Me acuerdo de Thiago, un pibe de segundo grado que miraba la ventana como si ahí adentro no pasara nada. La seño me lo señaló en la primera reunión de padres: “No presta atención, se para, molesta”. Yo tenía la carpeta de la seño Marta en la cabeza, esa que me dejó cuando se jubiló, llena de fichas de alumnos “difíciles” que ella veía brillantes. Así que en vez de pedirle a Thiago que se sentara derecho y mirara el pizarrón, le cambié el asiento. Lo puse al lado de la ventana, pero con la espalda a ella. Le di un papel y un fibrón para que anotara las palabras que le gustaban mientras yo leía el cuento. Nada más. Una semana después, la seño me dijo: “No sé qué hiciste, pero participa”. No hice nada mágico. Hice lo que la seño Marta me enseñó: miré el molde antes de culpar al pibe.
Esa es la lógica que me mueve. Y por eso, cuando vi que en el Congreso de la Nación se presentó un proyecto para crear un Plan Nacional de Protección Integral para infancias y adolescencias con TDAH, se me ocurrieron dos cosas. Primero: por fin se habla de esto a nivel país, no solo en la escuela de mi barrio o en el consultorio de algún amigo. Segundo: ¿y ahora qué hacemos con los que ya están en el aula? Porque un plan nacional está buenísimo, pero el pibe que tengo enfrente necesita estrategias hoy, no cuando la ley se reglamente.
El proyecto es el 0716-D-2025, presentado en la Honorable Cámara de Diputados de la Nación. Podés leerlo completo en el PDF oficial: https://www4.hcdn.gob.ar/dependencias/dsecretaria/Periodo2025/PDF2025/TP2025/0716-D-2025.pdf. La idea, tal como está redactada, es crear un marco nacional de protección y recursos para familias y escuelas argentinas. Hoy, si tu hijo tiene TDAH y vivís en Córdoba, dependés de lo que haga tu provincia, tu municipio, tu escuela. Y eso cambia todo: hay lugares donde te dan una mano enorme y otros donde te miran como si estuvieras inventando una excusa para que el nene no haga la tarea.
De aprobarse, este plan establecería un piso común de derechos. Eso es enorme. Pero yo soy psicopedagoga, no legisladora. Mi trabajo es bajar esto a la mesa de la cocina y al aula. Así que vamos por partes.
La pregunta que todos me hacen: ¿y los suplementos?
En el consultorio, después de hablar del diagnóstico, de la escuela, de la medicación, siempre aparece la misma pregunta, casi en voz baja, como si fuera un secreto: “¿Y no le puedo dar algo natural? Escuché que el omega 3 y el magnesio son muy buenos”.
Te entiendo. Cuando un hijo tiene un diagnóstico que asusta, querés hacer algo. Cualquier cosa. Y el “natural” suena más seguro que un fármaco. Pero acá va mi advertencia honesta, la que no viene en los folletos: los suplementos no son una solución mágica. No reemplazan la medicación recetada por un neurólogo o psiquiatra, ni la terapia, ni las estrategias pedagógicas. Son, en el mejor de los casos, un apoyo. Y en el peor, un gasto de plata que te hace sentir que hacés algo cuando en realidad no estás haciendo nada.
No te digo que no sirvan. Te digo que hay que saber qué estamos comprando y por qué. Porque hay mucha diferencia entre un producto con evidencia firme y otro que es puro marketing con una etiqueta linda.
La guía práctica: qué mirar antes de comprar
Bajemos un cambio y vamos por partes. Si estás pensando en suplementos para un pibe con TDAH, esto es lo que yo miro, lo que pregunto y lo que tengo en cuenta. No soy médica, así que nada de esto reemplaza la consulta con tu profesional de salud. Pero te sirve para llegar a esa consulta con preguntas inteligentes.
1. El omega 3: el que tiene más cartel, pero no es magia
El omega 3 es un ácido graso esencial. El cuerpo no lo produce, así que tiene que venir de la comida o de un suplemento. Se habla mucho de su rol en el cerebro, y hay investigaciones que sugieren que los chicos con TDAH pueden tener niveles más bajos de ciertos tipos de omega 3 en sangre. Eso es un dato. Otro dato: algunos estudios muestran que la suplementación puede tener un efecto pequeño pero positivo en algunos síntomas, sobre todo en la atención y la hiperactividad. Pero ojo: “pequeño” no es “transformador”. Y no todos los estudios coinciden.
Lo que sí te digo: si vas a comprar, fijate que diga EPA y DHA. Esos son los que importan. Muchos productos venden “omega 3” genérico y no aclaran las cantidades. Y fijate la concentración: no es lo mismo una cápsula de 1000 mg con 100 mg de EPA que una con 500 mg. Mirá la etiqueta, no la foto del dibujito.
2. El magnesio: el relajante natural (pero no para todos)
El magnesio es un mineral que participa en un montón de procesos del cuerpo, incluida la función nerviosa. Hay quien dice que ayuda a calmar y a mejorar el sueño. Y es cierto que la deficiencia de magnesio puede empeorar la irritabilidad o la dificultad para dormir. Pero acá va la parte que no te cuentan: la mayoría de los chicos no tiene deficiencia de magnesio. Y si no hay deficiencia, tomar más no hace nada. El cuerpo elimina el exceso por la orina. O sea: estás haciendo pis caro.
Además, el magnesio no es inofensivo a cualquier dosis. En exceso puede causar diarrea, náuseas y, en casos extremos, problemas más serios. Así que no es “cuanto más, mejor”. Es “si hace falta, el que te indique el médico”.
3. El hierro y la vitamina D: los que nadie mira
Esto no te lo va a decir el vendedor de la dietética, pero a mí me parece importante. Hay estudios que relacionan niveles bajos de hierro y de vitamina D con mayor severidad de los síntomas del TDAH. No es que la deficiencia cause TDAH, pero puede empeorar el cuadro. Y estos son dos nutrientes que se pueden medir con un análisis de sangre simple.
Mi consejo: antes de gastar plata en suplementos caros, hacé un chequeo general. Si el pibe tiene déficit de hierro o de vitamina D, corregir eso puede tener un impacto real. Si está todo bien, no hace falta tomar nada extra.
4. Los “complejos para el cerebro”: ojo con la etiqueta
Hay productos que combinan omega 3, magnesio, zinc, vitaminas del grupo B y un montón de cosas más. Suenan completísimos. Pero ojo: muchas veces las dosis de cada componente son tan bajas que no llegan a tener efecto. Es como poner una gotita de cada cosa en un vaso de agua y esperar que sea un remedio. No funciona así.
Además, algunos de estos “complejos” tienen azúcar o edulcorantes para que el pibe los tome contento. Y eso, para un cuadro de atención, no es lo ideal. Leé los ingredientes completos, no solo el nombre del producto.
5. La comida primero, siempre
Ningún suplemento reemplaza una alimentación variada. El pescado azul (salmón, caballa, jurel) tiene omega 3. Las semillas de chía y las nueces también. Las legumbres, las verduras de hoja verde y las bananas tienen magnesio. Antes de comprar una pastilla, fijate qué está comiendo el pibe durante la semana. A veces el problema no es que le falte un nutriente, es que desayuna facturas y toma gaseosa. Y eso no se arregla con una cápsula.
6. La constancia es clave (y difícil)
Si el médico indica un suplemento, el efecto no aparece a los tres días. Se necesita constancia, a veces de meses. Y acá viene el problema real: ¿quién se acuerda de darle el omega 3 al pibe todos los días? ¿Quién sostiene eso cuando las vacaciones cambian la rutina? Si no podés ser constante, el suplemento no va a hacer nada. Es plata tirada.
Una estrategia que funciona: lo dejás en la mesa del desayuno, al lado del plato. No en el botiquín. Si lo ves, te acordás. Y si te olvidaste un día, no pasa nada. No es un remedio que dependa de la dosis exacta a la misma hora. Es un apoyo, no una urgencia.
7. El placebo también existe (y no está mal)
Si vos creés que el suplemento le hace bien, es posible que el pibe se sienta mejor. Eso se llama efecto placebo y es real. No lo desestimo. Pero no confundas “sentirse mejor” con “mejorar el TDAH”. Si el pibe está más tranquilo porque vos estás más tranquila, eso ya es un montón. Pero no le pidas al suplemento lo que no puede dar.
8. El costo: una decisión familiar
Los suplementos de calidad no son baratos. Un frasco de omega 3 para un mes puede costar entre 15.000 y 40.000 pesos argentinos, dependiendo de la marca y la concentración. El magnesio, un poco menos. Si sumás todo, estás hablando de una plata importante por mes. Antes de comprometerte, preguntate: ¿esta plata la puedo usar para otra cosa que le sirva más? ¿Para una consulta con un psicólogo? ¿Para un libro de actividades? ¿Para pagarle un profesor particular si le cuesta matemática? A veces, la mejor inversión no es la que viene en un frasco.
9. Hablá con el médico, no con el vendedor
El que te vende el suplemento quiere vender. Es su trabajo. El médico que atiende a tu hijo quiere que esté mejor. No es lo mismo. Llevá a la consulta la etiqueta del producto que estás pensando comprar. Preguntale al neurólogo o al pediatra: “¿Esto tiene sentido para mi hijo? ¿En qué dosis? ¿Por cuánto tiempo?”. Si el médico te dice que no hace falta, escuchalo. No es que esté en contra de lo natural. Es que sabe que tu hijo no lo necesita.
10. Lo que ningún suplemento reemplaza
Esto es lo que yo defiendo todos los días: ninguna cápsula va a hacer la tarea de adaptar el aula. Ningún frasco va a cambiar la forma en que la seño le habla al pibe. Ningún polvo mágico va a hacer que el papá entienda que el nene no se distrae porque quiere, sino porque su cerebro funciona distinto. El suplemento, si hace falta, es un apoyo. Pero el cambio de verdad está en el entorno.
¿Y si el problema no es el chico? ¿Y si el problema es que la escuela no está preparada para recibirlo? ¿Y si el problema es que en casa lo retamos todo el día y nunca le decimos qué hace bien? Ahí no hay omega 3 que alcance.
Preguntas de la gente
¿El omega 3 cura el TDAH?
No. No existe cura para el TDAH, y el omega 3 no es una excepción. Puede ayudar como apoyo en algunos casos, pero no reemplaza el tratamiento indicado por un profesional. Si te prometen que un suplemento “cura” el TDAH, desconfiá. Eso es marketing, no medicina.
¿Le doy magnesio a mi hijo para que duerma mejor?
Si tu hijo tiene problemas para dormir, lo primero es hablar con el pediatra. El magnesio puede ayudar en algunos casos, pero no es para todos. Y la dosis la tiene que indicar un médico. No le des suplementos por tu cuenta, por más “naturales” que parezcan. El exceso de magnesio puede causar diarrea y malestar.
¿Qué marca de omega 3 me recomendás?
No te voy a recomendar marcas porque no soy médica y no conozco tu caso. Lo que sí te digo: fijate que el producto tenga EPA y DHA en cantidades claras, que no tenga azúcar agregada y que sea de una marca que puedas investigar. Y siempre, siempre, consultá con el médico de tu hijo antes de comprar.
Mi hijo come mal. ¿Le doy un multivitamínico?
Si come mal, el problema no se arregla con un multivitamínico. Se arregla trabajando la alimentación. Un multivitamínico puede ser un puente temporal, pero no es la solución. Hablá con un nutricionista infantil. Y hacé un análisis de sangre para ver si hay alguna deficiencia real. No adivines.
¿Los suplementos interactúan con la medicación para el TDAH?
Pueden. Por eso es fundamental que el médico que recetó la medicación sepa qué suplementos estás dando. No los escondas. Llevá los frascos a la consulta. El médico tiene que saber todo lo que tu hijo toma, incluido lo “natural”.
¿Vale la pena gastar plata en suplementos si no puedo pagar la terapia?
Mirá, te voy a ser honesta: la terapia y las estrategias pedagógicas tienen mucha más evidencia que cualquier suplemento. Si tenés que elegir entre pagar el omega 3 o pagar una sesión con un psicólogo, elegí la terapia. Es una inversión con retorno mucho más seguro.
Una herramienta para hoy
Dejá los suplementos para la consulta médica. Hoy, esta semana, hacé esto: armá un tablerito visual con la rutina de la mañana. Dibujá o pegá fotos de cada paso: levantarse, lavarse los dientes, desayunar, ponerse la mochila, salir. Pegalo en la puerta de la habitación o en la heladera. Cuando el pibe se distrae, no le retes. Señalale el tablero: “¿En qué paso vas?”. Una cosa a la vez, que alcanza. Eso no cuesta plata, no tiene contraindicaciones y funciona. Lo aprendí de la seño Marta, que veía brillantes a los que nadie miraba. Y tenía razón.
Nota: Este contenido es informativo y no reemplaza la consulta médica. No indiques dosis ni tratamientos. Ante cualquier duda o síntoma, consultá a tu médico o profesional de la salud. El TDAH lo diagnostica y trata un profesional (neurólogo, psiquiatra o psicólogo).
