Por Ana Belén Rossi, psicopedagoga cordobesa
Me pasó la semana pasada, en la cocina de mi casa, mientras armaba un tablerito visual para un nene de 9 años que viene a verme. La mamá me dijo, casi en un susurro: “Ayer le grité. Otra vez. Y después me odié toda la noche”.
Y yo le dije lo mismo que te digo a vos: bajemos un cambio y vamos por partes.
Porque acá hay una noticia que viene como anillo al dedo. El CONICET, junto con INECO y la Universidad Favaloro, acaba de publicar el Primer Consenso Argentino sobre TDAH en adultos. Lo leí entero, y te juro que no es un paper más. Es la primera guía nacional consensuada para el TDAH en la adultez, una condición que —dicen los investigadores— es “frecuentemente subdiagnosticada”. ¿Sabés lo que significa eso? Que muchos adultos que hoy se sienten desbordados, que pierden los papeles con sus hijos, que se olvidan de todo, capaz nunca recibieron un diagnóstico. Y si no lo recibieron, difícil que sepan cómo pedir ayuda.
La pregunta que todos se hacen
¿Por qué me cuesta tanto mantener la paciencia? ¿Por qué reacciono antes de pensar?
Mirá, te voy a ser honesta: no hay una respuesta mágica. Pero hay una advertencia que no viene en los folletos: la culpa no te va a ayudar a regular mejor. Al contrario. Cuando te castigás por haber gritado, al día siguiente estás más tensa, más irritable, y el ciclo se repite.
Una cosa a la vez, que alcanza.
Tres pasos para esta semana
- Preguntate: ¿y si el problema no es el chico? Antes de pedirle que cambie, mirá qué podés cambiar del entorno. ¿Hay ruido? ¿Muchas consignas juntas? ¿Estás vos también con el cerebro saturado?
- Hacé una pausa de 10 segundos. No es una pavada. Cuando sientas que la paciencia se va, respirá hondo y decí: “Necesito un minuto”. Te sorprende lo que cambia.
- Anotá una cosa que salió bien. No importa si es chiquita. “Hoy no grité cuando se cayó la leche”. Eso suma.
Preguntas de la gente
¿El TDAH en adultos es igual que en niños?
No exactamente. En adultos los síntomas suelen ser más sutiles: olvidos constantes, dificultad para organizarse, impulsividad que se disfraza de ‘mal genio’. Por eso el consenso argentino es tan importante: ayuda a los médicos a detectarlo.
Si yo tengo TDAH, ¿mi hijo lo va a tener?
Hay un componente hereditario, pero no es determinante. Lo importante es que si vos tenés diagnóstico, podés pedir herramientas para vos y para acompañar mejor a tu pibe. No es una sentencia.
¿Cómo sé si necesito consultar?
Si sentís que la desorganización, la impulsividad o la dificultad para concentrarte te afectan la vida cotidiana (el laburo, las relaciones, la crianza), vale la pena hablarlo con un neurólogo, psiquiatra o psicólogo. El TDAH lo diagnostica un profesional.
¿Los medicamentos son la única opción?
No. El consenso argentino aborda tanto el tratamiento farmacológico como las estrategias psicológicas y psicoeducativas. Cada persona es distinta. Lo que sí: no te automediques ni le des remedios a tu hijo sin indicación médica.
Mi hijo tiene TDAH y yo me siento culpable todo el tiempo. ¿Qué hago?
Primero: no sos mala madre o mal padre. Estás haciendo lo mejor que podés con un cerebro distinto. Buscá grupos de apoyo, leé, consultá. La culpa no te va a hacer mejor cuidador; la información y las estrategias, sí.
Una herramienta para hoy
Agarrá un papel y escribí tres cosas que tu hijo hace bien. Pegalo en la heladera. Cuando sientas que la paciencia se va, leélo. No es magia, es un ancla. Porque el que no encaja en el molde, capaz que el molde está mal.
Este contenido es informativo y no reemplaza la consulta médica. Ante cualquier duda, consultá a tu médico o profesional de la salud.
