Proyecto de ley en Argentina: garantizar diagnóstico y tratamiento del TDAH en niños y adolescentes
Por Ana Belén Rossi, psicopedagoga cordobesa especializada en TDAH
Me acuerdo de Tomás. Ocho años, la mochila siempre abierta, los cuadernos con las puntas dobladas. La seño decía que era ‘un vago’, que ‘no se esforzaba’. La mamá llegó al consultorio con los ojos rojos de llorar. Tomás se sentó en el piso, sacó tres lápices de colores de la cartuchera y empezó a dibujar un dinosaurio con una sonrisa enorme. Ahí me di cuenta: el problema no era él. Era que le pedíamos que se quedara quieto en un banco duro cuarenta minutos seguidos, cuando su cabeza volaba a mil por hora.
Le pedí a la mamá que me prestara un cronómetro de cocina. Le dije: ‘Bajemos un cambio y vamos por partes. Poné el timer en siete minutos. Cuando suene, él se para, salta cinco veces, y vuelve a sentarse. Nada más’. A la semana, Tomás había terminado tres tareas completas. No porque hubiera cambiado su cerebro, sino porque habíamos cambiado el entorno. La mamá me dijo: ‘Pensé que era malo. No sabía que era su forma de funcionar’.
Esa experiencia me enseñó algo que nunca olvido: antes de pedirle al chico que cambie, mirá qué podemos cambiar del entorno. Y por eso, cuando vi el proyecto de ley presentado en la Cámara de Diputados, sentí que algo se movía en la dirección correcta.
¿De qué se trata este proyecto?
El expediente 0716-D-2025, presentado ante la Honorable Cámara de Diputados de la Nación, propone garantizar el ‘derecho al diagnóstico precoz, tratamiento y seguimiento del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH)’ y el ‘derecho a aprender en escuelas convencionales con docentes capacitados’. La fuente es clara: podés leer el texto completo en el sitio oficial de la Cámara (https://www4.hcdn.gob.ar/dependencias/dsecretaria/Periodo2025/PDF2025/TP2025/0716-D-2025.pdf).
Si se aprueba, esta ley impactaría directamente en las familias argentinas. ¿Qué significa? Que las obras sociales y prepagas tendrían que cubrir el diagnóstico y el tratamiento. Que las escuelas estarían obligadas a hacer adaptaciones. Que un pibe con TDAH no tendría que bancarse solo el ‘no te esfuerzas’ o el ‘ponete las pilas’.
Acá va mi opinión, y sé que algunos me van a discutir: una ley no cambia la realidad de un pibe de un día para el otro. Pero sí pone un piso. Un piso que dice: ‘Este chico tiene derechos, y vos, escuela, tenés que estar preparada’. Y eso, en un país donde muchas veces el TDAH se confunde con mala conducta o falta de límites, es un montón.
Lo que no viene en los folletos
Una advertencia honesta: el diagnóstico no es una varita mágica. Conozco familias que gastaron fortunas en estudios y después no sabían qué hacer con el papel. El diagnóstico es una brújula, no un destino. Sirve si después viene acompañado de estrategias concretas: cómo sentar al chico en el aula, cómo organizar la mochila, cómo poner un reloj visual en la cocina.
El proyecto habla de ‘docentes capacitados’. Ojalá. Pero mientras eso llega, los papás y las mamás necesitan herramientas para hoy. No para cuando la ley se reglamente. Para mañana a la mañana, cuando el nene no encuentra la carpeta y ya van quince minutos de pelea.
Cinco pasos para empezar hoy mismo
1. Dividí las tareas en partes chiquitas
No le digas ‘ordená tu pieza’. Decile: ‘Primero, juntá los lápices del piso. Después, poné los libros en el estante. Después, hacé la cama’. Una cosa a la vez, que alcanza. Usá un cronómetro visual: siete minutos por tarea, con un descanso de dos entre medio.
2. Armá un tablerito visual
Yo tengo siempre una cartuchera llena de fibrones de colores. En una hoja A4, dibujá tres cuadraditos: ‘Mañana’, ‘Tarde’, ‘Noche’. En cada uno, tres tareas con dibujos o palabras. El chico va tachando a medida que las hace. Le da orden y una sensación de logro que no tiene cuando todo es ‘apuráte’.
3. Cambiá el ‘no’ por el ‘cuándo’
En lugar de ‘No podés ver tele hasta que termines la tarea’, decí: ‘Cuando termines la tarea, ves tele’. Es un giro sutil, pero el cerebro del pibe con TDAH procesa mejor lo que SÍ puede hacer que lo que NO puede hacer.
4. Buscá el momento de atención máxima
No todos los chicos rinden a la misma hora. Algunos se concentran mejor a la mañana temprano, otros después de merendar. Fijate cuándo tu hijo está más lúcido y poné ahí las tareas que más le cuestan. No es ‘vago’, es que su cerebro tiene su propio ritmo.
5. Hablá con la escuela, pero con datos
No vayas a decir ‘mi hijo tiene TDAH y necesita adaptaciones’. Llevá un registro: ‘En casa, cuando le damos instrucciones cortas, termina la tarea. Cuando le pedimos que escriba tres oraciones, se traba. ¿Podemos probar con dos oraciones y un dibujo?’. Los docentes reciben mejor sugerencias concretas que diagnósticos abstractos.
Preguntas que me hacen siempre
¿El TDAH se cura?
No se cura, se aprende a convivir. Como la miopía: no te sacás los anteojos y ves bien, pero con los anteojos ves perfecto. Acá los ‘anteojos’ son las estrategias, la medicación si el médico la indica, y un entorno que entiende cómo funciona ese cerebro.
¿Mi hijo va a necesitar medicación?
Eso lo decide un neurólogo o psiquiatra infantil. No te asustes si te la recomiendan: para muchos chicos, la medicación es como ponerse los anteojos. Pero no es la única herramienta. Las estrategias conductuales y las adaptaciones escolares son igual de importantes. Nunca te quedes solo con la pastilla.
¿En la escuela pueden negarse a hacer adaptaciones?
Hoy, sin una ley nacional específica, depende de cada escuela. Algunas tienen equipos de orientación escolar que trabajan muy bien; otras, no tanto. Si se aprueba este proyecto, las adaptaciones serían obligatorias. Mientras tanto, pedí una reunión con el equipo directivo y llevá un informe de tu profesional de confianza.
¿Cómo sé si es TDAH o solo es un chico inquieto?
Esa es la pregunta del millón. La diferencia está en la intensidad, la frecuencia y cómo afecta su vida cotidiana. Si no puede sostener la atención ni para jugar diez minutos seguidos, si se olvida las consignas todo el tiempo, si las maestras te llaman todas las semanas, vale la pena consultar. Pero no te autodiagnostiques: andá a un profesional.
¿Qué hago si en casa no tengo paciencia?
Primero: respirá. Segundo: no estás solo. Muchos papás se sienten desbordados. Lo que a mí me funciona es tener un plan escrito: ‘Si se enoja, primero lo contengo, después hablamos’. Y pedí ayuda: grupos de familias con TDAH, talleres, o simplemente una amiga que entienda. No hace falta que seas perfecto.
¿El proyecto de ley cubre los tratamientos?
Según el texto, busca garantizar el ‘diagnóstico precoz, tratamiento y seguimiento’. Eso incluiría consultas médicas, estudios y terapias. Pero ojo: una ley necesita reglamentación y presupuesto. No es automático. Hay que seguir de cerca cómo avanza en el Congreso.
Una herramienta para hoy
Esta semana, probá esto: agarrá un papel y escribí las tres cosas que más le cuestan a tu hijo. Elegí UNA. Solo una. Y pensá: ‘¿Qué puedo cambiar del entorno para que esto sea más fácil?’. Si es la tarea, poné un timer. Si es levantarse, armá una rutina visual. Si es la mochila, comprá separadores de colores. No hace falta que resuelvas todo. Una cosa a la vez, que alcanza.
Y si alguien te dice que tu hijo es vago, acordate de Tomás. Y de la seño Marta, que me enseñó a mirar distinto. Ella decía: ‘El que no encaja en el molde, capaz que el molde está mal’. Este proyecto de ley es una oportunidad para cambiar el molde. Ojalá la aprovechemos.
Este contenido es informativo y no reemplaza la consulta médica. El TDAH lo diagnostica y trata un profesional (neurólogo, psiquiatra o psicólogo). Ante cualquier duda, consultá a tu médico de confianza.
