La primera vez que mi hijo se tiró al piso del supermercado, yo quise desaparecer. No era un capricho, lo sabía en el fondo, pero la mirada de la gente pesaba. Me acuerdo que le hablé bajito, le ofrecí el juguete, le prometí la luna. Nada. Ahí, en el pasillo de los lácteos, entendí que no estaba lidiando con un berrinche. Era otra cosa. Mi hijo no estaba negociando: estaba desbordado.
Con el tiempo, y mucha terapia, aprendí a leer la diferencia. Y quiero contártela simple, porque nadie me la explicó así a mí. El berrinche tiene público. El chico te mira, busca tu reacción, negocia. La crisis, el famoso meltdown, no. Ahí no hay negociación posible: el sistema nervioso del pibe explotó. No te está manipulando, está pidiendo auxilio a su manera.
La pregunta que todos se hacen, y que yo me hice mil veces, es: ¿qué hago en el momento exacto? Primero, bajá el volumen de tu propia cabeza. Si vos te alterás, el incendio crece. Segundo, sacalo del lugar si podés, o sacá a la gente del lugar. Tercero, no hables mucho. Las palabras sobran cuando el cerebro está en modo pánico. Un abrazo firme, sin apretar, y presencia. Nada más.
Una advertencia honesta que no viene en los folletos: la culpa te va a comer. Vas a pensar que podrías haberlo evitado, que es tu culpa, que el diagnóstico no explica todo. Respirá, papá, mamá: esto se transita. No estás roto, y tu hijo tampoco. Hoy alcanza con lo que pudiste.
Y una novedad que viene al caso, porque la evidencia ayuda a orientarse. El estudio más grande sobre TDAH hasta la fecha, publicado por European Times, concluyó que la medicación es el tratamiento más eficaz para niños y adultos con TDAH, mientras que la terapia cognitivo-conductual lo es para adultos. Es la evidencia más sólida hasta la fecha, basada en ensayos clínicos a corto plazo. Para las familias argentinas, esto refuerza la importancia de combinar abordajes basados en evidencia, y de decidir junto a profesionales de la salud, en un contexto donde el acceso a terapias es dispar.
Mi opinión, que algunos discutirán: la medicación no es un atajo ni una muleta. Es una herramienta que, bien indicada, le devuelve al pibe la posibilidad de aprender y de relacionarse sin estar en guerra con su propio cerebro. Pero la pastilla no enseña habilidades. La terapia, el acompañamiento y el abrazo en el momento justo hacen el resto.
Preguntas de la gente
¿Cómo sé si es berrinche o meltdown?
Fijate si te mira. Si te busca con la mirada para ver tu reacción, es berrinche. Si está en su propio mundo, gritando o llorando sin mirarte, es meltdown. En el berrinche hay negociación; en la crisis, no.
¿Qué hago si el meltdown pasa en la calle?
Primero, respirá vos. Después, buscá un lugar más tranquilo, aunque sea una esquina. No hables mucho, no expliques, no razones. Ofrecé presencia y un abrazo si te deja. El resto espera.
¿Le doy una palmada o lo reto para que se calme?
No. En un meltdown, el reto o el castigo solo aumentan la angustia. No es desobediencia, es desborde. Tu trabajo es contener, no corregir en ese momento. Después, con calma, se habla.
¿La medicación es la única solución?
No. El estudio más grande hasta la fecha muestra que la medicación es muy eficaz, pero la terapia cognitivo-conductual también lo es, sobre todo en adultos. Cada caso es único. Hablalo con un profesional de salud, no con internet.
¿Mi hijo hace esto porque yo hago algo mal?
No. Dejá de culparte. El TDAH tiene una base neurobiológica. Vos no lo causaste. Lo que sí podés hacer es aprender a acompañarlo mejor, y eso se aprende, con errores incluidos. Yo sigo aprendiendo.
No estás solo
Guardo los dibujos de mi hijo en la heladera, como seguro hacés vos con los tuyos. Y cada vez que veo uno, me acuerdo de que no está roto, solo piensa distinto. Vos tampoco estás roto. Buscá ayuda, hablá con otros padres, llorá si hace falta. Y mañana, con el mate en la mano, se sigue. Esto se transita, y no se transita solo.
