Cuando la noticia me llegó, pensé en Tomás
Me pasó el otro día, leyendo el anuncio de la Agencia Española de Medicamentos (Aemps) sobre la escasez de metilfenidato de liberación prolongada. Y no pude evitar acordarme de Tomás, un pibe de nueve años que tuve en consulta el año pasado. Su mamá llegó desesperada porque “no rendía en la escuela”, porque “era un vago”, porque “no se quedaba quieto ni para comer”. El diagnóstico de TDAH llegó después de meses de vueltas, y con él, la medicación. Pero lo que realmente cambió la historia de Tomás no fue solo la pastilla: fue entender que su mesita del aula estaba frente a la ventana, y que cualquier estímulo visual lo sacaba de eje. Corrimos el banco, armamos un tablerito visual con su rutina de la mañana, y la seño empezó a darle las consignas de a una por vez. Bajamos un cambio y fuimos por partes.
Guardo esa carpeta de fichas que me dejó la seño Marta, mi maestra de tercer grado, ya fallecida. Ella tenía una forma de mirar a los pibes “difíciles” que yo trato de copiar todos los días. Decía: “El que no encaja en el molde, capaz que el molde está mal.” Y cuando leo noticias como esta, de escasez de medicamentos, me acuerdo de esa frase. Porque si el tratamiento farmacológico se complica, más urgente se vuelve ajustar el entorno. No hay chico vago; hay chico aburrido, angustiado o mal acompañado. Y eso no se queda en una frase linda: es una guía de trabajo.
La pregunta que todos se hacen
¿Se va a quedar mi hijo sin medicación? Es la primera pregunta que me hacen las familias cuando llegan con esta noticia. Y la respuesta honesta es: no lo sabemos con certeza. La Aemps anunció una inminente escasez de metilfenidato en comprimidos de liberación prolongada, el fármaco más usado para el TDAH. La psiquiatría anticipa un año complicado para el tratamiento de estos pacientes. Y si bien la noticia es de España, el mercado global de medicamentos está conectado. Lo que pasa allá puede afectar el abastecimiento acá, en Argentina, donde el metilfenidato es clave en el tratamiento.
Pero ojo, porque acá viene la advertencia que no viene en los folletos: la medicación no es la única herramienta. Y no lo digo yo sola, lo dice la experiencia de años trabajando con pibes y familias. La pastilla ayuda, y mucho, pero no hace el trabajo sola. Si el entorno no se adapta, si la escuela no entiende, si en casa no hay rutinas claras, la medicación rinde mucho menos. Y si encima hay faltantes, más razón para tener un plan B que no dependa solo de la farmacia.
Cinco estrategias para atravesar la posible escasez
1. Hablá con el médico tratante, pero ya
No esperes a que el faltante sea un problema concreto. Si tu hijo o hija toma metilfenidato de liberación prolongada, agendá una consulta con el neurólogo, psiquiatra o psicólogo que lo trata. Preguntale qué alternativas existen, si hay presentaciones diferentes o estrategias de dosificación que puedan ayudar. Una cosa a la vez, que alcanza, pero esta es la primera.
2. Revisá la rutina de sueño y alimentación
Cuando la medicación no está o se reduce, el cuerpo necesita estar lo más regulado posible. Horarios fijos para dormir, comidas a horario, menos pantallas antes de acostarse. No es magia, es fisiología. Un pibe con sueño atrasado y azúcar en sangre descontrolada rinde mal, con o sin TDAH.
3. Armá tableritos visuales en casa
Yo soy de Córdoba capital y tengo la cartuchera llena de fibrones de colores, no te voy a mentir. Los tableritos visuales son mi herramienta favorita: una secuencia de imágenes que muestra qué sigue después. “Levantarse, desayunar, lavarse los dientes, mochila, salir”. El pibe no tiene que acordarse de todo, solo tiene que mirar el tablero. Si la medicación falla, la estructura visual sostiene.
4. Hablá con la escuela
Fijate si la seño o el profe están al tanto de la situación. Muchas veces alcanza con pedir que las consignas se den de a una, que el pibe se siente lejos de la ventana o que tenga descansos breves entre tareas. ¿Y si el problema no es el chico? A veces el problema es un aula que no está pensada para todos los cerebros.
5. No te aísles
Buscá grupos de familias con TDAH, en tu barrio o por internet. El intercambio de experiencias concretas —qué funciona, qué no, a qué farmacia llegó el remedio— es un recurso real. Y si te sentís abrumada, abrumado, pedí ayuda. No hace falta sostener todo en soledad.
Preguntas de la gente
¿Qué es el metilfenidato y para qué se usa?
Es un fármaco ampliamente extendido en el tratamiento del TDAH. Ayuda a mejorar la atención y a reducir la impulsividad y la hiperactividad. Se usa como parte de un abordaje integral que incluye estrategias psicopedagógicas y acompañamiento familiar. No es una pastilla mágica, pero para muchos pibes es un gran apoyo.
¿La escasez anunciada en España afecta a Argentina?
No hay confirmación oficial de faltantes en nuestro país, pero el mercado de medicamentos es global. Si hay problemas de producción o distribución en un país, pueden afectar a otros. La recomendación es estar atentos, no acaparar (eso empeora todo) y mantener el diálogo con el médico y la farmacia de confianza.
¿Puedo cambiar la medicación por mi cuenta?
No, nunca. El cambio de medicación o de dosis lo tiene que indicar un profesional de la salud. Lo que sí podés hacer es consultar con tiempo y preguntar por alternativas. Pero no improvises: el TDAH lo diagnostica y trata un profesional, y cualquier ajuste tiene que pasar por él o ella.
¿Qué hago si mi hijo no consigue la medicación?
Primero, respirar. Después, contactar al médico tratante para ver opciones. En paralelo, reforzá las estrategias no farmacológicas: rutinas, tableros visuales, actividad física, descansos. No es lo mismo que la medicación, pero ayuda a sostener el día a día. Y avisá en la escuela para que estén al tanto y puedan acompañar.
¿La escuela tiene que hacer algo especial si hay faltante de medicación?
La escuela no tiene que medicar, pero sí puede y debe adaptar sus propuestas. Si un pibe está más disperso o más inquieto de lo habitual, la seño puede acercarle las consignas de a una, darle tiempos más cortos de tarea y más movimiento. No se trata de bajarle el nivel, sino de ajustar la forma de llegarle.
¿Cómo explico a mi hijo que puede faltar su remedio?
Con honestidad y sin generar miedo. Algo como: “Puede pasar que por un tiempo no consigamos la pastilla, pero vamos a buscar otras formas de ayudarte”. Los pibes perciben la angustia de los adultos. Si vos estás tranquila, él o ella va a estar más tranquilo. Y recordá: no es su culpa, ni tu culpa.
Una herramienta para hoy
Mirá, te voy a dejar una técnica concreta que podés aplicar esta misma semana. Se llama “la regla del después”. Funciona así: cualquier consigna que le des a tu hijo o hija tiene que incluir qué viene después. “Hacé la tarea y después tenés veinte minutos de dibujo libre”. “Ordená los juguetes y después elegimos la merienda”. El “después” le da al cerebro un horizonte, una recompensa cercana que hace más tolerable la tarea que no le gusta. No es soborno, es estructura. Y cuando la medicación escasea, la estructura es lo que queda.
Esta noticia de la escasez de metilfenidato nos encuentra a todos un poco preocupados. Pero también nos recuerda algo que a veces olvidamos: el tratamiento del TDAH no es solo una pastilla. Es un entramado de estrategias, de miradas, de ajustes. Es la seño que corre el banco de la ventana, es la mamá que arma el tablerito, es el pibe que aprende que su cerebro funciona distinto, no peor.
El que no encaja en el molde, capaz que el molde está mal. Y si el molde es la escasez, bueno, habrá que ser más creativos todavía. De eso se trata, ¿no? De acompañar, de adaptar, de no soltar la mano. Una cosa a la vez, que alcanza.
Este contenido es informativo y NO reemplaza la consulta médica. No se indican dosis ni tratamientos. Ante cualquier duda o síntoma, consultá a tu médico o profesional de la salud. El TDAH lo diagnostica y trata un profesional (neurólogo, psiquiatra o psicólogo).
