Me acuerdo de Tomás, un pibe de 8 años que llegó a mi consultorio con los brazos cruzados y la mirada en el piso. La mamá me dijo: ‘No quiere volver al dentista. La vez pasada se trepó al sillón, pataleó, y la odontóloga nos dijo que no podía atenderlo más’. Tomás no es ‘maleducado’. Tomás tiene TDAH y una sensibilidad sensorial que convierte una revisión de rutina en una experiencia de guerra.
Yo misma, cuando era chica, odiaba el ruido del taladro del dentista. Me tapaba los oídos y apretaba los dientes. Pero para un pibe con TDAH, esa experiencia se multiplica por diez: las luces blancas que encandilan, el olor a antiséptico, el roce del guante de látex, el zumbido constante. No es ‘capricho’. Es su sistema nervioso diciendo ‘esto es demasiado’.
Y ahora que en Argentina tenemos el Primer Consenso Argentino sobre manejo del TDAH en adultos (publicado en la Revista Vertex, acá la fuente), que empieza a ponerle fichas a un diagnóstico que históricamente se ignoró en adultos, yo quiero hablar de algo más cotidiano: cómo hacemos para que una visita al médico o al dentista no termine en llanto, portazo y culpa de los padres.
¿Por qué el consultorio es un infierno sensorial para ellos?
Fijate esto: un chico con TDAH ya de por sí tiene dificultades para filtrar estímulos. El cerebro no sabe qué es importante y qué no. Entonces, cuando entra a un consultorio, no escucha solo la voz del médico. Escucha el aire acondicionado, el tic tac del reloj, el murmullo de la sala de espera, el ruido del carrito de los instrumentos, la luz del foco que parpadea. Todo al mismo volumen. Todo urgente.
Y si encima hay ansiedad anticipatoria —’me van a doler’, ‘me van a pinchar’—, el cuerpo se prepara para pelear o huir. No es que no quiera portarse bien. Es que no puede.
Una cosa que aprendí con los años: antes de pedirle al chico que se calme, mirá qué podemos cambiar del entorno. Y eso aplica tanto en la escuela como en el consultorio.
5 pasos concretos para que la visita no sea una odisea
Esto no es teoría. Esto lo probé con familias de Córdoba, con pibes de 6 a 14 años, y funciona cuando se hace con tiempo. No esperes al día anterior.
1. La visita previa sin agenda
Llevá al chico al consultorio un día que no tenga turno. Que entre, mire el sillón, toque los instrumentos (los que se puedan tocar), se siente un rato. Que el lugar deje de ser desconocido. Una mamá me contó que su hijo de 7 años se subió al sillón, movió el apoyacabezas y dijo ‘es como una nave espacial’. Ese chico después se dejó hacer la revisión sin problema.
2. El tablerito visual de los pasos
Armá una secuencia con dibujos o fotos: entrar, sentarse, abrir la boca, el espejito, el cepillado, el premio. Que el chico sepa qué viene después. La incertidumbre es lo que más angustia. Si sabe que después del ‘espejito’ viene el ‘premio’, el cerebro se relaja un poco.
3. Anticipación sensorial: ruidos y luces
Buscá en YouTube el sonido del taladro del dentista. Ponelo en casa un par de días antes, bajito al principio, un poco más fuerte después. Que el chico se familiarice. Si usan audífonos con cancelación de ruido, llevalos. Si el foco del consultorio lo molesta, pedí que lo apaguen o que le pongan un antifaz liviano. No es ‘molestar al médico’. Es adaptar el entorno.
4. El ‘plan de escape’ acordado
Antes de entrar, hablá con el chico: ‘Si necesitás un descanso, levantás la mano y paramos un minuto’. Que sepa que tiene control. Que no está atrapado. Esto reduce la ansiedad de golpe. Y hablalo con el profesional antes: ‘Mirá, mi hijo tiene TDAH, si levanta la mano necesitamos parar’. Un buen profesional lo entiende.
5. Refuerzo inmediato y concreto
No prometas un premio ‘para cuando termine el mes’. El refuerzo tiene que ser inmediato: una figurita, un sticker, 10 minutos de dibujo, elegir la merienda. El cerebro con TDAH necesita recompensas rápidas. ‘Si te dejás mirar los dientes, cuando salimos compramos un helado’ funciona mejor que ‘si te portás bien todo el año’.
Preguntas que me hacen siempre las familias
¿Y si el chico ya tuvo una mala experiencia? ¿Cómo se vuelve?
Con paciencia y sin apuro. No lo lleves al mismo consultorio si fue muy traumático. Buscá un odontopediatra que trabaje con chicos con necesidades especiales. Hacé una visita solo para saludar, sin abrir la boca. Reconstruir la confianza lleva tiempo, pero se puede.
¿Sirve darle un ansiolítico antes?
Eso lo tiene que indicar un médico, nunca lo hagas por tu cuenta. Algunos profesionales recetan una dosis suave para casos muy complejos, pero no es la primera opción. Antes probá con las estrategias sensoriales y de anticipación.
Mi hija tiene 12 años y se niega a ir al ginecólogo. ¿Es lo mismo?
En parte sí. La invasión del cuerpo, la vulnerabilidad, el no saber qué va a pasar. Sumale la vergüenza de la adolescencia. Usá la misma lógica: anticipación, visita previa, explicar cada paso, y que ella pueda decir ‘pará’ en cualquier momento. Buscá una profesional que entienda de neurodivergencia.
¿Y si el médico no quiere adaptarse? ¿Cambio de médico?
Sí. No tenés por qué pelear con un profesional que no entiende de TDAH. Hay odontólogos y médicos que trabajan con chicos con autismo, con TDAH, con ansiedad. Preguntá antes. Un buen profesional no se ofende si le pedís apagar el foco o poner música tranquila.
¿A los adultos con TDAH también les pasa esto?
Claro que sí. El Primer Consenso Argentino justamente habla de que el TDAH en adultos es subdiagnosticado. Muchos adultos evitan el dentista o el médico por la misma sobrecarga sensorial. Las estrategias son las mismas: anticipar, pedir adaptaciones, llevar auriculares, ir acompañado.
Una herramienta para hoy
Esta semana, antes del próximo turno médico o dental, sentate con tu hijo o hija y armá juntos un ‘mapa del consultorio’. Dibujen el sillón, la puerta, la ventana, el lugar donde va a estar el médico. Marcá con colores los pasos: entrada (verde), revisión (amarillo), si duele un poco (naranja), descanso (azul), salida y premio (verde otra vez). Que el chico decida dónde va a estar el premio en el mapa.
Ese mapa no es un dibujo. Es un contrato de confianza. Le dice: ‘esto va a pasar, vos sabés qué viene, y si algo se complica, tenemos una salida’.
Bajemos un cambio y vamos por partes. Una cosa a la vez, que alcanza.
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Ana Belén Rossi, psicopedagoga cordobesa. Este contenido es informativo y no reemplaza la consulta médica. El TDAH lo diagnostica y trata un profesional de la salud. Ante cualquier duda, consultá a tu médico o neurólogo.
