Acá va la nota. La escribí como cobertura de la noticia del Diario de Navarra, con mi mirada de psicopedagoga cordobesa y el ángulo que nos toca de cerca en Argentina.
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Hace unos años atendí a un nene de nueve. Llamémoslo Tomás. La mamá llegaba a la consulta agotada, con esa cara de quien ya peleó una batalla antes de las ocho de la mañana. El motivo parecía ridículo: la ropa. Tomás se sacaba la remera apenas se la ponía. Se rascaba los brazos, se tiraba al piso, lloraba. La familia había probado de todo: suavizante, remeras nuevas, remeras viejas, remeras de algodón orgánico. Nada. En el colegio la maestra me dijo una frase que todavía me resuena: “Es un nene caprichoso, se hace el difícil”.
Yo me quedé con esa frase dando vueltas. Porque en mi experiencia, cuando un chico se pelea con algo tan básico como ponerse una remera, no hay capricho. Hay un sistema nervioso que está recibiendo una información que no puede procesar. Y eso, para el chico, es literalmente insoportable.
Un día hicimos un experimento simple en el consultorio. Le pedí a Tomás que se pusiera tres remeras distintas, una por una, y que me dijera qué sentía en cada una. La primera: “me raspa acá”, señalando la etiqueta. La segunda: “me aprieta el cuello”. La tercera: “esta está bien”. La tercera era una remera vieja, gastada, sin etiqueta, con las costuras ya blandas de tanto lavado. Ahí entendí todo. No era el color, no era el diseño, no era el precio. Era la textura, la etiqueta, la costura. Y la solución no estaba en convencer a Tomás de que aguantara, sino en cambiar lo que le poníamos encima.
Eso me enseñó algo que repito cada vez que puedo: antes de pedirle al chico que cambie, mirá qué podemos cambiar del entorno. Una cosa a la vez, que alcanza.
La noticia que me hizo pensar en Tomás
Esta semana leí una nota del Diario de Navarra que me devolvió esa escena entera. La psicopedagoga Maite Urkizu señala que los docentes no comprenden que un alumno con TDAH hable en clase, una conducta vinculada al trastorno y no a la falta de disciplina. La especialista analiza las necesidades escolares de los chicos con TDAH y el papel de las asociaciones de afectados y familiares.
Podés leer la nota completa acá: Diario de Navarra
Lo que dice Urkizu me interpela directo, y no solo por el TDAH. Porque el mismo malentendido que ella describe con el chico que habla en clase es el que veo todos los días con la ropa. El docente que interpreta la conducta como falta de límites. La familia que interpreta el rechazo a la ropa como berrinche. El chico que queda atrapado en el medio, con una etiqueta pegada en la frente que dice “difícil” o “vago” o “caprichoso”.
Y acá quiero ser clara con algo que sostengo siempre: poner una etiqueta no es lo mismo que entender a un pibe. La seño Marta, mi maestra de tercer grado, tenía una carpeta con fichas de alumnos “difíciles” que ella veía brillantes. Me enseñó a mirar distinto. Su dicho que repito: “El que no encaja en el molde, capaz que el molde está mal”.
¿Y si el problema no es el chico?
Cuando hablamos de hipersensibilidad sensorial en la ropa, mucha gente piensa automáticamente en autismo. Y sí, la hipersensibilidad ropa autismo leve es un tema real y muy consultado. Pero quiero aclarar algo importante: la sensibilidad sensorial no es patrimonio exclusivo del autismo. También aparece en chicos con TDAH, con trastornos del procesamiento sensorial, con ansiedad. La ropa que raspa, la etiqueta que molesta, la costura que aprieta, el elástico que marca: todo eso puede ser, para un sistema nervioso hipersensible, una agresión constante que no se apaga.
Ahora, la pregunta que todas las familias me hacen: ¿esto se cura? ¿el chico va a dejar de pelearse con la ropa?
Mi respuesta honesta, la que no viene en los folletos: no siempre desaparece, pero casi siempre se puede manejar. Y la clave no está en el chico. Está en el entorno. En lo que elegimos ponerle, en cómo adaptamos la casa, en cómo pedimos adaptaciones en la escuela. No vas a “convencer” a un sistema nervioso hipersensible de que la etiqueta no molesta. Pero sí podés sacar la etiqueta. Y eso cambia el día entero.
Una advertencia que quiero dejar clara: esto no es un diagnóstico. El TDAH y las condiciones del procesamiento sensorial las evalúa un profesional. Lo que yo te puedo dar son estrategias concretas para probar en casa, y el marco para entender que tu hijo no se está haciendo el difícil.
Guía práctica: cómo evitar la guerra de las mañanas
Te dejo diez pasos que uso con las familias que acompaño. No son recetas mágicas, son herramientas para probar. Algunas van a funcionar, otras no. Andá por partes.
1. Hacé una prueba de texturas, no de gustos
Antes de comprar, probá. Poné sobre la cama tres o cuatro remeras de distintas telas y pedile al chico que se las ponga una por una. Preguntale qué siente en cada una, sin corregir la respuesta. Anotá cuál eligió y por qué. En mi experiencia, el algodón gastado suele ganar. El polar, el poliéster rígido y las telas con mucho acabado suelen perder.
2. La etiqueta se va, sin culpa
Cortá las etiquetas. Sí, todas. No es un capricho, es una adaptación. Si te da miedo que se descosa la prenda, cortá la etiqueta dejando un borde y después cubrí ese borde con una tirita de tela suave o una cinta de raso. Hay familias que directamente compran remeras sin etiqueta impresa en el cuello. Es una inversión que vale la pena.
3. Revisá las costuras por dentro
Las costuras gruesas en los hombros, en las axilas, en la cintura del pantalón son puntos críticos. Date vuelta la prenda y pasá la mano por dentro. Si sentís relieve marcado, probablemente tu hijo también. Las medias con costura en la punta son un clásico: hay medias sin costura, y también podés ponerlas del revés.
4. El elástico de la cintura: ese enemigo silencioso
Los pantalones con elástico ajustado dejan marca y molestan. Probá pantalones con cintura regulable, o directamente un talle más si el chico lo tolera. Los jogging de algodón con elástico ancho y blando suelen ser más tolerados que los jeans. Si el chico usa uniforme, hablá con la escuela: muchas veces se puede acordar una prenda alternativa.
5. Capas, siempre capas
Un chico hipersensible puede tolerar una remera de manga corta pero no una de manga larga. O al revés. Las capas permiten regular. Remera de algodón fina abajo, buzo o campera arriba que se puede sacar. Esto también sirve para la escuela, donde la temperatura cambia entre el aula y el patio.
6. El momento de vestirse: anticipalo
La guerra de las mañanas no empieza a las siete y media. Empieza la noche anterior. Dejá la ropa elegida y probada sobre la silla. Que el chico participe de la elección, dentro de opciones que vos ya sabés que tolera. Un tablero visual con los pasos (levantarse, ir al baño, ponerse la remera, ponerse el pantalón) ayuda muchísimo. Yo armo tableritos visuales para todo, y este es uno de los que más resultado da.
7. Probá la ropa en el momento del día que mejor tolera
Hay chicos que a la mañana no toleran nada y a la tarde están más regulados. Si podés, probá la ropa nueva un sábado a la tarde, con tiempo, sin apuro. No el lunes a las siete de la mañana.
8. El lavado también cuenta
La ropa nueva suele tener apresto. Lavala dos o tres veces antes de estrenarla. Usá suavizante solo si al chico le gusta el olor y la textura; hay chicos a los que el perfume les molesta más que la costura. Probá sin perfume.
9. Documentá y pedí adaptaciones en la escuela
Si el chico usa uniforme y no lo tolera, no lo dejes librado al azar. Escribí qué prendas tolera, qué texturas rechaza, qué pasa cuando se lo fuerza. Pedí una reunión, mostrá el registro. Las asociaciones de padres cumplen un rol clave para exigir adaptaciones. En Argentina hay asociaciones de familias con TDAH y con condiciones del espectro autista que acompañan estos pedidos. No estás solo en esto.
10. No negocies con el cuerpo del chico
Esto es una opinión que quizás te genere resistencia: no le pidas a un chico hipersensible que “aguante” la ropa que le molesta para que aprenda a tolerar. La exposición forzada a un estímulo que el sistema nervioso procesa como agresión no enseña tolerancia, enseña que su malestar no importa. Prefiero mil veces adaptar la prenda que romperle la confianza en que su cuerpo dice la verdad.
Preguntas que me hacen seguido
¿Esto es autismo? Mi hijo tiene TDAH y se pelea con la ropa.
No necesariamente. La hipersensibilidad sensorial aparece en el TDAH, en el autismo, en trastornos del procesamiento sensorial y en cuadros de ansiedad. Que un chico rechace la ropa no alcanza para hablar de autismo. Eso lo evalúa un profesional. Lo que sí podés hacer es registrar qué texturas tolera y adaptar el entorno mientras tanto.
¿A qué edad empieza a notarse?
Puede notarse desde muy chiquito, incluso en bebés que rechazan ciertos tejidos o se sacan los zapatos. En otros chicos aparece más grande, cuando empiezan a poder nombrar qué les molesta. No hay una edad única. Lo importante es no descartar el malestar como capricho.
¿Tengo que comprar ropa carísima?
No. En mi experiencia, las remeras de algodón gastadas, lavadas muchas veces, suelen ser las más toleradas. No hace falta gastar de más. Lo que sí conviene es invertir en medias sin costura y en prendas sin etiqueta impresa si las encontrás. Los precios varían mucho según el comercio y la zona; consultá en tu barrio.
¿Y si la escuela no acepta que use otra ropa?
Primero, documentá. Escribí qué pasa cuando usa el uniforme, con fechas y ejemplos. Segundo, pedí una reunión con la escuela y llevá el registro. Tercero, si es necesario, buscá acompañamiento de una asociación de familias. Muchas escuelas aceptan adaptaciones cuando ven el registro y entienden que no es un capricho.
¿Sirve forzarlo a usar la ropa que le molesta?
Mi postura es que no. Forzar la exposición a un estímulo que el sistema nervioso procesa como agresión no genera tolerancia, genera más rechazo y desconfianza. Prefiero adaptar la prenda. Si querés trabajar la tolerancia, hacelo con un profesional y de a poco, nunca en medio de la guerra de las mañanas.
¿Esto se cura con el tiempo?
Puede mejorar, puede cambiar de forma, puede quedarse. No hay una respuesta única. Muchos chicos aprenden a identificar qué les molesta y a elegir su ropa. Otros siguen necesitando adaptaciones de adultos. Lo que sí cambia, cuando la familia entiende, es la calidad del día a día.
Una herramienta para hoy
Te dejo una sola cosa para probar esta semana. Antes de dormir, elegí con tu hijo tres remeras que ya sabés que tolera. Dejalas sobre la silla. A la mañana, no hay negociación: el chico elige entre esas tres. No hay opción de “otra”, no hay opción de “ninguna”. La elección está acotada a lo que su cuerpo tolera, y eso le devuelve algo de control sin abrir la puerta a la pelea.
Es simple. Es chico. Pero una estrategia simple aplicada gana a un diagnóstico perfecto guardado en un cajón. Y si el problema no es el chico, empecemos por cambiar lo que le ponemos encima.
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Este contenido es informativo y no reemplaza la consulta médica. No indica dosis ni tratamientos. Ante cualquier duda o síntoma, consultá a tu médico o profesional de la salud. El TDAH lo diagnostica y trata un profesional (neurólogo, psiquiatra o psicólogo).
