘mirá, ma, ya está la mochila’.” No era magia. Era que el entorno había dejado de pedirle que recordara todo. El tablerito hacía el trabajo por él.

Esa experiencia me enseñó algo que llevo a todos lados: antes de pedirle al chico que cambie, mirá qué podemos cambiar del entorno. Y ahora, con esto que se viene, esa idea cobra más fuerza que nunca.

La noticia que nos obliga a repensar todo

El 8 de mayo de este año, Infobae publicó una nota que, si sos padre, madre, docente o profesional de la salud, tenés que leer con atención. El titular lo dice claro: “Un nuevo estudio identificó tres perfiles cerebrales en el TDAH: qué implica para el tratamiento de cada paciente”.

Voy a ser directa: esto no es un estudio más. Es un cambio de paradigma.

Durante décadas, el TDAH fue definido principalmente por conductas visibles: dificultad para concentrarse, impulsividad e hiperactividad. O sea, mirábamos lo que el pibe hacía (o dejaba de hacer) y desde ahí diagnosticábamos y tratábamos. Pero resulta que no todos los TDAH son iguales por dentro, aunque por fuera se parezcan.

El estudio identificó tres perfiles cerebrales distintos. Esto significa que dos chicos que en el aula se comportan igual —se levantan, no terminan las tareas, se distraen— pueden tener circuitos neuronales diferentes funcionando de manera distinta. Y lo que funciona para uno, puede no servirle al otro.

Acá va mi opinión, y sé que algunos van a discutírmela: esto no es una excusa para etiquetar más. Es una oportunidad para dejar de tratar a todos con la misma receta. Porque si algo he visto en estos años es que el “ensayo-error” en los tratamientos del TDAH cansa a las familias, frustra a los chicos y, muchas veces, los hace sentir que el problema son ellos.

¿Qué significa esto para las familias argentinas?

Vamos aterrizarlo. Acá, en Argentina, cuando un pibe tiene dificultades en la escuela, el recorrido suele ser: la maestra dice algo, los padres se preocupan, van al pediatra, después al neurólogo o al psicólogo, y arranca un proceso que puede llevar meses. Y después, cuando llega el diagnóstico, empieza la prueba con medicación, con terapias, con estrategias… y muchas veces no se acierta a la primera.

Este avance internacional podría traducirse en diagnósticos más precisos y tratamientos adaptados a cada niño o adulto. Eso significa menos tiempo perdido, menos angustia y, sobre todo, menos “a ver si esto funciona”.

Pero ojo: esto no es automático. No es que mañana en cualquier consultorio de Córdoba van a hacer una resonancia y te van a decir “su hijo es el perfil 2”. Esto es ciencia que está avanzando, y que acá va a llegar con el tiempo. Pero mientras tanto, podemos empezar a pensar distinto.

Lo que esto cambia en el aula y en casa

Si el estudio muestra que hay tres perfiles cerebrales, entonces tenemos que dejar de preguntarnos “¿qué tiene este chico?” y empezar a preguntarnos “¿cómo funciona su cerebro?”.

Les doy un ejemplo concreto. Imaginemos dos nenes de 8 años, los dos diagnosticados con TDAH, los dos que no se quedan quietos en el aula.

  • Uno tiene un perfil donde el problema principal es la regulación de la atención sostenida. Su cerebro se cansa rápido de mantener el foco. Para él, funcionan las pausas activas cada 15 minutos, las consignas cortas y un ambiente con pocos estímulos visuales.
  • El otro tiene un perfil donde el problema es la impulsividad motora. Su cuerpo necesita movimiento constante. Para él, funciona poder estar de pie mientras trabaja, tener un objeto para manipular mientras escucha, o salir a dar una vuelta a la manzana antes de la tarea.

Si les aplicamos la misma estrategia, uno va a mejorar y el otro no. Y si no mejora, ¿qué hacemos? Lo retamos. Le decimos que no se esfuerza. Lo etiquetamos de vago.

¿Y si el problema no es el chico? ¿Y si el problema es que no estamos ajustando la estrategia a su perfil?

Guía práctica: 8 pasos para empezar a pensar en perfiles (sin necesidad de una resonancia)

Mientras la ciencia avanza y estas clasificaciones llegan a la práctica clínica cotidiana, podemos ir incorporando una mirada más fina. Acá van algunas ideas concretas, desde mi experiencia en el aula y el consultorio.

1. Observá sin juzgar

Antes de decir “no se concentra”, preguntate: ¿en qué momentos sí se concentra? ¿Cuándo logra engancharse? ¿Qué estaba pasando alrededor? El dato está en el contexto, no en la etiqueta.

2. Probá una estrategia a la vez

Nada de querer cambiar todo junto. Elegí UNA cosa: la mochila, el desayuno, la tarea. Aplicá una estrategia simple durante una semana. Si funciona, genial. Si no, probá otra. Una cosa a la vez, que alcanza.

3. Dividí las tareas en pasos visibles

No le digas “ordená tu cuarto”. Decile: “1. Meté los juguetes en el cajón. 2. Poné los libros en el estante. 3. Hacé la cama.” Si podés, dibujalo o escribilo. El cerebro con TDAH necesita ver el camino, no adivinarlo.

4. Ajustá el tiempo a su cerebro

No todos los chicos rinden igual a la mañana que a la tarde. No todos pueden estar sentados 40 minutos seguidos. Observá cuándo rinde mejor y organizá las tareas más difíciles en ese momento. Si hace la tarea a las 7 de la tarde y se duerme, probá a las 5. O a las 10 de la mañana los sábados.

5. Usá el movimiento como herramienta, no como castigo

Si el pibe no para de moverse, no lo sientes. Dale algo para hacer con las manos mientras escucha. Una plastilina, un cubo, un elástico. El movimiento no es enemigo de la atención; a veces es su vehículo.

6. Reducí el ruido visual y auditivo

El escritorio frente a la ventana, la tele de fondo, el celular cerca… todo eso compite por la atención de un cerebro que ya tiene dificultades para filtrar. Probá un ambiente más limpio. Menos estímulos, más foco.

7. No le pidas que recuerde todo

La memoria de trabajo en el TDAH suele estar sobrecargada. Anotá, pegá carteles, usá alarmas. Que el entorno recuerde por él. No es que sea vago; es que su cerebro no retiene la información igual.

8. Celebra los pequeños logros

No esperes a que termine todo bien. Reconocé el esfuerzo en el camino. “Hiciste los primeros dos ejercicios, bien ahí.” Eso genera motivación. El cerebro con TDAH necesita refuerzos frecuentes, no solo al final.

Preguntas que me hacen siempre

¿Esto significa que mi hijo va a necesitar una resonancia para que le ajusten el tratamiento?

No, por ahora no. Este estudio es un avance científico que va a ir incorporándose a la práctica clínica con el tiempo. Hoy el diagnóstico de TDAH sigue siendo clínico: lo hace un neurólogo, un psiquiatra o un psicólogo a partir de la observación, entrevistas y cuestionarios. Lo que cambia es la mirada: empezamos a entender que no todos los TDAH son iguales, y eso ya podemos aplicarlo aunque no tengamos una imagen del cerebro.

Mi hija tiene TDAH y la medicación no le hace efecto. ¿Puede ser que tenga otro perfil?

Puede ser. La medicación no funciona igual en todos los pacientes, y una de las hipótesis que abre este estudio es justamente que los distintos perfiles cerebrales podrían responder de manera diferente a los fármacos. Pero ojo: no saques conclusiones por tu cuenta. Si la medicación no está dando resultado, hablalo con el médico que la sigue. Él o ella puede evaluar si ajustar la dosis, cambiar el fármaco o combinar con otras estrategias. Nunca modifiques un tratamiento sin supervisión profesional.

En la escuela me dicen que mi hijo es un vago. ¿Cómo les explico esto?

Te entiendo. Duele. Lo primero: no te pongas a la defensiva, pero tampoco te calles. Podés decir algo como: ‘Mi hijo tiene un diagnóstico de TDAH, y estamos trabajando con estrategias específicas. No es falta de voluntad; es que su cerebro funciona distinto. ¿Podemos pensar juntos cómo ayudarlo en el aula?’ Si la escuela no está dispuesta a escuchar, buscá apoyo en el equipo de orientación escolar o en un profesional externo que pueda mediar.

¿Estos perfiles aplican también a adultos con TDAH?

Sí, el estudio no se limita a niños. El TDAH es una condición que acompaña toda la vida, aunque los síntomas cambien con la edad. En adultos, los perfiles cerebrales podrían ayudar a entender por qué algunos responden bien a ciertas terapias y otros no, y a diseñar estrategias laborales y cotidianas más ajustadas a cada persona.

¿Dónde puedo leer el estudio original?

La nota de Infobae (que está en https://www.infobae.com/salud/ciencia/2026/05/08/un-nuevo-estudio-identifico-tres-perfiles-cerebrales-en-el-tdah-que-implica-para-el-tratamiento-de-cada-paciente/) menciona el estudio y sus hallazgos principales. Si querés profundizar, podés buscar la publicación científica original a través de Google Scholar o pedirle a tu médico que te oriente. Recordá siempre verificar las fuentes y no guiarte por resúmenes incompletos.

Una herramienta para hoy

Esta semana, hacé esto: elegí una rutina que sea una lucha diaria (el desayuno, la tarea, irse a dormir). Anotá en un papel, con dibujos o con palabras, los pasos concretos. Pegalo donde se vea. No le digas al chico “acordate”. Señalá el cartel. Una semana. Después me contás.

Y si algo no funciona, bajemos un cambio y vamos por partes. No es el chico. Es la estrategia. Y las estrategias se pueden cambiar.

Ana Belén Rossi es psicopedagoga, especializada en TDAH en la infancia y adolescencia. Trabaja en Córdoba capital y acompaña a familias y escuelas en la construcción de entornos que potencien a cada pibe. Este contenido es informativo y no reemplaza la consulta médica. El TDAH lo diagnostica y trata un profesional de la salud (neurólogo, psiquiatra o psicólogo). Ante cualquier duda, consultá a tu médico de confianza.

Ana Belén Rossi
Escrito por Ana Belén Rossi

Trabajo hace años acompañando a chicos con TDAH en la escuela y en casa. Comparto estrategias concretas para aplicar hoy. Voz editorial de TDAH Familias, con asistencia de IA. Contenido informativo, no reemplaza la consulta profesional.

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