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Misofonía infantil: Cuando el ruido de masticar o de la licuadora los desregula por completo y los pone agresivos.

13/07/2026 · 7 min de lectura

Misofonía infantil: Cuando el ruido de masticar o de la licuadora los desregula por completo y los pone agresivos.

La primera vez que mi hijo me pegó fue en la cocina de casa. Yo estaba picando cebolla para el guiso, y el ruido del cuchillo contra la tabla lo hizo estallar. No fue un berrinche común: fue una desregulación total. Gritaba como si lo estuvieran lastimando, se tapaba los oídos y, cuando intenté abrazarlo, me dio un manotazo en la cara. Me quedé helado. No entendía nada. Pensé: ‘¿Qué hice mal? ¿Por qué reacciona así?’.

Después de meses de vueltas por consultorios, llegó el diagnóstico de TDAH. Y con él, una palabra que cambió todo: misofonía. No es que mi hijo fuera ‘malo’ o ‘maleducado’. Su cerebro procesa ciertos sonidos —el chasquido al masticar, el zumbido de la licuadora, el tic-tac del reloj— como una amenaza. Una agresión sonora que lo desregula por completo. Y yo, como papá, cargaba con la culpa de no haberlo entendido antes.

Hoy quiero hablarte de esto sin vueltas. Porque si estás leyendo y sentís que tu hijo o hija ‘explota’ por ruidos que a vos te parecen normales, no estás solo. Y no, no es que lo hayas criado mal.

¿Qué es la misofonía y por qué aparece en el TDAH?

La misofonía —literalmente ‘odio al sonido’— no es un simple ‘no me gusta el ruido’. Es una respuesta fisiológica y emocional intensa ante sonidos específicos, generalmente repetitivos y de baja frecuencia. Masticar, respirar fuerte, teclear, el golpeteo de un lápiz. En niños con TDAH, esta sensibilidad se potencia porque su sistema nervioso ya trabaja al límite, filtrando menos estímulos que el de un neurotípico.

Un dato que me marcó: según un metaanálisis publicado en Pediatría Integral (fuente aquí), la prevalencia global de TDAH en niños y adolescentes es del 7,6%. En Argentina no tenemos estadísticas nacionales actualizadas, pero si aplicamos ese porcentaje, estaríamos hablando de cientos de miles de pibes. Y dentro de ese grupo, un porcentaje significativo convive con la misofonía. No es un cuadro raro: es parte del combo que no viene en el manual.

¿Qué pasa en el cerebro? Cuando un chico con misofonía escucha el ‘sonido gatillo’, su amígdala —el centro de la alerta— se activa como si hubiera un peligro real. No es que ‘se haga el drama’. Su cuerpo está en modo lucha o huida. Y si no tiene herramientas para regularse, la respuesta puede ser agresiva: pegar, romper cosas, gritar. No es contra vos. Es contra el ruido que su cerebro no puede callar.

La guía práctica: 5 pasos que a mí me ayudaron

Esto no es una receta mágica. Cada pibe es un mundo. Pero después de muchos mates amargos y audios de WhatsApp con El Turco —ese papá veterano que me salvó las noches—, armé una brújula que hoy comparto con vos.

1. Validá, no minimices

Cuando tu hijo te dice ‘ese ruido me molesta’, no le digas ‘no es para tanto’ ni ‘dejá de exagerar’. Su experiencia es real. Decile: ‘Te creo. Ese sonido te está molestando mucho. Vamos a ver qué podemos hacer’. La validación baja la activación. Lo aprendí a las malas.

2. Identificá los sonidos gatillo

Hacé una lista con tu hijo. ¿La licuadora? ¿El taladro? ¿La respiración de alguien? ¿El perro lamiéndose? Anotalos. Una vez que sabés qué dispara la crisis, podés anticiparte. En mi casa, cuando voy a picar algo, le aviso: ‘Papi va a hacer ruido con el cuchillo. ¿Querés ponerte los auriculares?’.

3. Auriculares con cancelación de ruido: un salvavidas

No es caro comprar unos básicos. En Argentina, un par de auriculares con cancelación pasiva puede conseguirse desde $15.000 ARS (orientativo). No necesitás los más profesionales. Que el pibe los tenga a mano para cuando sienta que el mundo sonoro lo desborda. En mi casa hay un par colgado en la percha de la entrada, como si fueran las llaves.

4. Creá un ‘rincón de calma’

Un lugar de la casa donde no haya ruidos molestos. Puede ser un sillón con una manta, un sector del living con almohadones. Que el chico sepa que puede ir ahí cuando sienta que los sonidos lo superan. Sin preguntas, sin juicio. ‘Andá a tu rincón, yo te espero acá’.

5. Hablalo con la escuela

Si en el aula hay un compañero que mastica fuerte o un ventilador que hace ruido, el pibe puede desregularse. Pedí una reunión con la maestra y explicá la situación. No necesitás un certificado médico para pedir que lo sienten lejos de fuentes de ruido o que le permitan usar auriculares en momentos puntuales. La inclusión empieza por ahí.

Preguntas que me llegan siempre

¿La misofonía tiene cura?

No es una enfermedad, así que no se ‘cura’. Se aborda. Con terapia ocupacional, técnicas de regulación sensorial y, en algunos casos, apoyo psicológico. Lo importante es entender que no es algo que se ‘le va a pasar’ con retos o castigos. Se transita, se acompaña.

¿Es lo mismo que ser sensible al ruido?

No exactamente. La hipersensibilidad auditiva es un paraguas más amplio. La misofonía es específica: sonidos repetitivos, generalmente hechos por personas (masticar, respirar, tipear). No es que ‘todo les moleste’, sino que hay sonidos concretos que les generan una respuesta visceral.

¿Puede aparecer también en chicos sin TDAH?

Sí. La misofonía puede presentarse sola o asociada a otras condiciones como el trastorno del procesamiento sensorial, el autismo o la ansiedad. Pero en el TDAH es particularmente frecuente porque el cerebro ya tiene dificultades para filtrar estímulos.

¿Qué hago si mi hijo se pone agresivo?

Primero, asegurate de que no haya peligro físico para él ni para otros. Después, no lo enfrentes ni le pidas explicaciones en el momento. Esperá a que pase la tormenta. Cuando se calme, hablen. Y si las crisis son frecuentes o intensas, consultá con un profesional de la salud mental. No estás solo en esto.

¿Los auriculares no lo van a aislar socialmente?

Es una preocupación válida. Pero pensalo así: si tu hijo tuviera alergia al polen, no lo llevarías a un campo lleno de flores. La misofonía es una alergia sonora. Los auriculares son su ‘antihistamínico’. Con el tiempo, aprende a usarlos cuando los necesita, no todo el día. Y los amigos que valen la pena entienden.

No estás solo

Guardo en la heladera un dibujo que mi hijo me hizo después de una de esas crisis. Es un monstruo verde con muchas orejas y un cartel que dice: ‘Papi, el ruido me duele’. Ese dibujo me recuerda todos los días que no es contra mí. Que su cerebro funciona distinto. Y que mi trabajo no es ‘arreglarlo’, sino acompañarlo.

Respirá, papá, mamá: esto se transita. No estás roto, y tu hijo tampoco. Hoy alcanza con lo que pudiste. Si esta nota te sirvió, compartila. Ojalá llegue a esa familia que hoy está en la cocina, sin entender por qué su hijo explota cuando pican cebolla.

Martín Ledesma, papá, marplatense, divulgador desde la trinchera.

Este contenido es informativo y no reemplaza la consulta médica. El TDAH y la misofonía los diagnostica y trata un profesional de la salud. Ante cualquier duda, consultá a tu médico o terapeuta de confianza.

Martín Ledesma
Escrito por Martín Ledesma

Papá de un hijo con TDAH. Cuento la trinchera emocional de la familia, desde el amor y sin careta. Voz editorial de TDAH Familias, con asistencia de IA. Contenido informativo, no reemplaza la consulta profesional.

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