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Más de 4.200 personas en Canarias tienen TDAH sin saberlo: el drama del infradiagnóstico que también nos duele en Argentina

27/08/2026 · 12 min de lectura

Más de 4.200 personas en Canarias tienen TDAH sin saberlo: el drama del infradiagnóstico que también nos duele en Argentina

La noticia que me hizo parar la pelota

Me enteré por un compañero de trabajo que me pasó el link de La Provincia. La leí tres veces, con el mate enfriándose en la mano, en el patio de casa. Mi hijo, que hoy tiene once años y ya maneja su diagnóstico con una madurez que a mí me sigue sorprendiendo, estaba en su cuarto dibujando. Lo escuchaba tararear mientras yo leía que más de 4.200 personas en Canarias padecen TDAH y la mayoría lo desconoce.

Me acordé de cuando él tenía seis años y yo pensaba que era un nene “difícil”. Que no ponía atención porque no quería. Que se movía porque era inquieto, nomás. Que perdía la mochila, los cuadernos, los lápices, y yo me enojaba. Me acuerdo de las mañanas de gritos, de las maestras que me llamaban preocupadas, de las noches en las que mi mujer y yo nos mirábamos sin saber qué hacer, agotados, con esa culpa que te come por dentro.

El infradiagnóstico no es un problema de España. Es un problema nuestro, de acá, de Mar del Plata, de Buenos Aires, de todo el país. Lo que pasa en Canarias es un espejo que nos muestra lo que pasa en nuestras casas, en nuestras escuelas, en nuestros consultorios. Y no es un dato menor: el estigma sigue siendo uno de los principales frenos para que las familias busquen ayuda.

La pregunta que todos nos hacemos: ¿y si mi hijo tiene TDAH y no lo sé?

Mirá, te voy a ser honesto. Cuando me senté a escribir esta nota, pensé en todos los papás y las mamás que están leyendo esto y que sienten que algo no cierra. Que el nene no para, que no se concentra, que las maestras se quejan, que las tareas son una batalla campal. Y que se preguntan, con miedo: ¿será que tiene algo? ¿Será que yo estoy haciendo algo mal?

La respuesta corta es: puede ser. Y la respuesta honesta es: no lo vas a saber si no lo consultás con un profesional. No hay vuelta que darle. El TDAH no se diagnostica con un test online ni con un artículo de internet. Lo diagnostica un equipo médico, con entrevistas, con observación, con historia clínica. Y cuanto antes se haga, mejor.

Pero acá viene la advertencia que no viene en los folletos: el diagnóstico no es una etiqueta que rompe al chico. Al contrario, muchas veces lo explica. Lo libera. Le da un nombre a eso que siente y que no puede poner en palabras. Y a nosotros, los padres, nos da un mapa para dejar de andar a los tumbos.

Lo que sí te digo, con el corazón en la mano: si tenés dudas, no las guardes. Hablá con el pediatra, con el neurólogo infantil, con un psicólogo especializado. Pedir ayuda no es fallar como padre. Es todo lo contrario.

Mi historia: el clic que me cambió la forma de criar

Yo no soy médico ni psicólogo. Soy un papá que pasó por el infierno de no entender a su hijo y que después de mucho tropezar, encontró un camino. Y quiero contarte cómo fue, porque sé que hay muchos que están donde yo estuve.

Mi hijo tenía seis años y ya había pasado por dos jardines de infantes. En ambos me llamaban para decirme que era “muy movido”, que “no respetaba los tiempos”, que “distraía a los demás”. Yo me ponía a la defensiva. Pensaba que me estaban criticando a mí, que me estaban diciendo que yo no sabía criar. Y en el fondo, tenía razón: no sabía. Pero no porque fuera un mal padre, sino porque nadie me había explicado que había otra forma de ver las cosas.

El clic me lo hizo un papá veterano que conocí en un grupo de padres. Se llamaba El Turco, un tipo grandote, de barba canosa, que hablaba con una calma que yo envidiaba. Me pasó unos audios de WhatsApp a las tres de la mañana, cuando yo estaba tirado en el sillón, sin poder dormir, con la cabeza llena de preguntas. Me decía: “Vos ocupate, no te culpes. El pibe no es un problema. El pibe tiene un problema, y vos tenés que ayudarlo a resolverlo. Pero si te quedás en la culpa, no servís para nada.”

Esa frase me partió al medio. Me di cuenta de que había pasado meses, años, enojándome conmigo mismo, buscando culpables, cuando lo único que importaba era mi hijo. Empecé a leer, a informarme, a hablar con profesionales. Y cuando llegó el diagnóstico, no fue una sentencia. Fue un alivio. Por fin teníamos un punto de partida.

El TDAH no se ve, pero se siente en cada rincón de la casa

Lo que la noticia de Canarias no cuenta, porque es un informe, es lo que pasa adentro de las casas. El TDAH no se ve como una pierna rota o una fiebre. Se ve en la mesa de la cocina, cuando el nene no puede terminar la comida porque se levanta veinte veces. Se ve en la mochila llena de papeles arrugados y lápices sin punta. Se ve en las reuniones de padres, cuando la maestra te mira con esa mezcla de lástima y reproche.

Y se ve en el cansancio. Ese cansancio que no te deja dormir, que te hace discutir con tu pareja, que te hace dudar de todo. Yo lo viví. Hubo noches en las que mi mujer y yo no hablábamos, no porque estuviéramos enojados, sino porque no teníamos energía ni para eso. Nos sentábamos en el living, mirando el techo, preguntándonos si estábamos haciendo algo bien.

Por eso cuando leí que el infradiagnóstico y el estigma limitan el acceso a un tratamiento adecuado, sentí que hablaban de nosotros. De los que llegamos tarde. De los que perdimos años por miedo, por vergüenza, por no querer aceptar que nuestro hijo necesitaba ayuda.

Ocho pasos para transitar el TDAH en familia (desde mi experiencia)

No soy médico, te lo repito. Esto es lo que a mí me funcionó, lo que aprendí en el camino y lo que comparto con otras familias en los grupos de padres. Tomalo como una guía, no como un manual.

1. Observá sin juzgar

Antes de buscar diagnósticos, mirá. Mirá a tu hijo, mirá sus patrones, mirá en qué momentos le cuesta más y en cuáles brilla. Anotá. No para etiquetarlo, sino para tener información concreta cuando vayas al médico. A mí me sirvió muchísimo llevar un registro de las situaciones que se repetían: cuándo se distraía, cuándo se frustraba, cuándo lograba concentrarse.

2. Consultá con profesionales, no con internet

Internet es una herramienta, pero también una trampa. Hay mucha información falsa, muchos mitos, muchos “remedios milagrosos” que no existen. El TDAH lo diagnostica un profesional de la salud. Buscá un pediatra que te escuche, un neurólogo infantil, un psicólogo con experiencia. Si no te sentís cómodo con el primer profesional, buscá otro. Tenés derecho a elegir.

3. Aceptá el diagnóstico como un punto de partida

Cuando llegó el diagnóstico de mi hijo, lloré. No de tristeza, sino de alivio. Por fin tenía un nombre para lo que estaba pasando. Pero también me costó aceptarlo. Me costó dejar de pensar que era mi culpa, que yo había hecho algo mal. El diagnóstico no te define como padre ni define a tu hijo. Es una herramienta, un mapa. Y con un mapa, se camina mejor.

4. Buscá una red de apoyo

No estás solo. Hay grupos de padres, asociaciones, comunidades online. Yo conocí al Turco en un grupo de WhatsApp y ese encuentro me cambió la vida. Hablar con otros que están pasando por lo mismo te saca el peso de encima. Te das cuenta de que no estás loco, de que no estás fallando, de que hay otros que entienden lo que vivís.

5. Trabajá en equipo con la escuela

La escuela es un aliado, no un enemigo. Sí, a veces cuesta. A veces las maestras no entienden, a veces los directivos ponen trabas. Pero la mayoría de las veces, si te acercás con respeto y con información, podés construir un puente. Pedí reuniones, explicá la situación, llevá material. El nene pasa muchas horas en el aula, y que la escuela entienda su condición es fundamental.

6. Aprendé a elegir tus batallas

No podés corregir todo. No podés pelear por cada cosa. Aprendí a preguntarme: ¿esto es importante? ¿Vale la pena el conflicto? Muchas veces, la respuesta es no. Dejá pasar las cosas chicas y enfocate en lo que realmente importa: que tu hijo se sienta amado, seguro, acompañado.

7. Cuidá tu relación de pareja

El TDAH de un hijo pone a prueba la relación. Las discusiones, el cansancio, las diferencias de criterio. Es fundamental que se sienten a hablar, que se escuchen, que se apoyen. Y si necesitan ayuda profesional, búsquenla. Una pareja fuerte es el mejor sostén para un nene que necesita estructura y contención.

8. No te olvides de vos

Los padres también necesitan cuidado. Necesitan momentos para respirar, para hacer ejercicio, para ver a sus amigos, para no pensar en el TDAH por un rato. No es egoísmo. Es supervivencia. Si vos estás agotado, no podés contener a nadie. Cuidarte es cuidar a tu familia.

Preguntas que me hacen siempre en los grupos de padres

¿A qué edad se puede diagnosticar el TDAH?

El diagnóstico suele darse en la infancia, generalmente a partir de los seis o siete años, cuando los síntomas se hacen más evidentes en el ámbito escolar. Pero también hay muchos adultos que reciben el diagnóstico tarde, después de años de dificultades. Si tenés dudas, consultá con un profesional.

¿El TDAH se cura?

No se cura, pero se trata. Con el abordaje adecuado, que puede incluir terapia psicológica, apoyo educativo y, en algunos casos, medicación indicada por un médico, los síntomas se pueden manejar muy bien. Muchas personas con TDAH llevan vidas plenas y exitosas.

¿La medicación es la única opción?

No. La medicación es una herramienta más, y no siempre es necesaria. El tratamiento integral incluye terapia conductual, apoyo psicopedagógico, estrategias en el hogar y en la escuela. La decisión de medicar o no la toma siempre el médico, junto con la familia, después de evaluar cada caso.

¿Mi hijo va a tener problemas en la escuela?

Puede tener dificultades, pero con el apoyo adecuado, puede rendir muy bien. Muchos chicos con TDAH son muy inteligentes y creativos, pero necesitan estrategias diferentes para aprender. La clave es que la escuela esté informada y dispuesta a acompañar.

¿Qué hago si la escuela no me da bolilla?

No te rindas. Pedí reuniones, llevá informes médicos, buscá asesoramiento. Si es necesario, cambiá de escuela. El derecho a la educación de tu hijo está por encima de todo. Y si necesitás ayuda para pelear esa batalla, buscá una asociación de TDAH que te oriente.

¿El TDAH es hereditario?

Hay un componente genético importante. Es común que varios miembros de una misma familia tengan TDAH, aunque no siempre estén diagnosticados. De hecho, muchos padres descubren que ellos también lo tienen cuando llevan a sus hijos a consulta.

¿Cómo le explico a mi hijo que tiene TDAH?

Con amor y con honestidad. Sin dramatizar, pero sin esconderlo. Decile que su cerebro funciona de una manera especial, que tiene fortalezas y desafíos, y que vos vas a estar siempre para ayudarlo. Mi hijo lo sabe desde chico y lo maneja con una naturalidad que me emociona.

No estás solo

Termino esta nota como termino siempre: con un abrazo. Porque sé lo que es estar del otro lado, leyendo esto con el nene durmiendo en la habitación de al lado, con la casa en silencio después de un día de tormenta. Sé lo que es sentir que no das más, que no sabés qué hacer, que todos te miran y te juzgan.

Respirá, papá, mamá. Esto se transita. No estás roto, y tu hijo tampoco. El diagnóstico no es una sentencia, es una explicación. Y con esa explicación, empieza el camino. Un camino que no es fácil, pero que se hace más llevadero cuando sabés que no estás solo.

Hoy alcanza con lo que pudiste. Mañana va a ser otro día, y vas a volver a intentarlo. Y así, de a poquito, se construye todo.

Yo guardo los dibujos de mi hijo en la heladera. Cada vez que miro uno, me acuerdo de por qué peleo. Y cada vez que un papá o una mamá me escribe contándome su historia, me acuerdo de los audios del Turco a las tres de la mañana. Y repito su frase, porque es la que me salvó: “Vos ocupate, no te culpes.”

Ocupate. El resto, se va dando.

Nota: Este artículo es informativo y no reemplaza la consulta médica. Si tenés dudas sobre el desarrollo de tu hijo o hija, consultá con un profesional de la salud. El TDAH lo diagnostica y trata un equipo médico especializado. Comparto mi experiencia personal, no indicaciones médicas.

Martín Ledesma
Escrito por Martín Ledesma

Papá de un hijo con TDAH. Cuento la trinchera emocional de la familia, desde el amor y sin careta. Voz editorial de TDAH Familias, con asistencia de IA. Contenido informativo, no reemplaza la consulta profesional.

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