Me acuerdo de Tomi, un pibe de once años que en el aula era un misterio. No paraba de moverse, pero cuando le hablabas, te miraba con una intensidad que te desarmaba. Su mamá me decía, angustiada: ‘No entiende cuándo los chicos se están burlando de él’. Y era cierto. Tomi no captaba el doble sentido, la ironía, esa cosa sutil de ‘te estoy cargando pero con cariño’. Lo invitaban a jugar al fútbol y él pensaba que era una trampa. Se aislaba. Y ahí estaba yo, con mi cartuchera llena de fibrones, pensando que el problema no era Tomi, sino el molde.
Porque mirá, a los chicos con TDAH (y muchas veces con rasgos de autismo leve, que van de la mano) les cuesta horrores leer las señales sociales. No es que no quieran tener amigos: es que el código les llega en otro idioma. Y si encima sumamos el consumo de sustancias en la adolescencia, que es un tema serio y frecuente, el cóctel es complicado. Por eso me pareció tan importante el consenso internacional que firmaron 55 expertos de 17 países, publicado en el European Research Addiction Journal. ¿La novedad? Que por fin hay un documento que une al TDAH con el abuso de sustancias y da lineamientos claros para tratarlos juntos, no por separado.
La pregunta que todos me hacen en el consultorio es: ‘¿Lo fuerzo a socializar o lo dejo que se aísle?’. Y mi respuesta es siempre la misma: ni una ni otra. No se trata de que ‘encaje’ a la fuerza en un grupo que no lo entiende. Se trata de darle herramientas para que él pueda elegir con quién estar. Una cosa a la vez, que alcanza.
Acá van tres pasos concretos, de esos que podés aplicar esta semana:
- Desarmá la escena social en partes. En vez de decirle ‘comportate bien’, decile ‘cuando un chico te sonríe, podés devolverle la sonrisa. Si te dice algo que no entendés, preguntale: “¿Eso es broma o es en serio?”‘. Le estás dando un guion, no una orden.
- Usá el ‘semáforo’ de las emociones. Dibujá en un papel tres círculos: rojo (me siento incómodo, me quiero ir), amarillo (no estoy seguro de lo que pasa), verde (estoy bien, sigo jugando). Que él lo tenga en el bolsillo. Cuando esté en una situación, que lo mire y decida. Le da el control que tanto necesita.
- Cambiá el entorno, no al chico. Si el recreo es un caos, proponele a la seño un ‘rincón tranquilo’ donde pueda ir a mirar un libro o dibujar. No es castigo: es una pausa. El que no encaja en el molde, capaz que el molde está mal.
Y un consejo honesto que no viene en los folletos: si tu hijo o alumno ya está en la adolescencia y ves que se junta con grupos donde hay consumo de alcohol o porros, no lo retes. Eso lo aleja. Sentate, preguntale cómo se siente, y contale que hay un equipo de 55 expertos que dice que su cerebro funciona distinto y que no está solo. El reto fácil no sirve. La compañía, sí.
¿Cómo sé si mi hijo tiene TDAH o es solo que es inquieto?
Mirá, eso lo tiene que diagnosticar un neurólogo, psiquiatra o psicólogo. No te guíes por lo que leés en internet. Lo que sí podés hacer es observar: ¿le pasa en todos los ámbitos (casa, escuela, deporte) o solo en uno? Si es solo en la escuela, capaz es el entorno. Si es en todos lados y le afecta la vida diaria, consultá.
Mi hijo con TDAH no tiene amigos y se la pasa en la tablet. ¿Lo obligo a salir?
No lo obligues. La tablet puede ser su refugio, no su enemiga. Usala a favor: buscá juegos online donde tenga que cooperar con otros (tipo Minecraft en modo multijugador). Ahí practica habilidades sociales sin la presión de la mirada del otro. Después, invitá a UN compañero a casa, no a cinco. Una cosa a la vez.
¿El consumo de marihuana en un adolescente con TDAH es más peligroso?
Sí, y no es opinión mía: el consenso de los 55 expertos lo remarca. El cerebro con TDAH ya tiene un desbalance de dopamina, y la marihuana lo altera más. Además, los chicos con TDAH suelen automedicarse con sustancias para calmar su ansiedad. Si ves que consume, no lo juzgues: buscá ayuda profesional urgente.
¿Le pongo un tablerito visual para las tareas de la casa? ¿No es muy infantil?
Para nada. Yo armo tableritos visuales hasta para mí. No es infantil: es estructura. Un chico con TDAH necesita ver las cosas, no escucharlas. ‘Ordená tu pieza’ es abstracto. ‘Poné la ropa en el cajón, los libros en el estante y los zapatos en la puerta’ es concreto. Funciona a los 6 y a los 16.
¿Qué hago si la escuela me dice que mi hijo es un vago?
Ahí tenés que poner el grito en el cielo. No hay chico vago; hay chico aburrido, angustiado o mal acompañado. Pedí una reunión con la seño y llevá el consenso internacional como respaldo. Decile que el TDAH no es una excusa, es una condición que necesita adaptaciones. Si la escuela no acompaña, cambiá de escuela. No tengas miedo.
Una herramienta para hoy
Esta semana, probá con el ‘semáforo de las emociones’ que te conté. Dibujalo con tu hijo en una cartulina, pegale un broche para la ropa y que lo lleve en la mochila. Antes de cada situación social (un cumpleaños, el recreo, una visita), preguntale: ‘¿En qué color estás ahora?’. Y si te dice ‘rojo’, no lo obligues a quedarse. Aprendé a escuchar el color. Esa es la primera señal social que él va a aprender a leer: la propia.
