**Titular:** Un estudio revela que los ingresos hospitalarios de adolescentes con TDAH se dispararon en dos décadas
**Fuente:** El Periódico (España) – [https://www.elperiodico.com/es/sociedad/20250420/tdah-ninos-adolescentes-ingresos-hospitalarios-disparan-dos-decadas-116379329](https://www.elperiodico.com/es/sociedad/20250420/tdah-ninos-adolescentes-ingresos-hospitalarios-disparan-dos-decadas-116379329)
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**Por Ana Belén Rossi, psicopedagoga (Córdoba, Argentina)**
**La cifra que obliga a mirar dos veces**
Me tocó leer la noticia con el mate en la mano, en silencio. Una investigación universitaria publicada en España revela que los ingresos hospitalarios de adolescentes con TDAH aumentaron notablemente en las últimas dos décadas. El dato es contundente: el trastorno afecta al 6,8% de los niños y adolescentes en ese país. Pero ojo, porque esto no es un problema exclusivo de allá. Acá, en Argentina, las salas de espera de neurología infantil están llenas, y las consultas por salud mental juvenil no dan abasto.
Cuando leo estas cifras, no puedo evitar acordarme de la seño Marta, mi maestra de tercer grado, ya fallecida. Ella tenía una carpeta con fichas de alumnos ‘difíciles’ que ella veía brillantes. Me enseñó a mirar distinto. Su dicho que repito hasta el cansancio: *”El que no encaja en el molde, capaz que el molde está mal.”* Y con estos números en la mano, yo me pregunto: ¿cuántos de esos ingresos se podrían haber evitado con una detección temprana y estrategias concretas en el aula y en casa?
Porque acá está el núcleo de la cuestión. No hay chico vago; hay chico aburrido, angustiado o mal acompañado. Y cuando el sistema lo etiqueta como ‘problemático’ en lugar de entender su neurodivergencia, el resultado es una escalada que termina, muchas veces, en una cama de hospital. Bajemos un cambio y vamos por partes.
**La pregunta que todos se hacen: ¿por qué aumentan las hospitalizaciones?**
Es la pregunta del millón, y la respuesta honesta no viene en los folletos. El aumento de ingresos no significa necesariamente que haya más chicos con TDAH que antes. Significa, en gran parte, que hay más diagnósticos, sí, pero también que hay menos red de contención. Las familias llegan agotadas, las escuelas no tienen recursos, y el sistema de salud está saturado. El adolescente que ingresa no es solo el que tiene déficit de atención; es el que viene arrastrando fracaso escolar, bullying, ansiedad y una autoestima por el piso.
Mi experiencia en el consultorio me dice que el pibe que llega a una internación es el que no encontró a tiempo un adulto que le dijera: “¿Y si el problema no es el chico?”. Porque una cosa es tener TDAH y otra muy distinta es vivir en un entorno que te castiga constantemente por ser como sos. La investigación española es un espejo. Acá también tenemos que preguntarnos qué estamos haciendo mal antes de que el chico llegue al hospital.
**La guía práctica: 5 pasos para evitar la guerra de las mañanas**
Ahora, dejemos las estadísticas por un rato y hablemos de lo que a mí me apasiona: las estrategias concretas para hoy. Porque una estrategia simple aplicada gana a un diagnóstico perfecto guardado en un cajón. Y una de las batallas más comunes en casa con un pibe con TDAH (y muchas veces con autismo leve o hipersensibilidad sensorial) es la guerra de la ropa. Ese momento en que el pibe llora, grita o se niega a vestirse porque la etiqueta le molesta o la costura le lastima.
**1. La etiqueta no es un enemigo, es un estorbo.**
Fijate: si tu hijo se queja de la etiqueta, no es un capricho. Es hipersensibilidad táctil. La solución más simple es cortarla con una tijera finita, cosiendo un retazo de algodón suave encima o comprando ropa sin etiqueta. No es caro ni complicado. Es adaptar el entorno, no al chico.
**2. La costura que molesta se siente como una lija.**
Probá dar vuelta la ropa de adentro hacia afuera. Suena ridículo, pero funciona. Las costuras quedan por fuera y el roce desaparece. Yo tuve un alumno que solo usaba las remeras al revés durante un año entero. La seño se quería volver loca, pero el pibe iba feliz y aprendía. ¿Qué preferís? ¿Un chico cómodo y aprendiendo o uno incómodo y peleando?
**3. Elegí telas que no piquen.**
El algodón orgánico, el jersey de algodón o la franela son opciones mucho más amigables que el poliéster o la lana cruda. No hace falta gastar fortunas. Andá a una tienda de telas y fijate: si la tela te pica a vos en la mano, imaginate a un pibe con sensibilidad aumentada.
**4. La ropa no se elige la noche anterior.**
Eso es un mito. Se elige con tiempo, sin apuro y con opciones limitadas. Nada de abrir el placard y decir “elegí”. Eso abruma. Ofrecé dos opciones, no más. “¿Querés la remera azul o la verde?” Una cosa a la vez, que alcanza.
**5. El ritual de las mañanas se arma con un tablerito visual.**
Yo soy fanática de los tableritos. Dibujás o pegás fotos de los pasos: levantarse, ir al baño, vestirse, desayunar, cepillarse los dientes. El chico con TDAH necesita estructura visual. No es que no quiera vestirse; es que su cerebro no organiza la secuencia. El tablerito le da el andamiaje que necesita.
**Preguntas de la gente**
¿Mi hijo es un vago porque tarda una hora en vestirse?
No. No es vago, está abrumado. La lentitud en un chico con TDAH o hipersensibilidad no es falta de voluntad, es una sobrecarga sensorial. Su cerebro está procesando demasiada información al mismo tiempo. En lugar de apurarlo, reducí los estímulos: bajá la música, apagá la tele y acompañalo con calma.
¿Qué hago si la escuela no le permite usar ropa cómoda?
Acá hay que ser firme. La adaptación del aula al chico es un derecho, no un privilegio. Pedí una entrevista con la docente y explicá la situación con un informe de tu profesional de cabecera. Si la escuela se niega, buscá asesoramiento en la asociación de TDAH de tu ciudad. No estás solo en esta pelea.
¿La hipersensibilidad a la ropa es solo del TDAH o también del autismo?
Es un síntoma que se presenta en ambos, y también en chicos sin ningún diagnóstico. La hipersensibilidad táctil es una característica de la neurodivergencia. No importa la etiqueta exacta; importa la estrategia. Si le molesta, se adapta. Punto.
¿Puedo obligar a mi hijo a usar una prenda que le molesta para que se acostumbre?
No te lo recomiendo. Forzar la tolerancia sensorial solo genera más ansiedad y más rechazo. Es como obligarte a comer algo que te da arcadas. La exposición gradual funciona, pero siempre desde el respeto y el juego, nunca desde la imposición. Una cosa a la vez.
¿Qué hago si mi hijo se saca la ropa en el medio de la clase?
Primero, respirá. No es un acto de rebeldía. Es una crisis sensorial. Hablá con la seño y armá un plan: un rincón tranquilo en el aula donde pueda ir a regularse, o una muda de ropa de emergencia en la mochila. La anticipación es clave. Y si la escuela no entiende, insistí. El que no encaja en el molde, capaz que el molde está mal.
**Una herramienta para hoy**
Te dejo una técnica concreta para aplicar esta misma semana. Se llama “El vestidor de las opciones”. Agarrá una caja o un cajón y poné adentro solo 3 o 4 prendas que ya sabés que no le molestan. Que sean cómodas, sin etiquetas y de telas suaves. Cada noche, antes de dormir, tu hijo elige una de esas opciones y la deja lista. A la mañana siguiente, no hay discusión. No hay placard abierto, no hay “no tengo nada que ponerme”. Hay una decisión ya tomada con calma. Es simple, pero funciona. Porque antes de pedirle al chico que cambie, mirá qué podemos cambiar del entorno.
Y si un día la guerra estalla igual, no te castigues. Sos humano. Recién arrancamos.
