Por Ana Belén Rossi, psicopedagoga especializada en TDAH
Me acuerdo de Lucas, un pibe de 22 años que llegó a mi consultorio después de haber dejado dos carreras. “Soy un vago”, me dijo antes de sentarse. La mamá, al lado, asentía con la cabeza gacha. Le pedí que me contara cómo estudiaba, qué pasaba en su cabeza cuando se sentaba frente a un texto. Me miró y me dijo: “Es como si tuviera diez radios encendidas al mismo tiempo y no pudiera apagar ninguna”.
No era vago. Era un pibe con TDAH no diagnosticado que había pasado toda su vida escolar escuchando “ponete las pilas”, “dejá de distraerte”, “si te esforzaras más…”. Cuando finalmente llegó el diagnóstico, lloró. No de tristeza: de alivio. Por primera vez alguien le decía que no estaba roto, que su cerebro funcionaba distinto.
Por eso cuando leí la Segunda Parte del Primer Consenso Argentino sobre el manejo del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad en adultos, publicada en la Revista Vertex de la Sociedad Argentina de Psiquiatría, sentí que algo importante estaba pasando. No es poca cosa que por primera vez especialistas argentinos unifiquen criterios para diagnosticar y tratar TDAH en adultos. Acá, históricamente, el TDAH se asoció solo a pibes inquietos en la primaria. Si llegabas a los 20 sin diagnóstico, te quedabas afuera.
¿Y si el problema no es el chico?
La pregunta que todos se hacen cuando un adulto recibe este diagnóstico es: “¿Y ahora qué hago con todo este tiempo perdido?”. Y la respuesta, aunque duela, es que no podemos recuperar los años de escuela donde nadie entendió qué pasaba. Pero podemos hacer algo con el presente.
El consenso argentino viene a ponerle nombre a algo que muchos adultos viven en silencio: dificultades para mantener un trabajo, relaciones que se rompen porque “nunca estás presente”, una sensación constante de estar corriendo detrás del bondi y nunca alcanzarlo. No es falta de voluntad. Es un cerebro que procesa distinto.
Una advertencia honesta que no viene en los folletos: el diagnóstico no es una varita mágica. No te va a resolver la vida. Lo que sí hace es darte un mapa. Y con mapa, aunque el camino sea difícil, al menos sabés para dónde ir.
Tres pasos concretos para hoy
Si sos adulto y sospechás que tenés TDAH, o si tenés un hijo o alumno que no encaja, fijate esto:
1. Buscá un profesional que sepa del tema. No cualquier neurólogo o psiquiatra está formado en TDAH en adultos. Preguntale directamente si conoce el Consenso Argentino. Si no sabe de qué le hablás, buscá otro.
2. Empezá por el entorno, no por la medicación. Antes de pensar en pastillas, mirá qué podés cambiar. ¿Tu escritorio está lleno de cosas que te distraen? ¿Tenés el celular al lado mientras trabajás? Una cosa a la vez, que alcanza.
3. Anotá todo. No confíes en tu memoria. Usá un cuaderno, una app, lo que sea. La gente con TDAH no tiene mala memoria: tiene memoria selectiva. Si no te interesa, no lo registrás. No es vicio, es biología.
Preguntas que la gente se hace
¿El TDAH en adultos se puede diagnosticar con un análisis de sangre?
No. No existe un marcador biológico único. El diagnóstico es clínico: lo hace un profesional a partir de entrevistas, escalas y la historia de vida. El Consenso Argentino justamente unifica criterios para que no dependa de la opinión de cada médico.
¿Es lo mismo TDAH que déficit de atención?
No exactamente. El TDAH incluye déficit de atención, pero también puede incluir hiperactividad e impulsividad. En adultos, la hiperactividad suele ser más interna: una mente que no para, sensación de urgencia constante, dificultad para relajarse.
¿Se puede tener TDAH y no ser hiperactivo?
Sí, es el subtipo inatento. Antes se llamaba ADD. Son esas personas que parecen estar en la luna, que pierden todo, que se olvidan de las fechas. No se mueven, pero su cabeza está en otro lado.
¿El TDAH se cura?
No se cura, se trata. Como la miopía: no te va a pasar usando anteojos, pero los anteojos te permiten ver. El tratamiento (que puede incluir medicación, terapia, estrategias) te da herramientas para funcionar mejor.
¿Es verdad que el TDAH es un invento de la industria farmacéutica?
No. Es un trastorno del neurodesarrollo reconocido por la OMS y todas las sociedades científicas del mundo. Otra cosa es que a veces se sobremedique o se diagnostique mal. Pero negar su existencia es como negar la diabetes: no ayuda a quienes la padecen.
Una herramienta para hoy
Esta semana, si tenés un pibe o un adulto con TDAH cerca, probá esto: poné un timer de 25 minutos. Decile: “Trabajamos esto hasta que suene, después parás 5 minutos”. Nada más. No le pidas que se concentre dos horas. El TDAH no funciona así. Bajemos un cambio y vamos por partes.
El Consenso Argentino es un paso enorme. Pero el paso más importante lo das vos cuando dejás de decir “es un vago” y empezás a preguntarte: “¿Y si el problema no es el chico?”.
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Este contenido es informativo y no reemplaza la consulta médica. El TDAH lo diagnostica y trata un profesional de la salud (neurólogo, psiquiatra o psicólogo). Ante cualquier duda, consultá a tu médico.
