Por Ana Belén Rossi, psicopedagoga cordobesa
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Lo que aprendí mirando distinto
Me acuerdo de Tomás, un nene de 7 años que llegó al consultorio con un diagnóstico de “trastorno del lenguaje” y una mochila llena de frustraciones. La mamá me contaba que repetía frases enteras de dibujitos, que en la escuela lo retaban por “no prestar atención” y que los compañeros se burlaban. “No habla, solo repite”, me dijo.
Yo me senté en el piso con él. Tomás tenía un autito rojo. Lo hacía rodar de un lado a otro mientras murmuraba: “Aquí viene el camión de la basura, aquí viene el camión de la basura”. Era la misma frase, una y otra vez. No me miraba, pero cuando yo agarré otro autito y dije “y acá viene el auto de los bomberos”, él levantó la cabeza. Sonrió. Y siguió el juego.
Ese día entendí algo que la seño Marta, mi maestra de tercer grado, ya sabía: la repetición no es un error, es un puente. Tomás no estaba “mal”. Estaba tratando de comunicarse como podía, y yo tenía que aprender su idioma antes de pedirle que hablara el mío.
La seño Marta, que ya no está, me dejó una carpeta llena de fichas de alumnos “difíciles” que ella veía brillantes. En cada una había una nota: “No se queda quieto, pero dibuja con una precisión que asombra”. “Repite las preguntas, pero después te da respuestas que nadie más pensó”. Ella me enseñó a mirar distinto. Y cuando dudo, releo esas fichas y me pregunto: ¿qué habría visto ella?
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La pregunta que todos se hacen
¿Por qué mi hijo repite frases todo el tiempo?
La ecolalia —que es el nombre técnico de repetir palabras o frases— aparece mucho en chicos dentro del espectro autista, pero también en otros perfiles. No es “maña” ni “falta de atención”. Es una forma de procesar el mundo.
Fijate: cuando un chico repite una frase de una película, no está “desconectado”. Está agarrando un ladrillo conocido para construir su propio lenguaje. La repetición le da seguridad. Es como cuando vos tarareás una canción que te calma: él repite lo que ya conoce porque el mundo es ruidoso y confuso.
¿Y para qué le sirve?
Para varias cosas:
- Regularse: cuando está ansioso, repetir lo tranquiliza.
- Comunicarse: a veces no encuentra las palabras propias, pero sí las prestadas.
- Procesar: necesita escuchar la frase varias veces para entenderla.
- Jugar: la repetición puede ser su manera de invitarte a participar.
Acá va una advertencia honesta que no viene en los folletos: no toda ecolalia hay que “corregirla”. A veces, lo mejor que podés hacer es sumarte. Otras, sí, hay que guiarla. Pero el reto fácil de “dejá de repetir eso” no sirve. Solo lo deja más solo.
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5 pasos para acompañar la ecolalia en casa y en la escuela
1. Observá antes de intervenir
Antes de decirle “no repitas”, preguntate: ¿está ansioso? ¿está contento? ¿está tratando de decirme algo? Tomate un minuto para mirar. La seño Marta decía: “El que no encaja en el molde, capaz que el molde está mal”. A veces el problema no es que repita, sino que nosotros no entendemos para qué.
Tip concreto: llevá un cuaderno chiquito y anotá tres veces al día: qué repitió, en qué momento, cómo estaba. En una semana vas a ver patrones.
2. Sumate al juego, no lo cortes
Si tu hijo repite “Bob Esponja, Bob Esponja”, no le digas “hablá bien”. Decile “¡Sí! Bob Esponja. ¿Y qué está haciendo Bob Esponja hoy?”. Usá su repetición como trampolín. Si él dice una frase, vos respondé como si fuera un diálogo. Así le mostrás que lo escuchás.
Tip concreto: si repite una escena de una peli, actuá el otro personaje. Convertilo en un juego de roles. Se va a reír y va a aprender sin darse cuenta.
3. Ofrecé alternativas, no prohibiciones
En vez de “no digas eso”, decí “podés decir esto otro”. Por ejemplo, si repite “quiero agua, quiero agua, quiero agua” de una propaganda, mostrale una tarjeta con un vaso y decí “agua, por favor”. La repetición no se elimina, se transforma.
Tip concreto: armá un tablerito visual con imágenes de cosas que pide seguido. Cuando empiece a repetir, señalá la imagen. Le das una herramienta nueva sin sacarle la que tiene.
4. Usá la repetición para enseñar
Si repite frases de dibujitos, aprovechá. Preguntale “¿y qué pasó después?”. Que te cuente la historia aunque sea con las mismas palabras. Eso es lenguaje, eso es comunicación. Después, cuando ya confíe, podés agregar una palabra nueva.
Tip concreto: elegí una frase corta de su programa favorito y usala como “contraseña” para algo lindo. Por ejemplo, si dice “listos, ya”, vos decí “¡a merendar!”. Asocia la repetición con algo positivo.
5. Ajustá el entorno, no al chico
Si en la escuela lo retan por repetir, hablá con la docente. Proponé que le den un espacio para repetir sin molestar: un rincón con auriculares, un momento del día donde pueda decir lo que necesite. Una cosa a la vez, que alcanza.
Tip concreto: en el aula, poné un “tiempo de ecolalia” de 5 minutos después del recreo. Que repita lo que quiera. Después, con un cartelito que diga “ahora escuchamos”, retomen la clase. El chico se regula y los demás aprenden a respetar.
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Preguntas de la gente
¿La ecolalia siempre es señal de autismo?
No. Aparece en chicos con TDAH, trastornos del lenguaje, ansiedad, y también en chicos neurotípicos en etapas de aprendizaje. Lo importante no es la etiqueta, sino entender qué función cumple. Si tenés dudas, consultá con un neurólogo o psicólogo. No saques conclusiones solo por esto.
Mi hijo repite frases de YouTube todo el día, ¿cómo lo freno?
No lo frenes de golpe. Primero, reducí el tiempo de pantalla (no más de una hora seguida). Después, cuando repita, intervení con una pregunta: ‘¿y qué más pasaba en ese video?’. Convertí la repetición en conversación. Si ves que no para ni para comer, consultá con un profesional.
¿Es malo repetir las preguntas que le hago?
No es malo, es una forma de procesar. Cuando repetís una pregunta, estás ganando tiempo para pensar. Si tu hijo hace eso, esperá unos segundos antes de repetirle vos. Dale espacio. A veces, si le das tiempo, responde solo.
En la escuela lo retan por repetir, ¿qué puedo hacer?
Pedí una reunión con la docente y llevá esta información. Proponé estrategias concretas: un rincón de regulación, un cartel de ‘tiempo de repetir’, o que le permitan usar auriculares. Si la escuela no se adapta, buscá una que entienda de neurodiversidad. El chico no tiene que cambiar: el aula sí.
¿La ecolalia desaparece con el tiempo?
En algunos chicos sí, en otros no. No es algo que haya que ‘curar’. Lo que cambia es la función: de ser una herramienta de regulación, puede pasar a ser una forma de comunicación más flexible. El objetivo no es que deje de repetir, sino que pueda elegir cuándo y cómo hacerlo.
¿Cómo sé si la repetición es normal o hay que preocuparse?
Preocupate si la repetición le impide comunicarse, si no responde a su nombre, si no hace contacto visual, o si solo repite y nunca habla espontáneamente. En esos casos, consultá con un fonoaudiólogo o psicopedagogo. Pero si repite y también juega, mira, sonríe, estás ante un chico que está aprendiendo a su ritmo.
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Una herramienta para hoy
Esta semana, probá esto: el juego del eco.
Cuando tu hijo repita una frase, vos repetila también, pero cambiando el tono. Si él dice “el gato saltó”, vos decí “EL GATO SALTÓ” con voz de robot. Después “el gato saltó” con voz de susurro. Después “el gato saltó” cantando. Convertilo en un juego. Él va a empezar a imitar tus tonos, y sin darse cuenta, va a estar practicando variaciones del lenguaje.
No necesitás un diagnóstico para hacer esto. Solo ganas de jugar. Y de mirar distinto.
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Este contenido es informativo y no reemplaza la consulta médica. El TDAH y los trastornos del neurodesarrollo los diagnostica y trata un profesional (neurólogo, psiquiatra o psicólogo). Ante cualquier duda, consultá con tu médico de confianza.
Fuente consultada: Organización Mundial de la Salud (OMS) – Hoja informativa sobre salud mental adolescente (https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/adolescent-mental-health). Dato verificado: 2,7% de adolescentes de 10 a 14 años y 2,2% de 15 a 19 años tienen TDAH.
